Álbum

Kokoshca

Divino tesoroSonido Muchacho, 2026

Desde Sonido Muchacho venden el nuevo álbum de Kokoshca como una celebración de su trayectoria (¡bien!), pero también como una reinterpretación desde su madurez artística actual (¡peligro!). Me acerco a él desde un punto de vista metódico que no tienen por qué compartir todxs lxs oyentes: considero que el grupo ha crecido creativamente hasta su álbum homónimo de 2021, pero en “La juventud” (2024) lxs encontré un tanto más dispersxs y domesticxdxs. Desde su mismo título, “Divino tesoro” parece jugar a hacernos creer que intentan continuar con este mismo sonido y espíritu musical, pero, a la vez, juega a plantear una tensión entre lo que fueron en sus inicios y lo que ellxs son ahora. Al escucharlo, la conclusión me deja frío, un tanto decepcionado, y me agarro a dos ejemplos. “La fuerza”, aún su himno más emblemático, pierde precisamente todo eso a lo que alude el título. Al menos con respecto a la versión que grabaron para el 7” publicado por Elefant en 2012, no tanto si lo comparamos con la original incluida en el CD-R de título homónimo, el que sacó Birra y Perdiz en 2010. El otro es “Directo al corazón”, que pierde aquel punto callejero, tan en la onda de los mejores Burning, de aquel brillante hit que apareció en “Hay una luz” (Ayo Silver, 2013).

En resumen, lo que ha hecho la banda es regrabar once temas de los que publicaron entre 2008 y 2013. Esto es, su etapa anterior a Sonido Muchacho. Suenan más pulidos, limpios, prístinos y (moderadamente) más comerciales. También diría que dotados de mayor musicalidad, factor que se puede atribuir a la entrada como quinto miembro del grupo de Javi Betacam, quien se encarga de los arreglos y de tocar pianos y sintetizadores. Pero, como en un caso con el que encuentro bastantes analogías, el de “Desbarajuste piramidal”, de El Último de la Fila (2023), me parece un ejercicio creativo que a lo mejor les viene bien a ellxs mismxs pero me resulta innecesario para el público. O, por lo menos, para quienes aún adoramos la pulsión más lo-fi, urgente, ruda, oscura y ultraamateur de aquellas primeras grabaciones.

La apertura, con “Únete a Kokoshca”, es una actualización del tema “Kokoshca” –el primero de su primer álbum, de 2008– y cambia su energía hacia algo que, sabemos, gusta mucho a Iñaki López: que parezca la típica canción rapera de autopresentación, a la que añade un nuevo speech final (“¡2026, aquí lo tenéis!”) y unos saxos que la adulteran un poco más (juguemos también con la similitud entre ese término y la palabra “adultx”). Hay algo también en la textura sonora de “El búho” que le hace perder vigor y aquella sensación de peligro, aunque sus palabras puedan resonar ahora con aún más sentido que en su momento (Yo no soy underground / vuelo por encima de ti”). En cuanto a “Prefiero golpes”, preserva algo mejor el desaliño inquietante del original que grabaron para el Club del Single de Discos Walden en 2012, aunque lo atempera un poco también. Y tanto “Nena” como “Mi chica preferida” y “No volveré” (tan climática siempre en sus conciertos) me dejan un poco indiferente, sin aportar nada que me resulte reseñable más allá de la oportunidad de rencontrarnos con esas canciones.

Eso no quiere decir que todas las nuevas versiones sean fallidas. “El bosque” adquiere una nueva vida con una atmósfera dotada de más misterio, una rítmica muy lograda y una melodía final de sinte que recuerda a las de Ana Curra en Parálisis Permanente. Y me acordé de aquello que Ariadna Paniagua, de Los Punsetes, comentaba en la entrevista que hizo al grupo navarro en RDL en 2021: que no se solía hablar de lo románticas que son muchas de sus canciones. “Los domingos” pierde el aura velvetiana y un tanto perezosa en el estilo de cantar el tema original y se reconvierte en una balada electrónica cargada de emoción (estoy seguro, por otra parte, de que el grupo habrá hecho alguna broma cuando Alauda Ruiz de Azúa puso ese mismo título a su última película). En cuanto al tema de cierre, “Solo el amor podrá salvarnos”, parece tan bien pensado como el de inicio, sobre todo porque concluye con las palabras “Contigo estaré hasta el final”. Hay algo en él de deconstrucción de las girl groups de los años sesenta, a base de cuestionar el mismo carácter de las canciones de amor (“una mentira cantada puede convertirse en verdad”)y es un excelente cierre, en el que Amaia Tirapu se entrega maravillosamente en su forma de cantar. Aunque el fan friki pueda echar de menos la broma final que se incluía en el CD-R de 2010, con un homenaje a la banda sonora de “Los paraguas de Cherburgo” (Jaques Demy, 1964). Ojalá ese tipo de guiños ocultos –aquí lo hay: la portada remite a K Records– no se pierdan en los futuros trabajos de Kokoshca. ∎

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