Una vez más hay que rendirse a la evidencia: Sonic Youth son la madre del cordero. Se reciclan, se reinventan, van un poquito más allá en cada disco y dan una voltereta tras otra sobre sí mismos para seguir convenciendo hasta a los escépticos, los que piensan que cualquier día van a tener que fallar. Pues nada, después de una docena de álbumes, el espectro musical que dominan Moore, Ranaldo, Gordon y Shelley es tan amplio que aún les deben quedar conejos en la chistera para rato. “Experimental Jet Set, Trash And No Star” (1994) supuso un giro difícil de prever al recuperar la faceta más indomable e inmediata de la banda después de discos tan bien estructurados como “Goo” (1990) y “Dirty” (1992).
Ahora, en “Washing Machine” (¿cuántas veces se ha descrito la música de Sonic Youth como un efecto de lavadora o centrifugadora, eh?) vuelven a estar perfectamente modulados, pero sin abandonar ese espíritu crudo del anterior LP. Hacen lo que quieren y lo demuestran desarrollando las canciones hasta el límite de esa combustión sónica que solo ellos saben ejecutar, desde la improvisación, como si de una partitura se tratase.
A pesar de que “Washing Machine” está grabado en las condiciones más austeras desde que entraron en Geffen, da la impresión de estar elaborado con un mimo especial por una banda que se siente cómoda y con autoridad, que incluso ha decidido asumir de nuevo el mando de la producción. Porque si “Washing Machine” recuerda a algo, debe tratarse del período que va desde “Bad Moon Rising” (1985) hasta “Daydream Nation” (1988), aunque ahora se permitan pasajes baladísticos como los de “Unwind”, o los coros dulzones que mete Kim Deal (no, no me equivoco de apellido) en “Little Trouble Girl”, contrastados inmediatamente por cierta furia punky en “No Queen Blues” y la urgencia rítmica de “Panty Lies”. Y con todo esto, a pesar de la falta de un single comercial, ni siquiera parece un álbum difícil de escuchar. Los dicho: volvamos a rendirnos. ∎