Bajo el paraguas del sello y festival gerundense de música independiente NEU!, regresan
Minibús Intergalàctic con un segundo álbum titulado en la onda cientifista de Giorgio Moroder –“E=MC²” (1979)- o Manuel Göttsching –“E2-E4” (1984)–, por no hablar de las coordinadas espacio temporales de La Monte Young o de las fórmulas matemáticas de Stockhausen. A pesar de las apariencias, los conductores con gafas ahumadas del Minibús no se complican tanto la vida, y es precisamente por una esfera sonora que recorre los años noventa con un oído puesto en la vasta era psicodélica donde circulan con mayor seguridad. Un buen ejemplo sería
“Per sentir-me ple”, primer single de un disco que desprende el vitalismo salvífico de los Spacemen 3 menos minimalistas aunque los textos sean más sutiles y hablen en este caso de la máscara de altruismo que muchos llevan para obtener la santidad.
Aunque se les encasille con razón en ese rock psicodélico y más allá de las manidas comparaciones estilísticas –Belle & Sebastian y The Smiths en
“La barqueta”; Inspiral Carpets en
“L’agredolça lliçó de la Vall del Mas Daurat”, un cuento de hadas entre el realismo mágico y la épica alpina de un Hermann Hesse; de nuevo Peter Kember y Jason Pierce en
“Gos ferit”; krautrock pastoral y recitado final de Núria Candela i Vilana en la volátil
“Camí vell”; Teenage Fanclub con Dream Syndicate en
“Retalls i repunts”; el shoegaze acelerado de la poética
“Blau”; Aviador Dro en
“Trapella”; Primal Scream y el rock
stoniano de
“Cap de trons”, o el sureño con coda oriental de
“Mòbil continu”–, la validez de Minibús Intergalàctic habría que buscarla y tal vez encontrarla en la nunca despreciable capacidad para componer canciones que escapan a la evanescencia del pop –este apartado se lo atribuyen enteramente como quinteto–, en el acierto para elegir el color de unos arreglos generosos y más oportunos que previsibles, en el hecho de que sigan cantando en un catalán sustancioso, en su sentido del humor –
“Un altre tema que no es pot ni ballar torna a sonar a catalanet acomplexat” (“Trapella”)– o en el contexto digamos que costumbrista de unas letras afiladas y filosóficas, a veces amargas pero emancipatorias que los mantienen además con los pies en la tierra.
Producido por Xebi SF, Enric Teruel -ambos procedentes de NEU!– y el flamante Youth, bajista de Killing Joke y productor de Lee Scratch Perry, James, The Orb, Shack o The Verve, entre muchos otros, el segundo álbum de Minibús Intergalàctic goza de un sonido claro a pesar de la saturación de ingredientes. A Youth se le atribuye la frase
“no tocan bien pero se esfuerzan y son una gran pandilla”,
aunque la hiperbólica nota de prensa asegure que
“superan el rock psicodélico y las expectativas” con este disco, un trabajo sin momentos débiles, serio y eufórico, que exuda cohesión, inteligencia y juventud, donde hay mucho más de lo que parece a primera vista y que al menos empata con lo mejor de un subgénero no muy dado a tales honduras. Si “Moviment oscil·lant polinòmic. y=1/x” formula
“la paradoja de estar vivo y las contradicciones de la experiencia humana”, es algo que se nos escapa. Lo importante es disfrutarlo en el coche, en casa o en alguno de sus esperados vivos. ∎