“Dioses digitales bloquean mis pensamientos” es prácticamente lo primero que cantan Triángulo de Amor Bizarro en “Mi catedral”, su séptimo disco y el primero que publican bajo el paraguas de Sonido Muchacho. Luego vendrá aquello de “matar a un CEO, colgar a un rey”, “en Palestina Dios muere todos los días”, “el mundo se cae a cachos” o “policías corruptos bailan copiando vídeos de TikTok”, así que pocas dudas, más bien ninguna, sobre cúal sigue siendo el carburante creativo, la airada turbina nuclear, que alimenta a los gallegos. Guitarras al frente, jaleo apocalíptico y guerra abierta contra el tecnofeudalismo, la sociedad de control, la abulia política y las desigualdades sociales.
Tiempos viejos, tiempos salvajes y los Ramones atravesándoles el cuerpo como un cable de alta tensión en el impetuoso arranque de “En la corte del E.”. “Nuestro rencor no terminará / No vamos a olvidar”, vocean poco después en “Pat a trenca”, escalofriante invocación de Nirvana (o alrededores) para relatar la venganza de un grupo de críos contra un profesor autoritario.
Desde Sonido Muchacho defienden que “Mi catedral” es “una utopía mínima con reglas propias, un relato de resistencia escrito en clave de shoegaze”, señas de identidad que Isa Cea, Rodrigo Caamaño y Rafa Mallo, de nuevo rocoso power trío tras la salida del teclista Zippo en 2024, amplifican y desbordan con explosivos himnos tóxicos (“Diosas adolescentes”; o cómo resucitar a Garbage entre cataratas de distorsión), estribillos implacables y coléricos (“Odio a mi generación”), nihilismo rebozado en distorsión (“Media vida”), arrollador arrebato-protesta de sintetizadores y guitarras (“BBMVA a.r.m.a.s”) y una ristra de hits con vocación de tótem y vistas al pop adhesivo de los ochenta (“Mi catedral”, “La era chapada en oro” y “Sacrificio”).
El piano pesaroso de “SMT en el Palacio Real”, algo así como el lamento antes de la descarga, es prácticamente el único momento de pausa de un disco más abierto en lo melódico, con menos sombras industriales que “SED” (2023), pero idéntica pegada y autoridad. Moviéndose lo justo, consiguen dibujar un espectro sonoro más amplio en el que caben, haciéndose sitio a codazos, los sintetizadores melancólicos de Chromatics, el ritmo marcial de IDLES, las guitarras termodinámicas de My Bloody Valentine y Ride, el post-punk contrahecho de Joy Division, la puntería melódica de Los Planetas, el poso pop de The Cure y The Smiths… “Voy a hacer lo que pueda, pero nada más”, canta Isa en “Sacrificio”. Como si fuera poco.
De ser Triángulo de Amor Bizarro una célula armada, “Mi Catedral” sería su amenazante manifiesto. Unabomber en Boiro. Indie furioso y combativo, pero de cuando tanto lo indie como lo combativo eran algo más que chapas abolladas y eslóganes vacíos. ¿El disco más confrontacional y antiautoritario de Triángulo de Amor Bizarro? Probablemente. También uno de los más redondos y atinados en lo compositivo, con media docena de canciones –por lo bajo– que extrañaría que no se convirtieran en prácticamente fijas en sus repertorios. De momento, basta con imaginar a cientos (¿miles?) de personas coreando el estribillo final de “Matar a un rey” para que se erice el vello y el espinazo. ∎