La geología es la ciencia de lo inerte, esa que estudia la naturaleza en su forma no viva, aunque muchas de esas materias lo hayan estado alguna vez. Aun así, es una de las disciplinas que mejor permiten leer el tiempo. Las rocas concentran procesos que hacen visible el pasado y permiten anticipar comportamientos futuros. No hay magia en ello, sino una capacidad humana concreta: extraer sentido de la materia. Cuando excavamos minerales o metales no solo obtenemos recursos, también proyectamos sobre ellos una idea de progreso, de identidad y de propósito. La materia devuelve una historia, aunque esa historia la escribamos nosotros.
Con la música ocurre algo comparable. También trabaja con una materia inerte: el sonido no tiene voluntad, conciencia ni intención. No piensa ni actúa, pero ocupa un lugar central en la experiencia humana y se percibe, paradójicamente, como algo vivo. Quizá porque conserva también algunas huellas: del cuerpo que lo produce, de la técnica que lo fija, del tiempo que lo atraviesa. Componer o producir música implica un gesto próximo a la excavación: insistir sobre un material, retirar capas, reorganizar restos hasta que una forma se vuelve legible. Pierre Schaeffer llamó objet sonore a esa unidad acústica despojada de función expresiva o narrativa: ni melodía ni mensaje, sino sonido entendido como cosa. Desde ahí puede leerse “Can I Get A Pack Of Camel Lights?”, primer álbum plenamente solista de Geologist (Brian Weitz): no como colección de canciones, sino como trabajo material sobre el sonido como ese objeto no necesariamente estético pero igualmente vinculado a la historia de la humanidad.
Ese enfoque no es nuevo en su trayectoria. Dentro de Animal Collective, Weitz nunca ocupó el lugar del compositor central ni del intérprete visible. Su papel ha sido organizar el espacio donde la música ocurre: samples, ruidos ambientales, capas electrónicas y desplazamientos en el estéreo que alteran la percepción del tiempo y del cuerpo oyente. En discos como “Strawberry Jam” (2007) o “Centipede Hz” (2012), su aportación transforma estructuras relativamente simples en superficies densas, donde la escucha deja de ser lineal y se vuelve más cercana a la física. No escribe canciones: más bien modula condiciones, y en “Can I Get A Pack Of Camel Lights?” esa lógica se independiza del formato banda. El eje instrumental es el hurdy-gurdy (zanfoña), instrumento medievalista de drone continuo cuyo interés no está en la melodía, sino en la fricción casi mecánica: una vibración constante como si una guitarra y un violín tuviesen un fuelle infinito. Sin embargo, Weitz lo adopta no como gesto historicista, sino como herramienta coherente con una tradición que va de La Monte Young a Tony Conrad donde el drone funciona como algo alejado del RTMT (arty and empty) para ser simplemente arty.
Así, el hurdy-gurdy funciona como motor rítmico, melódico y armónico del disco. También se aplica como lamento distorsionado o como masa ambiental, moviéndose entre psicodelia, krautrock, raga hindú, free jazz, folk ritual, electrónica analógica y ciertos catálogos de SST o Drag City cuando el rock aún podía funcionar como investigación formal. Sin embargo, usar la zanfoña puede entenderse, asimismo, como un trabajo geológico. El drone no es un descubrimiento moderno ni mucho menos, pese a su creciente asociación, tecnológico: existía antes de la grabación, antes de la amplificación y antes incluso de la idea contemporánea de vanguardia. La zanfoña demuestra que no hacen falta dispositivos complejos para producir una música radical; basta con llevar un principio sonoro hasta sus últimas consecuencias.
Las piezas (sería algo osado llamarlas canciones) del disco establecen campos sonoros estables sometidos a variaciones mínimas: distorsión, entrada discreta de cierta percusión, cambios de densidad y poco más. Temas como “RV Envy” o “Compact Mirror/Last Names” insisten hasta volver perceptible la materia misma del sonido. “Government Job”, no obstante, introduce un contraste antidenso a través de la guitarra acústica y una batería con un ritmo más canónico. Las colaboraciones puntuales (Avey Tare al bajo, Merrick Weitz a la guitarra) no reintroducen una lógica colectiva ni diluyen el control autoral del proyecto: se integran como capas sonoras específicas dentro de un sistema ya cerrado.
Además de un disco de Geologist, “Can I Get A Pack Of Camel Lights?” ayuda a aclarar la lógica interna de Animal Collective. Weitz no persigue la novedad ni la expresión personal, sino una relación sostenida con el sonido como objeto. La innovación aquí no depende del avance técnico, sino de la insistencia: de excavar lo suficiente hasta dar con algún descubrimiento que también explique, en parte, quiénes somos nosotros. Es el trabajo de una persona a la que le gusta estudiar, y que no necesariamente vio en ello la finalidad de sacar un disco. En definitiva: música de friquis. ∎