Álbum

Steve Lacy

Oh yeah?L-M/RCA/Sony, 2026

Hay discos que parecen hechos para consolidar una coronación y otros que llegan con la extraña energía de quien todavía no se cree del todo el triunfo. “Oh yeah?” pertenece claramente a la segunda categoría. Después de “Bad Habit” y de ese salto improbable desde el culto digital hasta el centro del pop, Steve Lacy podría haber entregado una secuela más pulida, más inmediata, más claramente diseñada para repetir el impacto. En lugar de eso, presenta un álbum que a menudo da la impresión de estar desordenándose deliberadamente.

Lacy sigue moviéndose entre el R&B, el funk, el rock psicodélico y el pop con una naturalidad casi despreocupada, pero aquí todo parece menos orientado al impacto inmediato y más a construir estados de ánimo. La producción vuelve a ser su mayor virtud: guitarras vaporosas, bajos elásticos y una mezcla que deja respirar cada detalle sin perder esa calidez doméstica que siempre ha definido su sonido.

Los mejores momentos del álbum justifican esa apuesta. “the feeling” es probablemente la balada más conseguida que ha escrito hasta la fecha, sostenida por una producción espaciosa y una vulnerabilidad que nunca cae en el dramatismo. “is tt cool?”, junto con SZA, funciona precisamente porque convierte la inseguridad y el autosabotaje en el centro de la canción sin buscar una resolución fácil. Y la expansión de “nice shoes / in your world” hasta convertirse en una pieza de largo recorrido demuestra que Lacy también sabe pensar en grande cuando la composición lo permite.

El problema aparece cuando esa misma espontaneidad deja de jugar a su favor. “Oh yeah?” vuelve a transmitir la impresión de estar formado por canciones excelentes conviviendo con otras que parecen simples ideas conservadas porque compartían una misma atmósfera. Hay momentos en los que la escritura pierde precisión y algunas composiciones terminan dando vueltas sobre sí mismas sin encontrar un verdadero desarrollo.

Ahí reside la paradoja del disco. Sus picos son más altos que muchos de los de “Gemini Rights” (2022), pero el conjunto resulta menos consistente. Es como si Lacy continuase siendo un productor extraordinario, capaz de encontrar texturas fascinantes y de construir pequeños universos sonoros con muy pocos elementos, mientras que como compositor todavía no siempre sabe distinguir cuándo una intuición merece convertirse en canción y cuándo debería quedarse como un boceto. Aun así, esa irregularidad también forma parte de su encanto. “Oh yeah?” nunca suena calculado, ni diseñado para satisfacer las expectativas creadas tras su éxito comercial. Es un álbum imperfecto, a veces disperso, pero profundamente personal. ∎

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