Reedición

$DVORE

$DVOREUrpa i Musell, 2026

El tiempo no siempre pone las cosas en su sitio, pero sirve para redescubrir aquello que escapó a nuestro a veces tan limitado radar. Corría 2015 y un músico llamado Dani Cardevore, que entonces militaba en el grupo barcelonés de pop oscuro, aceitoso y ambiental Ojos Sin Rostro –acababan de publicar “Aquí el tiempo se convierte en espacio” (2014)–, editó en el sello barcelonés San José Tapes una casete con tiraje de cincuenta copias titulado “$DVORE”, que es el nombre artístico que utilizaría en ese momento. Otro de los miembros de Ojos Sin Rostro, Cristian de Sucre, que participaría con Cardevore en el colectivo interdisciplinar Detakon, colaboró en el diseño y la parte fotográfica de la edición de aquella cinta que acaba de devolver a la luz Urpa i Musell en formato vinilo (300 copias, con código digital incluido); este sello ya ofreció el año pasado otro notorio rescate arqueológico con el “Àlbum” de Joan Saura.

La casete original tenía diez canciones. El vinilo actual tiene once. No se corresponden todos los títulos entre uno y otro formato. Uno de la cinta de 2015, “Viu (Fes el que vulguis)”, se divide en el disco de 2026 en dos complementarios, el vitalista “Viu” y la ensoñación ruidista a lo Suicide “Fes el que vulguis”. El artefacto es inclasificable. Por no salir de la referencialidad catalana, podrían detectarse toques o ligeras similitudes con Albert Pla, Adrià Puntí, Pau Riba o Jaume Sisa, por la creación de un universo narrativo propio aunque en un registro sonoro bien distinto al de aquellos. Solo es por situar un poco, porque $DVORE va por libre en cada uno de los cortes de esta operación alquímica de electropop desgarbado y conjuntado, o pop fabulador por un lado y electrónica sinuosa por el otro. En las notas promocionales del disco se habla de una especie de karaoke con Albert Pla, Ray Heredia, Héctor Lavoe y Juanma Suárez de Eskorbuto, y como la descripción es bastante correcta, podemos añadir a la ecuación de “$DVORE” el punk, el bolero y el nuevo flamenco. Todo compuesto, descompuesto y recompuesto, como hace el autor con la música cinematográfica en “L’homenatge al Bernard Herrmann”, que, además de homenajear al compositor de “Vértigo” (Alfred Hitchcock, 1958), deconstruye a su manera toda una tradición de música hollywoodense clásica de los cuarenta y cincuenta.

Melodías bruscas a la vez que contagiosas (“El Lagarto y la Lagarta”), sonidos ensuciados, registro lo-fi, arreglos trash; no en vano uno de sus temas lleva como título “Trashpreciosismo”, toda una declaración de principios. Voces que cantan y narran desdoblándose y anunciando esa nueva era en la que “es pot fer el que vulguis” o que, ahora en castellano, se refieren a los demonios que salen a la luz en “Capasidad de amor infinita”. Cabaré más surreal que galáctico en la canción “En verdad”, no incluida en la casete. Belleza glacial y entonación con una desgana casi lasciva en otro corte inédito –o presentado con un distinto título–, “Caure”, ejemplo de crooner viviendo en una noche que no acaba nunca. ∎

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