Antes y después de la edición del tercer LP oficial de Teenage Fanclub –cuarto si contamos “The King” (1991)–, se hace imposible creer que los cuatro escoceses se perdiesen el show de Big Star en Glasgow. Ellos son los máximos culpables de la reunión de la antigua banda de Chilton. Y “Thirteen” debe ser su confesión escrita en partitura. El título está tomado de un tema de Big Star, aunque también responde a los trece cortes incluidos y al hecho de ser el tercer LP de los teen (third-teen).
Juegos de palabras, guiños al maestro, dedicatorias a Gene Clark… y pocos o nulos trazos de actualidad. “Radio” y “Hang On” acaban siendo, después de numerosas escuchas, dos de los escasos aciertos del disco: un single inmediato y brillante y un crescendo acolchado con cuerdas. El resto acusa la responsabilidad contraída por el grupo después de publicar una obra maestra como “Bandwagonesque” (1991). “Thirteen” es un disco inseguro, nervioso, esquivo, irresponsable… casi cobarde.
La solución hubiese pasado por construir otra colección de clásicos o lanzarse a la piscina de la improvisación. Los de Glasgow han eludido ambas ofertas para grabar un disco de “fan”, un nuevo homenaje a sus inspiradores (y van…). Como si se tratase de un LP de debut, Teenage Fanclub han renunciado a todo lo conseguido con “Bandwagonesque” para volver al principio, componer unas cuantas canciones de libro –ajeno– y dejar las cosas tal como estaban. Sin ser un mal disco, “Thirteen” carece de originalidad, genio e inspiración, algo que Teenage Funclub transpiraban en cada estribillo a pesar de tomar como punto de partida sonidos tan evidentes. Lo cual ya era de por sí otro mérito añadido. ∎