Álbum

Laurie Anderson

AmeliaNonesuch-Warner, 2024

El nuevo álbum de Laurie Anderson relata la aventura de su compatriota Amelia Earhart, desaparecida el 2 de julio de 1937 en el océano Pacífico junto al navegante aéreo Fred Noonan cuando trataban de completar el primer vuelo alrededor del mundo pilotado por una mujer. Anderson no podía haber escogido una historia más arquetípica: épica, feminismo, avance tecnológico, misterio, tragedia. Mira Nair dirigió en 2009 una película sobre la vida de esta heroína, probablemente la más querida de la historia de los EE.UU.

“Amelia” es originalmente un encargo del año 2000 estrenado sin éxito en el Carnegie Hall de Nueva York. Fue durante la pandemia, por sugerencia de Dennis Russell Davies, director de la Filharmonie Brno, cuando Anderson retomó el proyecto, esta vez sobre la base de una partitura orquestal. A partir de aquí y de las composiciones preexistentes, la artista de Chicago desarrolló nuevas ideas, sumándose el trío de cuerdas Trimbach, un grupo de músicos –viola, bajo, percusión y ukelele– con Marc Ribot a la guitarra y una variada paleta de voces: la propia de Anderson con los tratamientos electrónicos habituales, la de Amelia en el corte “This Modern Word” y la de ANOHNI en seis temas, que adopta un papel nebuloso, entre fatal ángel de la guarda, espíritu radiofónico de a bordo y sonido del viento que percute las hélices del Lockheed L-10 Electra, el bimotor de corto alcance en el que desaparecieron los tripulantes de esta historia legendaria.

Earhart se enfrentaba a una gesta de proporciones homéricas: pilotar un avión de autonomía limitada, las mil vicisitudes del viaje o una distancia de más de cuarenta mil kilómetros con puntos de aterrizaje inciertos, como la minúscula isla de Howland, más allá de Papúa Nueva Guinea. Años antes, Earhart se había convertido en la primera mujer que atravesaba volando el Atlántico, hazaña que contaba con una larga lista de accidentes mortales previos. El reto, difícil pero mucho menos azaroso de la compositora, era reconstruir un puzle tan proclive a la hipérbole y la mistificación. Lejos de caer en el sensacionalismo patriota, Anderson recita la aventura final de la gran mujer Amelia como si leyera un diario de viaje –era una costumbre de la aviadora–, embelleciéndola con una música orquestal sin solución de continuidad, intensa y expresiva, pero nada grandilocuente, y no exenta de melodías seductoras como “India And On Down To Australia” o “Road To Mandalay”. La sensación es la de sobrevolar, como en una novela de Paul Bowles o una película de Werner Herzog, los mismos oscuros mares, brillantes desiertos y pueblos exóticos que contemplaron sus protagonistas.

La canción de Lou Reed “Fly Into The Sun” -de su álbum “New Sensations” (1984)– animó a la viuda Anderson para incluir un corte del mismo título –no es una versión–, creando cierto paralelismo entre Ícaro y Earhart. Pero la tesis de “Amelia” no es la ambición, la temeridad o examinar las causas del accidente –una previsible concatenación de infortunios–. La sombra de la muerte sobrevuela el relato, las disonancias y las claves menores dominan la composición, la voz meditativa de Anderson, identificada con el personaje, es ominosa, relajante o informativa, según el hito del trayecto. Pero lo que en realidad transmite esta obra hipnótica es el itinerario bellamente narrado y musicalizado de un sueño: volar los cielos, descubrir mundos lejanos y exprimir la vida. Con el mérito añadido y probablemente nunca superado de una mujer adelantada a su tiempo. ∎

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