Lo de King Gizzard And The Lizard Wizard es directo no son conciertos: son orgías. Desparrames. Regodeos. Chorreantes descargas de electricidad sin límites. Un exceso, a todas luces. Voraz y omnívoro. Maná bendito para sus seguidores, que empiezan a ser algo así como los deadheads (aquellos peregrinos irreductibles, fans de los Grateful Dead) del siglo XXI, pero también interminables tostones para quienes no comulguen con tal derroche de incontinencia. Su descontrol no se limita, claro, a la odisea de publicar veintisiete álbumes de estudio en trece años de carrera discográfica, sino que se extiende también a su oferta escénica: se cascaron cinco conciertos en el Primavera Sound de 2022 sin repetir una sola canción. Y han publicado la absoluta barbaridad de setenta y tres grabaciones en directo, disponibles a través de alguna de sus plataformas de streaming o RRSS. Uno de ellos, “Live At Red Rocks ’22” (2022), supera las ocho horas de duración: ochenta y seis cortes en doce vinilos. Lo que decíamos: un desbarre.
Me confieso incapaz (por una cuestión de tiempo, simplemente: harían falta varias vidas) para discernir hasta qué punto este directo, capturado en la noche del 24 de mayo de 2025 en el Poble Espanyol de Barcelona y comercializado por la discográfica gaditana Spinda Records (en realidad dieron tres conciertos consecutivos en el mismo recinto: todo un hito), revela aspectos no explorados en cualquiera de las anteriores grabaciones en vivo del combo australiano. En esencia, lo que sí se puede decir acerca de estas dos horas, recogidas en tres vinilos, es que concretan una torrencial exhibición de casi todo lo que son capaces de hacer. De hecho, son nueve los álbumes aquí representados. Mostrando algo así como los múltiples palos de la baraja de ese Gizzverso que aquí desvelan, con contumaz exuberancia y arrojo interpretativo, el sexteto integrado por Amby Kenny-Smith, Mickey Cavanagh, Cookie Craig, Joey Walker, Lukey Harwood y Stu Mackenzie.
Psicodelia, garage rock, stoner, desvíos metaleros, space rock, boogie peleón, rock progresivo, desvaríos improvisados y sus proverbiales exhibiciones microtonales, servidas en bandeja de plata con un sonido impoluto, tal y como merecen los despliegues en vivo de una banda que sí justifica sobradamente la existencia (quizá no en tal magnitud: ese sería otro debate) de sus discos en directo, por cómo reflejan ese arrollador magma sónico que redimensiona –de veras– todo lo que plasman en su (casi) inabordable discografía. ∎