Álbum

Varios

Lost In TajikistanRiverboat-World Music Network, 2023

Que finalmente podamos escuchar esta magnífica música roots asiática ha sido posible gracias a un cúmulo de casualidades y también de la tenacidad de los músicos autóctonos del Tayikistán y del veterano músico y productor británico Lu Edmonds, un bendito lunático de la música con un currículo que incluye a The Damned, Jane Aire And The Belvederes, Kirsty MacColl, Shriekback, Mekons, 3 Mustaphas 3, Public Image Ltd., Yat-Kha, Billy Bragg & The Blokes, Lol Coxhill o el grupo Les Triaboliques junto a su amigo Justin Adams.

Con tan impresionante bagaje Edmonds primero viajó a Tayikistán en 2004, patrocinado por una fundación, con el objetivo de digitalizar más de 2000 horas de archivos de audio de la era soviética en Dusambé, la capital del país. También pudo comprobar in situ la vitalidad del folk contemporáneo. Así que se prometió volver con una grabadora y dejar constancia de lo oído, tanto en la vertiente más puramente tradicional como en los actuales desvíos contemporáneos.

La primera sorpresa es el sonido mestizo de la música, y para entender esto se hace necesario detenerse en la historia y la geografía del país. La República de Tayikistán está ubicada en el Asia Central y limita al oeste con Uzbekistán, al sur con Afganistán y al este con la República Popular China. Antiguamente fue una zona gobernada por diferentes imperios y dinastías que van de la época sasánida a la mongol pasando por los timúridas y los soviéticos. Desde 1991 es una nación independiente. Tras una guerra civil entre clanes, tomó el poder Emomali Rahmon, que ejerce hasta la actualidad una férrea dictadura cuyos desmanes son denunciados por Amnistía Internacional.

Ante este desolador panorama la música es como un bálsamo que aglutina influencias de la ruta de la seda y también del sur de Asia, con una sofisticación construida con la ayuda de instrumentos de origen persa como el setar, el laúd dutar o dotar, el rubab, originario de Afganistán y Cachemira, o el tanbur, otro instrumento de cuerda pulsada de uso muy extendido en toda Asia, así como el ghijak o el determinante pandero daf y la tabla. El disco se grabó entre Dusambé y poblaciones de las montañas del Pamir.

El encargado de abrir el disco es el ensemble tradicional MIZROB, que firma los cinco primeros temas, sentando el mood canónico de un sonido que pivota sobre los instrumentos de cuerda y la percusión, alternándose al ritmo y a las florituras melódicas, en instrumentales como “Ruzi Hush” o “Mazori Sarif”, cuyo armonio supone un fuerte punto de conexión con la música indostánica, algo que se hace mucho más evidente en el tema cantado “Laylijon”, cuya sonoridad nos traslada directamente a las formas de la India. Siendo los pamiris una minoría islámica, su música, como se puede comprobar en “Yorma Na Didam”, conecta también con el qawaali pakistaní, con percusión de tabla y un gran trabajo del armonio de fuelle en “Hurshedam”.

El siguiente protagonista es el guitarrista SAMANDAR PULODOV, que fusiona música tradicional y contemporánea en tres temas. En el primero, “Ay Gulak”, voces y guitarra protagonizan una mezcla entre folklore y trance en el que destacan flauta y sobre todo el arpa de boca. Por su parte “Dam Hama Dam (Ali Ali)” se parece a la música bhangra del Punjab, con protagonismo destacado de los tambores de doble membrana, melismas vocales, guitarra eléctrica y una producción que le da un tono de psicodelia oriental. Tras esta cumbre de fusión llega “Dili Dilidor”, otra andanada electroacústica que no le va a la zaga, con un beat cercano al funk y una guitarra eléctrica rezumando distorsión, entre unas voces dignas de un party de qawwali y de nuevo percusión bhangra y el arpa de boca reverberando hasta el infinito.

Con el grupo SAMO (cielo, en tayiko) volvemos al acervo tradicional. Sus dos temas, “Mastynoz” y “Yod Bod”, reflejan el sonido más puro de la cordillera del Pamir, mostrando los géneros darguilik (canción lamento) y falak (canción fúnebre). De allí también procede DAVLAT NAZAR, más en concreto de Jorog, la capital de la provincia de Alto Badajshán, responsable con su grupo de otros tres temas; el primero, “Man Ba Didani Gul”, es un instrumental que no cuesta imaginarlo conectado con el flamenco. En cambio la voz femenina que protagoniza “Ali Sheri Khudo” transporta a los melismas y las formas poéticas del gazal, mientras que la breve “Bakhor”, más que rústico folk, parece música de cámara propia de un palacio de Isfahán.

Para rematar el disco nada como captar el ambiente musical de pueblos más remotos aún, como el trance construido sobre voces de llamada y respuesta y percusión que propone SULTON NAZAR en “Omadeh Mehmoni”, a la manera de una lila gnawa, y sobre todo el gran final con los 16 minutos de “Daf Soz”, cortesía de SHANBE, con el desnudo primitivismo ritual de unas voces que son pura invocación y el único acompañamiento de pandero. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados