En “Zoom Zoom The Little Boy”, Morrissey habla de un niño que “solo piensa en divertirse” pero que, a su vez, quiere “salvar todo lo que puede de los hombres y mujeres horribles”. Habla de un chaval que parece relajarse con el paso de los años, como cuando los adultos te dicen que ya irás siendo menos radical a medida que subas de piso. Ese mismo impulso, el de erigirse en abanderado de todas las causas, aparece también en “Notre-Dame”, inspirada en el incendio que el 15 de abril de 2019 arrasó parte de la catedral parisina. En el tema, el cantante transforma el desastre en una especie de alegato moral: “Notre-Dame, sabemos quién intentó matarte” y “Notre-Dame, no nos quedaremos en silencio”, canta, en un tono que mezcla duelo patrimonial y sospecha política. De hecho, durante algunos conciertos previos a su publicación oficial, Morrissey había incluido un verso más explícito (“antes de las investigaciones dijeron: ‘No es terrorismo’”) que después fue suavizado en la versión definitiva.
Con estas dos pinceladas, “Make-Up Is A Lie” sigue las líneas habituales del Morrissey tardío: un cascarrabias lúcido que, como cualquier amigo de la vehemencia, se siente atraído por las conspiraciones ligeras y por la sensación de haber descubierto aquello que los demás prefieren no mirar. El álbum, grabado en La Fabrique (Francia) junto al productor Joe Chiccarelli, llega además tras un proceso largo y algo caótico: concebido inicialmente como “Without Music The World Dies”, el material fue regrabado, reducido y rebautizado varias veces antes de encontrar sello y forma definitiva, después de que Morrissey rompiera con su discográfica anterior tras “I Am Not A Dog On A Chain” (2020). En cierto modo, “Make-Up Is A Lie” condensa dos discos en uno: restos de una etapa anterior y nuevas canciones que intentan darles coherencia.
El resultado oscila entre varias de las máscaras que Morrissey ha cultivado durante décadas. Hay ecos de synthpop y new wave (especialmente en el elegante pulso electrónico de “Notre-Dame”), momentos de jangle pop heredero de The Smiths y algún intento de chamber pop grandilocuente. Joe Chiccarelli mantiene una producción limpia y espaciosa que deja al frente la voz de Morrissey, ese croon melancólico que pasa del suspiro teatral al sarcasmo seco. La portada extravagante y ciertos arreglos refuerzan esa sensación de camp barroco que siempre ha rodeado al personaje.
El disco también recupera varios de sus temas fetiche, además del veganismo. “Lester Bangs”, dedicada al periodista del mismo nombre, funciona como homenaje a la crítica musical y al adolescente que Morrissey fue alguna vez: en esa canción también menciona a Roxy Music; a los que, en este mismo disco, homenajea con una versión de “Amazona” (de “Stranded”, 1973). “Headache” retoma su vieja obsesión con las relaciones fallidas, mientras que “Kerching Kerching” o “The Monsters Of Pig Alley” vuelven sobre otro de sus relatos preferidos: el precio ambiguo de la fama, la soledad del artista y la sospecha permanente hacia quienes lo rodean.
Todas sus nuevas píldoras caen en una especie de sentimentalismo algo vago, como si Morrissey se limitara a repetir lo que era en los ochenta, visto con los ojos más vidriosos. No es un gran regreso, tampoco un desastre absoluto. ∎