Tuneado como un replicante, regresa el enorme –también de estatura: mide 193 cm– Joe Jackson con 71 años y su vigésimo segundo álbum en estudio. Un disco rebosante de las señas de identidad que han marcado a este compositor, cantante, teclista y saxofonista inglés que comenzó subido a la cresta de la new wave británica a finales de los setenta sin tardar en diversificarse con la introducción de elementos de jazz, funk, música latina y clásica –estudió composición en la Royal Academy of Music de Londres con una beca– ni dejar de sacar discos con regularidad hasta el día de hoy. “Hope And Fury” se encuadra en ese punto donde pop-rock y latin jazz encuentran un raro equilibrio sustentado como siempre en la vis escénica, letras sardónicas, grandes melodías y potente musicalidad de un JJ ajeno a las modas.
En “I’m Not Sorry” sentencia: “Hola mundo cruel, como no pienso irme podría ser el momento de decir lo que pienso, por cada maldita ballena que no salvé, por cada pequeña novedad que no seguí, por cada idiota al que no le gustó mi careto, por cada bandera que elegí no ondear, por todas las lágrimas de cocodrilo que me negué a llorar…”. Justo antes, “Welcome To Burning-By-Sea” inaugura el pH ácido de “Hope And Fury” enfilando su proa a la Babilonia posindustrial, disfuncional y en llamas –la portada del álbum también lo ilustra– en la que, según él, se ha convertido su tierra natal. Lo hace sin perder ese humor inglés que sabe tomar distancia y lo expresa con influencias latinas, como las del joven percusionista de Brooklyn Paulo Stagnaro, aquí presente.
Otros temas como “Fabulous People” se acercan más al estilista vitriólico de la new wave: “¿Puedo ser una de esas personas fabulosas? ¿Siempre divertido, nunca medroso? Traté de ser yo mismo pero a nadie le importó”. El protagonista aquí es un heterosexual llamado Billy que pretende ganar reconocimiento social en un imaginario mundo gay como el de “Sodom-on-Sea”, localismo antiguo referente a los bajos fondos de Coney Island. Pianos acústicos, eléctricos, vibráfonos y carrillones remiten a lo mejor del repertorio sonoro de Jackson –“Steppin’ Out”, 1982– con la idea sediciosa de que la identidad sexual no debería ser el pasaporte de nadie. A Joe no le importa que lo cancelen.
La voz de Elvis Costello, con quien siempre se le ha comparado, pero también la de Paddy McAloon (Prefab Sprout) o Andy Partridge (XTC), encajarían perfectamente en la fatalista “Mad God Laugh”. Pero no, es la de Joe Jackson riéndose y poniéndose filosófico otra vez. Algo similar sucede con la bailable “Do Do Do”, donde el artista arremete contra la hiperconexión: “Mi, mi, mi, es todo lo que escucho, hay gente con miedo a no ser vistos ni oídos”. No deja de ser irónico que lo diga un cantante de pop. Entre Steely Dan y Hall & Oates, “After All This Time” se pone más personal y reconciliador. Con su guitarra prog y un torrencial latin piano –recordemos el gran pianista que es JJ–, “The Face” critica las actitudes gregarias y polarizadoras. “End Of The Pier” habla de una familia de clase trabajadora que escucha el music hall de Marie Lloyd –un género en el que Jackson se siente cómodo, como demuestra su disco conceptual “What A Racket!” (2023)–, comparándola con otra pospandémica que dispone “del mundo entero en una pantalla”. El disco se despide dejando un buen sabor de boca con la otoñal “See You In September”, entre algo de Kurt Weill y un bolero a lo Nat King Cole.
“Hope And Fury” no aspira a descubrir nada nuevo más allá de su clasicista estructura narrativa, frescura y profundidad lírica variable mediada por ese prurito de outsider punk con bonitos zapatos de gamuza que Joe Jackson aún se resiste a perder. Habiéndolo demostrado todo, otro mérito es que no dude en volver a exponerse en la plaza pública. Pero lo hace con un disco sin rellenos, grabado entre Berlín y Nueva York, donde ha vuelto a contar con la brillante producción de Pat Dillett –Donald Fagen, Lounge Lizards, Joan As Police Woman, Sufjan Stevens, David Byrne & St. Vincent, entre muchos otros– o con su fiel bajista Graham Maby –enrolado nada menos que desde “Look Sharp!” (1979)–, situándose en las proximidades de lo mejor de su variada carrera junto a “Night And Day” (1982), “Big World” (1986), “Laughter & Lust” (1991) o el más reciente “Fool” (2019). ∎