Álbum

Nick Cave And The Bad Seeds

Murder BalladsMute-BMG, 1996

Los primeros indicios promocionales de “Muder Ballads” sugerían, y de la mano del primer single (“Where The Wild Roses Grow”, junto a Kylie Minogue), que había llegado el momento de Nick Cave para triunfar y ser engullido –¡por fin!– por las listas del tres, dos o uno. Pero no, este no es un disco de consumo rápido ni asimilación fácil. Tenemos de nuevo al Nick Cave actor, que se mete en la piel de personajes de canciones legendarias o de pequeños cuentos de asesinos.

En “Song Of Joy” –uno de los mejores momentos–, su voz ilustra la historia de alguien que escapa horrorizado por la muerte de su mujer y de sus tres hijas. La música es hermosa y estremecedora, y alimenta la sensación de que quien huye es el verdadero parricida. “Stagger Lee” y “Henry Lee” son dos canciones tradicionales convertidas por Nick Cave en episodios de sangre, rabia, deseo y arrepentimiento. En la segunda la acompaña –espléndidamente– Polly Jean Harvey. Y el resto de “Murder Ballads” transcurre más o menos así, con nuestro protagonista principal arropado por sus inseparables Mick Harvey, Martyn P. Casey y Blixa Bargeld, y por los secundarios Hugo Race, Anita Lane o Shane MacGowan.

Nick Cave escupe poemas, maldiciones, dardos, borracheras, alguna vez en tono más festivo (“The Curse Of Millhaven”) o humorístico (el himno final “Death Is Not The End”, de Dylan), aunque casi siempre pronunciando las cosas más terribles en un tono tranquilo y, claro, baladístico (“The Kindness Of Strangers”), como si cantara de flores y de pájaros.

Una vez, creo que a la altura del álbum “The Good Son”, escuché a alguien decir que, ahora que se había casado, Nick Cave se iba a convertir en un cantante inofensivo. Pensé que aquel comentario era de lo más estúpido. A la luz de “Murder Ballads” –y de Henry’s Dream”, y de “Let Love In”–, bueno, pues había algo –alguien– más estúpido quizá que el comentario. ∎

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