El nuevo momentum del “Scott Walker del britpop”, además de anguloso exlíder de The Verve, ha sido seguramente la reciente reunión de los hermanos Gallagher, a quienes ha estado teloneando junto a Cast en la gira británica veraniega de Oasis. Justo ahora es cuando se publica el séptimo álbum con temas nuevos del artista de Lancashire, cuyo poder de convocatoria reside en su presencia escénica –una especie de Jarvis Cocker azulado con el pelo limpio y el sastre de Nick Cave, aunque si alguien se ha acercado a Walker es el hombre de Pulp–, en su arenoso timbre de voz –en precaria competencia con otro ex “morritos de azúcar” como Ian McCulloch, de Echo & The Bunnymen– y en una sagacidad contrastada para excavar viejos diamantes tipo “The Last Time”, de Jagger y Richards en la versión de Andrew Oldham Orchestra de 1966, y transformarlos en himnos generacionales.
Su nuevo “Bitter Sweet Symphony” sería la pieza que da título al álbum, “Lovin’ You”. Producida por Ashcroft y Emre Ramazanoglu, es una versión con letra del instrumental “Classical Gas” compuesto por el guitarrista estadounidense Mason Williams y ganador en 1969 de tres premios Grammy. Echando mano de su resobada épica asfáltica, Ashcroft añade: “This is amazing, soul savin’, skyscrapin’, liberating, (lovin’ you), the symphony of love is playin’”, situando estratégicamente la acción en el Greenwich Village de Bleecker Street entre anticuados ritmos baleáricos y su característico fraseo semirrapeado: “The higher I go, the less I know / The deeper I get, there’s no regrets / The mysteries, they all unfold / All my pain, I just let it go”.
Otro momento interesante es “I’m A Rebel”, coescrita y producida con el guitarrista francés Mirwais Ahmadzaï, uno de los pocos miembros originales aún vivos de Taxi Girl, la banda new wave de Daniel Darc. French disco cantado en falsete por Ashcroft, que reincide en la idea de su anterior álbum, “Natural Rebel” (2018). Mucho más habitual en el repertorio lírico del inglés es “sinfonía”, aunque hace falta un buen capazo de corcheas para componer una. Ashcroft recurre metafóricamente a dicho formato con la acústica “Find Another Reason”, otra de las canciones rescatables del disco con un arreglo de eléctrica digno de George Harrison en la que su autor acude a imágenes neotestamentarias para recordarnos lo milagroso y sublime que puede ser vivir.
Rebuscando un poco más, la morosa “Crimson Fire” también se salva de la quema a ritmo de soul sixties y esa forma de cantar más grande que la vida marca de la casa. El disco podría haberse titulado “The Many Sides Of Richard Ashcroft” si no fuese porque el resto de composiciones se inscriben en su trillada lectura del rock. Es verdad que “Live With Hope” tiene un aroma country muy Rolling Stones y el coro góspel con órgano confiere algo de solemnidad a su bienintencionado mensaje: “Live with hope, take your neck away from that rope”. Otro número razonable que no disipa el sentimiento general de disco-pastiche tachonado de lugares comunes –sonrojante “L’amour”–, ecumenismo de autoayuda –el AOR de “Heavy News”– y algunas canciones de paja con buena producción a cargo de Chris Potter, ya presente en “Urban Hymns” de The Verve (1997). Sin olvidarnos de “Lover”, el corte que lo inaugura, de nuevo producido por el tándem Ashcroft-Ramazanoglu y basado parcialmente en otro tema ajeno, “Love And Affection” (1976), de Joan Armatrading. ∎