Permitidme que os presente a una joven de cuya voz, forma de componer e imagen os resultará fácil quedar prendados. Se llama Suzanne Vega y en los últimos meses se ha hablado bastante de ella en términos ciertamente elogiosos, si bien no del todo acertados. Suzanne es joven, muy joven; yo diría, viendo su encantadora imagen en la portada de su primer álbum, que no está mucho más allá de los veintipocos años. Tal vez me equivoco, pero creo que no. Y es precisamente ese candor que desprende el que hace que su música sea todo un regalo para los oídos. Los que gastan tinta escribiendo sobre la vida de otras personas recurren invariablemente a tópicos como chica-de-Greenwich Village, heredera de Joni Mitchell, prima hermana de Rickie Lee Jones, chica folkie con pretensiones seudointelectualoides al referirse a ella. Y lo cierto es que no hacen justicia, o hacen poca. Así que he decidido tomar cartas en el asunto y poner los puntos sobre las íes. Comencemos hablando de este primer LP de Suzanne. Posiblemente ello nos permitirá dibujar a grandes rasgos un perfil interior del personaje.
“Suzanne Vega” es uno de esos discos que puede ser escuchado a cualquier hora; algunas canciones son eminentemente diurnas mientras que otras son absolutamente nocturnas. Canciones como “Cracking” o “Small Blue Thing” son ideales para cerrar los ojos y poner punto final a un día ajetreado. En ellas la herencia de Rickie Lee Jones es evidente. Ambas poseen una tersura y delicadeza que asusta, parece que puedan romperse, las dos están construidas sobre una base acústica sobre la que los sintetizadores actúan como si fuesen pinceles, añadiendo un pequeño detalle aquí o allá, saliendo y entrando discretamente, sin llamar la atención. “Freeze Tag” es un tema de atardecer, ciertamente otoñal, agridulce, precioso; sobre él flota la misma vaga e implícita tristeza de muchas calles que no conducen a ninguna parte. “Marlene On The Wall” es algo así como una canción de interiores, también una poética declaración de principios; aquí la guitarra de Suzanne Vega es ciertamente gloriosa, su mando vuela sobre las cuerdas imprimiendo velocidad, liberando pequeñas dosis de pasión. “Undertown” es dentro del álbum el tema ideal para escuchar nada más ponerse en pie por la mañana, alegre y encantador. Si la vida tuviera una banda sonora así, todo sería perfecto. “Some Journey” es una magnífica exploración a través de los sentimientos épicos: posee textura, fuerza y un efectivo solo de violín a cargo de Darol Anger, uno de los músicos del sello Windham Hill. “The Queen & The Soldier” y “Knight Moves” son casi narraciones medievales, textos mayestáticos y distantes, abordados con cierta frialdad arrogante. La voz de Suzanne desmenuza una a una las líneas del texto de forma clara, pausada.
Básicamente todo el LP posee una sonoridad acústica, los instrumentos eléctricos solo son utilizados para retocar, arreglar o matizar alguna inflexión en la voz de Suzanne. Poco más se puede añadir: personalmente creo que pocos artistas pueden grabar primeros elepés tan elegantes, perfectos y reconfortantes. ∎