Por encima de la discutible maniobra comercial de camuflaje (¿realmente pensaba esta gente que nadie se iba a acordar de los Archies?), el que en realidad es el proyecto paralelo de Damon Albarn con la estimable ayuda de Dan The Automator y unos cuantos invitados no hace sino mostrar unas líneas de continuidad bastante coherentes con respecto a los dos últimos álbumes de Blur. Aunque ahora haya sustituido a Dave, Alex y Graham por otros compañeros de reparto, la voz de Damon es demasiado característica para pretender que todo esto caiga en un anonimato que, además, sería contraproducente tanto a nivel mercantil como de presencia. Volvemos, pues, a “Blur” (1997) y “13” (1999), y nos encontramos con un paso más hacia delante en su peculiar culto al caos.
Gorillaz es un crisol que recicla algunos de los sonidos imperantes entre la polución cultural y el olor a fritanga de Camden y Notting Hill: lo-fi bailable (“Re-Hash”, “M1 A1”), groove inteligente con ventanas al hip hop (“Clint Eastwood”), ritmos cool (“Tomorrow Comes Today”) e incluso una imprevisible fusión entre son cubano y ritmos bastardos del siglo XXI cantada por Ibrahim Ferrer (“Latin Simone”). Todo en pequeñas pinceladas (o, más bien, grafitis) y con ese tono albarniano tan perezoso, tan como si esto le hubiese salido sin querer. Como si el espíritu de los tiempos consistiese en hacerte creer que te están tomando el pelo. ∎