Álbum

RAYE

THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE.Human Re Sources, 2026

A veces la industria musical peca de miopía, manteniendo en el banquillo a talentos que, a la postre, terminan por pasarlos por la derecha. RAYE se comió varios años de cautiverio en una discográfica (Polydor) que le cortaba las alas. Hasta que dijo basta, agarró los bártulos y se lo montó por su cuenta. El resultado fue “My 21st Century Blues” (2023), un debut que arrasó con seis premios BRIT. Lejos de volver al redil de las majors, la londinense rubricó una alianza estratégica con Human Re Sources. Ahora, consagrada en estas lides y con la sartén por el mango, nos planta en la cara su segundo asalto. La británica tira la casa por la ventana y nos entrega una absoluta barbaridad de 17 cortes y 73 minutos de duración: “THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE.”. Dividido conceptualmente en cuatro estaciones, se trata de toda una cura para el alma en formato panorámico que te arrolla con una clase descomunal.

En lo musical, RAYE no se corta un pelo: te mezcla descaradamente arreglos de big band, R&B, soul añejo y grandiosidad orquestal. Es un festín sonoro donde tanta floritura clásica jamás ahoga su voz, sino que la envuelve y la eleva a niveles estratosféricos. Un riesgo que respira libertad y ambición por los cuatro costados. Para arrancar, Intro: Girl Under The Grey Cloud.” nos sitúa sin paños calientes en una lluviosa noche parisina a las 2:27 de la madrugada, con truenos de fondo y hechuras de cine negro. Sin apenas darnos respiro, irrumpe “I Will Overcome.”, un alarde operístico con coros rugientes donde la propia RAYE con sumo descaro y autoconsciencia suelta: Some people say I remind them of Amy”. Y es que la comparación vocal con Amy Winehouse es inevitable, pero ella recoge el guante con un desparpajo absoluto.

El vodevil no ha hecho más que empezar. En “Beware..The South London Lover Boy.” se calza el traje de un funk espectral y metales juguetones para retratar a un embaucador en bicicleta Lime con un porro en los labios. Es un juego teatral que podría rozar el exceso, pero que cristaliza de forma magistral en “Click Clack Symphony.”. Aquí, el tictac rítmico de unos tacones da paso a una explosión orquestal inmensa, cortesía del mismísimo Hans Zimmer, elevando el tema a proporciones épicas mientras jura que “Everything going to be alright”.

A su manera. Foto: Aliyah OTCHERE
A su manera. Foto: Aliyah OTCHERE

Resulta fascinante cómo RAYE entrelaza la pátina dorada del Hollywood clásico con la verborrea de internet. En “The WhatsApp Shakespeare.” desgrana un romance moderno a base de notas de voz, dejando perlas como “he’s a cursive kisser” sobre un ritmo que muta a su antojo. Aún más chocante es “I Hate The Way I Look Today.”, un bebop de la vieja escuela donde suelta, con desgana milenial: “Today, it’s not giving beautiful / It’s giving train wreck, it’s giving unfortunate”. Una amalgama de épocas que a los puristas les rechinará, pero que ella defiende con pasmosa autoridad. En esa misma tesitura de saltos temporales asoma “Life Boat.”, un trallazo donde hace una justa reminiscencia a sus temas antiguos, sacando a relucir sin complejos su pretérita etapa facturando estribillos para la pista de baile.

Pero, ojo, no todo es jolgorio de big band y rímel corrido. Cuando decide desnudarse emocionalmente, el disco alcanza su cénit. “I Know You’re Hurting.” es una barbaridad vocal de más de seis minutos donde el alma se le quiebra preguntando: “Ain’t all of us just looking for some healing?”. Tampoco se queda corta “Goodbye Henry.”, una canción soberbia y un sentido homenaje al soul sureño más áspero donde invita al legendario Al Green, no sin antes aclarar con guasa que la víctima de la canción ni siquiera se llama Henry.

La recta final nos regala un abanico de texturas: el pulso electrónico de “Skin & Bones.”, la urgencia R&B del archiconocido “WHERE IS MY HUSBAND!.”, una ternura acústica inusitada en “Fields.”, compartiendo micrófono con su propio abuelo Michael, y la desbordante energía de “Joy.”, donde se alía con sus hermanas Amma y Absolutely para armar una buena jarana sobre un beat abrasador. Como colofón a este viaje curativo, RAYE claudica con “Fin.”, empleando más de seis minutos en leer, uno a uno, los nombres de las más de doscientas almas que han participado en la gestación del disco. Un epílogo extravagante que rubrica una obra magna, tan desbordante como franca, demostrando que, a veces, abrazar el exceso es la única vía válida hacia la redención. Eso sí, ruego a los cielos que no se le ocurra invitar a cenar a semejante batallón para celebrarlo, pues va a tener que empeñar hasta los premios BRIT. ∎

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