Álbum

Mitski

Nothing’s About To Happen To MeDead Oceans-Popstock, 2026
El ya octavo álbum de Mitski se anuncia como un disco “de concepto”, un relato musical contado/cantado desde la perspectiva de una mujer aislada de todo y todos en una casa desordenada. ¿Versión exagerada de la propia artista, que después de alcanzar la fama ha tratado de mantener su privacidad en lugar de abrir su casa a ‘Architectural Digest’ y cultivar la falsa transparencia en Instagram Live?

Ese ángulo narrativo –que en el fondo es solo una excusa para más canciones de Mitski Miyawaki sobre desamor y soledad– supone la relativa novedad respecto a “The Land Is Inhospitable And So Are We” (2023), en el que, como aquí, quiso grabar en vivo en el estudio para tratar de dar con el sonido más orgánico posible. Como en aquel disco tan americana, de nuevo, abundan las guitarras slide. Y vuelven los arreglos orquestales dirigidos por Drew Erickson. Nada que objetar a nada.

Todo empieza engañosamente tranquilo, con los acordeones y el ritmo quieto de “In A Lake”, canción folk sobre la claustrofobia de las pequeñas localidades (“nunca te alejas de tu primer amor”) y la oportunidad de reinvención que ofrecen las grandes, aunque haya que aguantar el estrépito que acaba ahogando el tema. Aún más ruidosa, más desatada, acaba siendo “Where’s My Phone?”, rodaja indie rock cuyo crescendo final invita a cambiar el “phone” del título por “head”. No hay que perderse el videoclip de Noel Paul, pequeña película de terror de estilo histérico en la que Mitski protege a su hermana de toda clase de intrusos en una casa gótica.

Con la balada acústica “Cats” arranca una trama amorosa deshilvanada en los más bellos términos musicales y literarios. En el citado tema, la narradora se resiste a dejar marchar a su amor, aunque todavía le quede la compañía de sus gatos: “Todavía te quiero, así que no te dejaré / Supongo que es decisión tuya si decides marcharte”. Justo después, en “If I Leave”, elucubra sobre qué pasaría si fuera ella quien se marchara: no encontraría a nadie que supiera perdonarla tan a menudo como él. Esta vez (como después en “Lightning”), el juego no es el crescendo, sino la alternancia entre ruido y calma tensa popularizada por Pixies. A la altura de la sublime balada jazz “I’ll Change For You”, nuestra heroína parece haber encontrado una solución a la ruptura: dejar de ser quien es, olvidarse a sí misma para que el otro se acuerde de lo que era quererla. Gesto tierno y desesperado y autolesivo, todo en uno.

Encerrada en casa, esa misteriosa mujer se puede perder en los pensamientos más oscuros, elucubrar sobre el final desde diversos ángulos. En “Dead Women” parece aproximarse con espíritu crítico a la necrofilia de la cultura pop: “¿Te habría gustado más si hubiera muerto / y hubieras podido contar mi historia como se debía?”. Y en el luminoso epílogo “Lightning” pide poder volver en forma de lluvia cuando deje este mundo, un momento que parece representado por una catarsis eléctrico-orquestal que deja sin respiración. Corte breve pero intenso para un disco que dura poco más de media hora, pero que seguramente durará para siempre. ∎

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