Smokey dijo una vez que no hacía caso de los comentarios que hacían los críticos de sus discos porque consideraba que no tenían valor las opiniones de las personas que no pagan para oírlos. Robinson tiene bastante talento, una bonita voz y la suerte de no necesitar ganar dinero de la música gracias a su trabajo ejecutivo en Motown y los millones de dólares que, seguro, recibe como royalties por sus viejos éxitos y las versiones que de ellos se siguen haciendo. Eso significa que cuando hace un disco lo hace porque quiere, pero que no tiene, por otra parte, necesidad de esforzarse y superarse a sí mismo. De este modo lleva, desde que se separó de los Miracles, una carrera regular, tanto en periodicidad como en calidad.
Los aficionados musicales de nuestro país, profesionales o no, no conocen a Smokey Robinson, pero de repente entra en su universo, por el motivo que sea, uno de sus discos y se quedan alucinados al no tener punto alguno de referencia o comparación. La consecuencia primera es que disfrutan como locos –cosa que yo, con mi colección tan cuidadosamente escogida, no logro–, y la segunda es que, como ha ocurrido con nuestra lista de disco destacado del mes, eligen número uno el álbum en cuestión, lo merezca o no.
Es la segunda vez que observo que ocurre esto. La primera fue con “Being With You” (1981), que para mí es de lo más flojo de su carrera. La segunda es esta, con un disco que, dentro de la segura regularidad de su autor, es especialmente acertado. Aunque, en realidad, cualquier ocasión es buena para descubrir a “Essar”, alias Smokey Robinson. No te pierdas esta. ∎