Álbum

Nothing

a short history of decayRun For Cover, 2026

Comienza el nuevo disco de Nothing y la sensación de escuchar algún descarte de The Boo Radleys en su primera época no me abandona durante los tres minutos y medio de “never come never morning”, con su voz sedosa y la aplicación de guitarras acústicas y enjambre electrificante. “a short history of decay” es un álbum que no da la espalda al shoegaze que, desde 2012, ha cimentado la fama de la banda del líder Domenic Palermo, actualmente apoyado por los guitarristas Doyle Martin y Cam Smith (Cloakroom), el bajista Bobb Bruno (Best Coast) y el batería Zachary Jones (MSC, entre otros). Shoegaze de manual en su versión menos etérea y más fragorosa, como lo son las tormentas cosidas con drum’n’bass de “cannibal world”, “toothless coal” con su ruido blanco mecido por loops agresivos, o el tema titular, muy My Bloody Valentine.

Pero lo más interesante del nuevo trabajo de los de Filadelfia está precisamente en las zonas menos obvias, en las salidas del guion y en los numerosos temas que escapan de su propia y merecida fama de grandes continuadores del shoegaze en el siglo XXI. Así, por ejemplo, se cuelan ecos de Radiohead en “purple strings”, con unas melodías muy Thom Yorke bañadas en cuerdas. Y también en “nerve scales”, que parece algo así como, de nuevo, Radiohead o The Smile perdidos en las nubes de Slowdive.

Pero quizá el momento más interesante por su salida melódica de los patrones que podrías esperar de Nothing es “the rain don’t care”, una canción que, sorpresa, recuerda a The Beatles en “Abbey Road” (1969). Eso sí, impregnados de dream pop, para no salirse demasiado del marco genérico de la banda.

Como puedes ver, no estamos hablando de un grupo que apueste por la originalidad, sino que busca nueva inspiración en puntos de fuga totalmente consagrados, saliéndose del camino que ya dominan en sus seis discos, alguno tan remarcable como “Guilty Of Everything” (2014). Pero Nothing ha adquirido aquí una lograda intensidad para vestir unas canciones sobre experiencias personales, salud mental, adicciones, traumas, vivencias y temores del propio Palermo: “When I was young life was easy. Sweet message sent, quickly spent”, susurra el cantante en la apertura del disco. En este sentido, resulta reveladora “essential tremors”, que cierra “a short history of decay” capitaneada por una fragilidad vocal que emociona, una vez hemos hecho caso a la lírica del disco y nos hemos empapado de las confesiones y de los problemas de Palermo, que padece un trastorno neurológico llamado, precisamente, temblores esenciales. Su entrada es trémula, frágil, pero cuando el tema estalla en una supernova de ruido blanco luminoso, nos llena de esperanza: la esperanza, quizá, de superar los problemas a través del acto creativo y musical. ¿Y cómo no emocionarse ante sentencias como “All the things I’ve slept on. You’re my favorite fear”, conociendo todo el bagaje de su autor?.

“a short history of decay” no va a salvar al género gazer ni a renovarlo, pero merece que la platea se levante, aplauda y vitoree a gritos a una banda que ha sabido resetearse sin renunciar a sí misma en lo sónico, para entregar una obra desde las tripas que se desnuda con valentía ante nosotros. La portada en este sentido no puede ser más descriptiva: una boca dañada a niveles Shane MacGowan muerde un corazón de azúcar. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados