Lenta, gradualmente, escabulléndose sigilosamente de los herméticos círculos elitistas a los que ha estado sometido el arte más conceptual, Laurie Anderson ha desarrollado en “Strange Angels” una conjugación aladina que le permite la perfecta fusión híbrida entre un pop sinceramente inteligente y una tecnología manual vanguardista, la limpia liberación de un capullo de orden recitativo en aras de un espléndido y denso canto alado, creando una música global donde cada ritmo respira dentro de un mágico universo armónico, reinventado y fresco, delicadamente hermoso y ácido, un tono ecléctico galáctico-tribal incuestionablemente elegante.
Instauradora del “humanismo tecnológico” y defensora a ultranza de la naturaleza armada de high-tech: “Me detuve en la Tienda del Cuerpo / le dije al tipo / Quiero que me instales un equipo FM estéreo en los dientes / y quítame este lunar que tengo en la espalda / y él dijo: Escucha, no hay garantía / la Naturaleza tiene sus reglas, la Naturaleza tiene sus leyes/ pero ten cuidado con la pata de mono / ¿Qué?”.
Ángel robotizado de la Edad Media-Post industrial y correctora del pasado carente de sueño eterno en un presente aletargado hacia el futuro lobotomizado a través de su propia mordaz y cómica conciencia histórica:“Hansel y Gretel están vivos y bien / viven en Berlín / ella es una camarera de cócteles / él tuvo un papel en una película de Fassbinder / Se sientan por la noche / a beber aguardiente y ginebra / y ella dice: Hansel, me deprimes / y él dice: Gretel, eres una grandísima puta / he malgastado toda mi vida en nuestra estúpida leyenda / cuando mi único amor / era la bruja malvada”.
Poetisa romántica del realismo mágico que invade de sorpresa la cotidianidad de su paisaje preferido: el gran teatro amoral de la sociedad norteamericana, primitiva e hiperdesarrollada, aislada, decadente. “Cuando veas a un hombre destrozado / cógelo en tus brazos / porque no sabemos de dónde venimos / no sabemos qué somos”.
Laurie Anderson, sublime creadora de un arco iris poético-musical donde los colores mezclan sus orillas, símbolo de la utópica e hilarante alianza entre la máquina y el hombre. ∎