Álbum

Los Verdugos

Episodios personalesSpicnic, 2025

Hagamos historia: los hermanos Alfonso y Dioni Melero y Juli Lee formaban parte de Terry IV, uno de los grupos que más expectativas levantó a finales de los ochenta cuando daban comienzo los años del indie. Grupos de la misma época, como Los Fresones Rebeldes o Intronautas, versionaron sus canciones, pero terminaron disolviéndose en 1994 sin haber alcanzado los grandes logros que se les presuponían. Tras su disolución, sus integrantes formaron varios grupos: Astrogirls, Meteoro, Hello Cuca y, sobre todo, Alpino, banda tecno-pop formada por Juli y Alfonso junto a sus amigos del fanzine ‘Stamp’ Fernando “Spock” y Manuel Ríos. Este último, además, creó con Dioni Melero otra banda guitarrera, Tornasol.

Pues bien, de las cenizas de este batiburrillo surgió en 2013 un nuevo proyecto discográfico, Los Verdugos (no confundir con Los Verdugos, banda de los años sesenta nacida en Pontevedra), grupo formado por los cinco músicos nombrados, sin pretensión alguna. Y ninguna quiere decir exactamente “ninguna”: no actúan en directo –dos viven en Murcia, dos más en Madrid y Juli sigue en la localidad albaceteña de Villarrobledo, donde todo surgió con Terry IV…– y sus lanzamientos discográficos aparecen en ediciones cortas y limitadísimas. En 2021 publicaron un álbum de veinte canciones, “Un mundo de cretinos”, que agrupaba algunas piezas nuevas y sus grabaciones sueltas anteriores, pero ahora publican “Episodios personales”, un “segundo” álbum formado por once piezas completamente nuevas y otra que también lo es, pero se trata de una versión guitarrera de “Odio las fiestas”, canción tecno de Alpino. El disco, bellamente realizado con diseño de Mario Feal, y una portada en la que vemos a José Luis López Vázquez en una foto que parece del rodaje de “Atraco a las tres”, se ha editado en 150 únicas copias pero se puede escuchar digitalmente.

Con su peculiar idiosincrasia –su relación es de amistad y quedan cada dos o tres meses en una casa que alguno de ellos tiene en las lagunas de Ruidera, pero para comer, beber y charlar, no para ensayar ni, mucho menos, tocar–, las canciones se elaboraron por separado, a lo largo de un año y medio, y se completaron online, antes de grabarlas en un estudio madrileño el pasado mes de mayo.

Las nuevas composiciones tienen un encanto “pegamoide” y “niki” fácilmente reconocible. Lo que en 1990 resultaba intrépido, hoy, treinta y cinco años después, sigue siendo arrebatador, porque con ellos retrocedemos en el tiempo a una época en la que los podríamos imaginar viviendo de forma feliz y despreocupada, en la que el gamberreo servía para mezclar a los Ramones con France Gall y a los Rezillos con Sigue Sigue Sputnik: pop acelerado de aparente candidez naíf que descubre toda su retranca escondida en las letras. Los tiros de la actualidad, evidentemente, no van por ahí, pero a ellos les da igual: como aseguran en “Medalla de hojalata”, “a mí me sobra y me basta / y no me siento inferior. / Yo soy del montón / y con honor”. ∎

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