Podría parecer la insistencia de un chiste absurdo que vuelve a la carga: se abre el telón y entran en un bar el cabecilla de un colectivo zoológico y un veterano tripulante de los viajes espaciales... Sin embargo, lejos del chascarrillo, la feliz coincidencia en tierras lusas de Noah Lennox (Panda Bear, pieza angular de Animal Collective) y Pete Kember (Sonic Boom, cofundador de los legendarios Spacemen 3) ha vuelto a deparar en este 2026 un idilio creativo de lo más reconfortante en lo que al pop experimental y psicodélico se refiere. La chispa de su anterior alianza, aquel maravilloso “Reset” (2022) construido a partir de microfragmentos de grabaciones de los cincuenta y sesenta, demostró seguir ardiendo. Una cosa llevó a la otra y aquel festín sonoro acabó estirando su sombra a través de expansiones como “Reset. Expanded Edition” (2022), ampliada con instrumentales y remezclas, el aplaudido “Reset In Dub” (2023) junto con Adrian Sherwood, o el exótico “Reset Mariachi EP” (2024). Al final, entre los foros de fans que seguían buscando las versiones originales en la red y las listas de reproducción que rastreaban al detalle el origen de cada bucle, estaba claro el nivel de fascinación que había levantado el tándem. Pero en lugar de estirar el chicle, el siguiente paso ha consistido en conservar el juego de los loops, pero cambiar por completo su materia prima.
Para dar este nuevo volantazo, ninguno de los dos ha tenido que moverse de Portugal, donde Lennox sigue viviendo en Lisboa y Kember continúa instalado en Sintra. Sin embargo, el ambiente ya no es el de la tregua posterior al confinamiento, sino el de una época agotada por las pantallas, las redes sociales y el panorama ecológico. Su respuesta ante esto fue apostar por construir los loops a partir de sonidos grabados por ellos y por sus colaboradores, en lugar de recurrir a canciones ajenas. En una decisión muy poco habitual para este 2026, el dúo ha plantado cara a la inmediatez digital dejando “A ? of WHEN” fuera de servicios de streaming como Spotify o Apple Music. Para escuchar sus 47 minutos de reloj, toca comprar el álbum en formato físico o recurrir a la descarga digital en Bandcamp. Es, básicamente, declarar la guerra a la comodidad.
Este viaje arranca con “Never Givin’ In”, un tema de aire tropical que se toma su tiempo para envolverte en una combinación de palmas y armonías tejidas alrededor de los bucles de arpa de Mary Lattimore. Pero si hay una pieza que llama la atención por su cadencia acuática, esa es “Lucky Charm”. Concebida como una inmersión en los códigos melódicos de “Pet Sounds”, Lennox se adueña de la pista con un fraseo vocal tan cándido que por momentos evoca la inocencia de las tonadas tradicionales navideñas. El contrapunto lo pone “Like A Moth To A Flame”, una balada de producción azucarada que levanta una de esas catedrales pop asociadas a las grandes producciones de Phil Spector. Bajo ese envoltorio tan dulce, sin embargo, se camufla una letra desgarradora sobre la extraña pulsión humana hacia la autodestrucción; un bucle de atracción y daño en el que el lamento vocal de Lennox retrata la asfixia de sentir la fuerza vital completamente agotada.
El resto de las canciones completa este puzle de pop caleidoscópico con un pulso igual de audaz. Por ahí asoma “Revive Him” arrastrando un delicioso aroma a viejo single de 45 revoluciones, o la melancolía a paso lento de “Somethin’ That Lasts”, una balada que funciona como un rezo laico en el que Noah y Pete armonizan con dolorosa sencillez sobre la urgencia y el ruego de que algo permanezca en el tiempo. Incluso la propia pista homónima, “A ? of WHEN”, se atreve a quebrar su radiante base bubblegum con el paroxismo de unas sirenas policiales que cruzan la mezcla de lado a lado. El disco remata la jugada con “Graveyard”. Un broche de pop garagero bañado en órganos que le quita hierro a la parca con humor: si de todas formas vamos a acabar en el hoyo, mejor no malgastar el tiempo que nos queda.
Panda Bear y Sonic Boom han firmado con esta intrincada caja de sorpresas el trabajo más libre y valiente de su andadura conjunta. Pero su principal virtud está en que, en lugar de soltar sermones solemnes sobre el colapso del presente o demonizar la tecnología, “A ? of WHEN” prefiere funcionar como un ejercicio de paciencia y empatía colectiva. Y oye, si para encontrar esa complicidad hay que meterse en un bar a pedir la penúltima junto a un oso panda y un astronauta sónico, pues se entra y se pide. Los mejores chistes siempre acaban bien. ∎