Tras una ignota temporada de autoedición, la cantante y compositora folk Courtney Marie Andrews emergió por fin a la luz con su primer disco para Fat Possum, “Honest Life” (2016), al que siguieron el aún superior “May Your Kindness Remain” (2018), retrato coral de la América olvidada; el sobrecogedor disco de ruptura “Old Flowers” (2020), y un luminoso “Loose Future” (2022) en el que salía de sus inercias sónicas del brazo del productor Sam Evian.
A esta reivindicable discografía reciente se suma ahora el excelente “Valentine”, compuesto por Andrews durante una época en la que cuidó de un familiar en fase terminal y sufrió las ambigüedades de una relación complicada. Es un disco cargado de dolor, pero también de la fuerza de la resiliencia, como refleja ese sonido bello y elegante elaborado mano a mano con el productor Jerry Bernhardt (guitarra acústica de doce cuerdas, bajo, sintetizador Juno 60 y melotrón) y el batería Chris Bear, de Grizzly Bear, que ya aportaba un nuevo pulso al citado “Loose Future”.
El emotivo viaje arranca con “Pendulum Swing”, medio tiempo medio sixties sobre aceptar la vida en sus luces y sombras: “Si consigo lo que quiero / debo dejar que el péndulo oscile / las cosas no pueden ser buenas mucho tiempo”. En cierto modo, es como si Andrews quisiera quitarse culpa por el fin del romance, restarse responsabilidad y así evitarse las dudas sobre sí misma. En la casi uptempo “Keeper” hace muchas preguntas a su objeto amoroso (“¿Me llevarías a casa de tu madre? / ¿Querrías que hiciera la cena?”) antes de postularse en el estribillo como alguien que vale la pena: “Lo mantengo todo unido hasta que se desmorona”.
La zozobra sentimental se extiende a “Little Picture Of A Butterfly”, canción sobre los poderes extraños de la limerencia, ese estado de obsesión romántica intensa que trasciende el mero enamoramiento y que encuentra acicates para la acción en cualquier gesto intrascendente. Según ha explicado Andrews, ese momento de empoderamiento está representado en el tema por la gran entrada de la banda. También hay dolor, un dolor antiguo, una carencia infantil, pero mezclada con entereza adulta, en la delicada “Best Friend” o una “Outsider” que parece confirmar un nuevo interés por ABBA en el pop alternativo actual.
Para que el disco no sea pura amargura, Andrews incluye en el repertorio al menos dos temas calificables como inspiradores. Está “Magic Touch”, canción de amor sin ambages. Y, sobre todo, está el corte quizá cumbre del álbum, “Cons And Clowns”, algo así como su particular “Don’t Let The Bastards (Get You Down)”, una llamada a no dejarse avasallar por los peores energúmenos y a ser tu yo más salvaje y propio siempre que quieras. “Mucha gente mala te querrá tirar abajo / No yo, de ninguna manera”, canta en un gran estribillo marcado por su característico vibrato.
En su reciente entrevista con ‘The Creative Independent’, Andrews recomendaba la práctica de leer un poema antes de irse a la cama. Desde aquí animamos a que sea uno de la propia artista: el pasado verano publicó en Simon & Schuster la colección “Love Is A Dog That Bites When It’s Scared” (“El amor es un perro que muerde cuando tiene miedo”), que ya desde el título hace buen combo con el disco que acabamos de comentar. ∎