El armario público. Foto: Jeff Cottenden
El armario público. Foto: Jeff Cottenden

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Jon Savage

“Creo que llevaba treinta o cuarenta años preparándome para escribir este libro”

21.07.2024

El escritor y periodista cultural británico acaba de publicar en España “El público secreto. Cómo los artistas LGBTQ moldearon la cultura popular (1955-1979)”, una obra realmente importante de la que hablamos a fondo en una entrevista que también se abre a revelaciones, como la de que dejó el periodismo musical tras la muerte de Kurt Cobain. Afortunadamente, se retractó y, a sus 72 años, sigue entregando trabajos mayúsculos.

Lo primero que hace Jon Savage al aparecer en la pantalla durante la videollamada es mostrarme el retrato de Brian Epstein realizado por el fotógrafo Robert Whitaker que preside la pared de su cuarto, en algún lugar del País de Gales. El que fuera mánager de los Beatles es uno de los muchos protagonistas de “El público secreto. Cómo los artistas LGBTQ moldearon la cultura popular (1955-1979)” (“The Secret Public. How LGBTQ+ Resistance Shaped Popular Culture (1955–1979)”, 2024; Liburuak, 2026; traducción de Tito Pintado), una obra descomunal que parece que era la que estaba destinado a escribir desde que comenzase haciendo fanzines en 1976. “Llevaba mucho tiempo pensándolo”, concede el escritor y periodista, nacido en Londres en 1953. “Me pareció lo más lógico, sobre todo siendo gay y habiendo estado involucrado en la cultura popular. La mayoría de los libros que he escrito los he hecho porque creía que había un tema que necesitaba ser tratado y nadie lo había hecho de una forma que me satisficiera, así que lo tenía que hacer yo. Eso sucedió con mis libros sobre el punk (se refiere a “England’s Dreaming. Los Sex Pistols y el punk rock”, de 1991; Reservoir Books, 2009); sobre 1966 (“1966. The Year The Decade Exploded”, de 2015) y sobre la adolescencia (“Teenage. La invención de la juventud. 1874-1945” de 2007; Desperta Ferro, 2018). Ya existen libros sobre música gay”, añade. “Como uno de Martin Aston titulado ‘Breaking Down The Walls Of Heartache. How Music Came Out’, que básicamente enumera a personas gais y lesbianas, LGBTQ. Pero no quería escribir algo parecido, él ya lo había hecho y es una fuente muy buena. Quería hacer algo diferente”.

Tres obras imprescindibles.
Tres obras imprescindibles.

¿Cuánto tiempo te llevó hacerlo?

Lo empecé durante la pandemia. Quería mantenerme ocupado mientras estábamos todos confinados, así que pensé: “Bueno, ya que no se puede ir a ningún lado, podría escribir un libro”. Me llevó tres años, a lo que hay que sumar uno más de producción. En el Reino Unido se publicó en 2024. También utilicé algunas entrevistas que había hecho antes, material histórico que tenía. En muchos sentidos, creo que llevaba treinta o cuarenta años preparándome para escribir este libro.

El título es el mismo que el de un fanzine que hiciste dedicado a los Buzzcocks hace mucho tiempo. La verdad es que es muy potente. Enfatiza la idea de clandestinidad, de algo oculto.

Aquel fanzine lo hice a finales de 1977, principios de 1978, con Linder Sterling. Creo que se puede encontrar online. Luego se hizo cargo New Hormones, la propia agencia de representación de Buzzcocks. Cuando estaba pensando en títulos para el libro, alguien sugirió “Tutti Frutti”, como la canción de Little Richard, pero yo no quería eso, no quería música. Entonces pensé en “El público secreto”, y me pareció que funcionaba muy bien, porque, como acabas de decir, muchas de las personas que aparecen en el libro vivían en secreto, al igual que lxs fans y las personas LGBTQ de aquella época. Pero también eran público. Eran personas. Formaban parte de la sociedad. Pagaban impuestos. Trabajaban. Así que es una mezcla de ambas cosas. Es decir, las personas LGBTQ son público, no son algo que se pueda ignorar e insultar.

En realidad, construyes una revisión de la historia del pop desde un punto de vista inusual.

Intenté profundizar un poco más y también quise ofrecer una perspectiva diferente. El libro consta de cinco partes, con siete capítulos cada una. En dos capítulos de cada parte, analizo la situación legal y social en Inglaterra y Estados Unidos. Es importante contrastar esto con lo que sucedía en la música, porque esa era la realidad. Y contra eso luchaban las personas, todxs aquellxs sobre quienes escribo. Es un libro de gente muy valiente. Y también es un libro lleno de rabia, lo cual me parece perfectamente correcto. Porque no hay razón para que las personas LGBTQ sean discriminadas; es una auténtica barbaridad. No hay justificación alguna.


“Intenté profundizar un poco más en la historia LGBTQ y también quise ofrecer una perspectiva diferente. Analizo la situación legal y social en Inglaterra y Estados Unidos. Es importante contrastar esto con lo que sucedía en la música, porque esa era la realidad. Y contra eso luchaban las personas”


Ese contraste con el clima social, mediático y jurídico es muy interesante, porque también demuestra la fuerza y ​​el poder que tuvo la cultura pop para liderar la liberación de las personas LGBTQ.

Sí, y creo que aún lo hace. Pero, sin duda, en el período del que hablo, de 1955 a 1979, fue muy, muy poderoso. El libro comienza y termina con dos artistas afroamericanos bastante extravagantes: Little Richard y Sylvester. Reconoce el origen de esta música en la comunidad afroamericana, lo cual es muy importante.

¿Qué te llevó a estructurar la historia en torno a esos cinco momentos clave? ¿Por qué estos años concretos?

Una de las peores cosas que se pueden hacer en un libro es pretender que sea el definitivo. Este libro no lo es. Y está bien. Es un libro, no una enciclopedia. Así que pensé: “¿Por qué no me centro en cinco momentos?”. Luego se trataba simplemente de averiguar qué encaja en cada línea de tiempo. “¿Qué puedo incluir? ¿Qué hacía James Dean? Ah, está muerto, pero su película sigue ahí. ¿Qué hacía Elvis? ¿Qué hacía Johnnie Ray? ¿Qué hacía Little Richard en noviembre de 1955?”. Es cierto que no hay muchas artistas lesbianas en ese libro, pero es que no había muchas durante ese período. Hay una cantante sobre la que podría haber escrito, pero consulté con la gente que trabajó con ella y me dijeron que no ha salido del armario, y yo no quiero revelar la orientación sexual de nadie, ese no es el propósito del libro. Tampoco incluí mucho de Elton John porque no me gusta Elton John. Así de simple. Es mi libro. No me gusta su música. No me gusta su voz.

Uno de los momentos más trágicos del libro es cuando cuentas las historias de Joe Meek, Joe Orton y Brian Epstein. Pertenecían a una generación que lo pasó mucho peor. Paradójicamente, todos murieron en circunstancias trágicas en 1967, el año en que se aprobó la despenalización de la homosexualidad en Reino Unido.

Es realmente extraordinario. Cuando era joven conocí a hombres homosexuales mayores, nacidos en los años veinte y treinta del siglo XX, que quedaron muy marcados por la situación. En cambio, la generación de la posguerra empezó a decir: “Se trata de nuestras vidas, somos homosexuales, vamos a hacer lo que queramos”. Lo pasaron muy mal porque muchos de ellos estaban entrando en la adolescencia a principios de los cincuenta, cuando se desató la histeria contra los homosexuales y se les perseguía. Se les consideraba traidores, comunistas o lo que fuera. Joe Meek nació en 1929, Joe Orton en 1933, Epstein en 1934. Todos pertenecían a esa generación. No hay nada como un poco de autodesprecio para arruinarte la vida. Mucha gente gay todavía lo padece.

Jon Savage en 1978: punk boy. Foto: Ruby Ray (Getty Images)
Jon Savage en 1978: punk boy. Foto: Ruby Ray (Getty Images)

Entiendo que en el libro hay mucho de ti mismo, pero no entras en detalles de tu vida personal. Solo hablas de otros personajes en tercera persona. ¿Fue difícil evitar esa tentación, dada la tendencia actual a escribir desde el ego?

Es que eso no me gusta. Lo desapruebo. Estoy escribiendo historia, no unas memorias. Mi trayectoria es relativamente poco importante en ese sentido. Creo que es una tendencia muy perniciosa en la escritura musical moderna, elevar la autobiografía por encima de todo lo demás. No todas las experiencias personales son interesantes. Es una lacra.

El hecho de que lxs artistas de lxs que hablas vivieran al margen también ayudó a crear música que desafiara las normas. Eso también lxs hace más creativxs. Al final, transmites la idea de que lo queer siempre está detrás de las innovaciones más importantes en la música pop.

Una de las partes del libro que me pareció realmente inspiradora fueron los inicios de la música disco. No sabía mucho sobre eso. Tuve que investigar y lo disfruté mucho. Todos esos discos son geniales. “Girl You Need A Change Of Mind” de Eddie Kendricks o “Make Me Believe In You” de Patti Jo son fabulosos y representan un momento realmente interesante antes de que la música disco y el estilo gay clonado se consolidaran. Disfruté mucho escribiendo esa parte. Por supuesto, el libro termina en 1979 con Sylvester, porque fue el primer artista abiertamente gay en tener un gran éxito. No se disculpó por ello, lo cual fue genial. A diferencia de Village People, que eran una caricatura gay, pero se negaban a identificarse como tales.

En el último capítulo conviven el punk y la música disco. Tú adquiriste notoriedad escribiendo sobre lo primero y viviéndolo desde dentro, pero en el libro es un movimiento que no sale tan bien parado.

A medida que envejezco, me gusta mucho la música disco, y probablemente la escucho más que el punk ahora. Pero recuerdo que viví casi un año de punk realmente vibrante. Aquella primera ola, ya sabes: Sex Pistols, The Clash, Buzzcocks… Después, alrededor de agosto de 1977, escuché “I Feel Love”, de Donna Summer. Para mí, lo esencial del punk residía en que era el futuro. Y de repente, en el verano del 77, dejó de ser el futuro, porque la industria musical se apoderó de él y aparecieron todos esos grupos de rock de cuatro integrantes haciendo “na-na-na-na-na-na-na”. Y todos eran bastante malos. “I Feel Love” es uno de los discos del siglo XX y pensé: “Sí, este es el camino a seguir, la música electrónica”. También me gustaban mucho “Trans Europe Express”, de Kraftwerk, los dos álbumes de Bowie de ese año (se refiere a “Low” y “Heroes”) y había un álbum de eurodisco llamado “Magic Fly”, de Space, que era realmente genial. Pero la música disco era fantástica. Tuvo muchísimo más éxito que el punk y fue probablemente más importante. Para los críticos de rock era más fácil escribir sobre el punk porque, en sus inicios, contenía mucho significado que necesitaba ser desentrañado, y ese era un buen recurso para abordar lo que estaba sucediendo en Gran Bretaña.


“Una de las partes del libro que me pareció realmente inspiradora fueron los inicios de la música disco. No sabía mucho sobre eso. Tuve que investigar y lo disfruté mucho. Todos esos discos son geniales. Disfruté mucho escribiendo esa parte”


¿Por qué lo terminas en 1979?

Porque no quería escribir sobre el sida. Quería finalizar en un punto alto, no con un bajón.

Decías antes que este es un libro lleno de rabia, y entiendo que eso está muy relacionado con el clima actual. Mucha gente puede que no sea consciente de lo peligroso que es revertir los derechos por los que tantas personas sufrieron tanto…

Gran parte de mi enojo proviene de lo que te contaba, de haber conocido a hombres gais mayores que yo. Odiaba la forma en que casi todos estaban realmente jodidos. Eran alcohólicos o no podían formar relaciones o lo que sea. Y me molestaba mucho porque eran personas fabulosas, así que ¿por qué tenían que arruinarles la vida por un prejuicio estúpido? Y es un prejuicio estúpido. De hecho, en un mundo ideal, la sexualidad y el género de una persona no deberían ser un problema en absoluto. No debería interesarle a nadie. Hay muchos temas más importantes, como el cambio climático y los líderes psicópatas como Putin, Netanyahu y Trump. Esos son los grandes problemas, no si alguien tiene disforia de género y lo está pasando muy mal. Hay un par de personas trans en el libro. Solo un par. En particular, Jayne County, a quien conocí hace mucho tiempo. Ella era una persona fabulosa. Me caía muy bien, era muy divertida e inteligente. Yo nunca pensé: “¡Oh, es trans!”. Era simplemente Jayne. Y es extraño que ahora hayan creado todo este gran problema al respecto, que, como dije, es solo una distracción de asuntos mucho más serios. Pero está causando mucho daño a la gente. Atacar a las personas trans es el punto de entrada para que la nueva derecha y los fundamentalistas cristianos arremetan de nuevo contra las personas LGTBQ en general. Sea cual sea la relación entre las siglas, toda la idea de lo LGTBQ ha sido una estrategia política muy exitosa. Y realmente ha funcionado. Pero en el libro se menciona que cada vez que hay avances en los derechos de cualquier índole, siempre hay resistencia. Y eso es lo que estamos viendo ahora.

Mi última pregunta se sale de la línea temporal del libro, pero no del tema general. Tú hiciste la mejor entrevista a Kurt Cobain que he leído. Él también fue una figura muy importante en la reivindicación de la cultura queer en los medios de comunicación masivos. ¿Cómo lo recuerdas?

Oh, me caía bien Kurt. Lo entrevisté en julio de 1993, cuando Nirvana era la banda más grande de Estados Unidos. Me recordó a la situación de los Sex Pistols en Gran Bretaña en 1977, porque también era la banda más grande del país y nadie sabía qué iba a pasar con ellos. Toda la situación a su alrededor era caótica, pero Kurt era muy inteligente. Era muy franco. Era muy abierto. Parecía un poco desaliñado, no muy saludable, pero era bastante sarcástico y divertido, y amigable y feliz cuando hablamos de temas gais. Mi cita favorita suya fue cuando mencionamos la película “Carrie” (Brian De Palma, 1976) y dijo: “Sí, yo era la persona con más probabilidades de matar a toda la escuela en el baile de fin de curso”. Pero había dos cosas que no entendía de él: la heroína y las armas, que es algo de lo que siempre me he alejado en la vida. Y luego, el estúpido imbécil… A la mañana siguiente de la entrevista estaba casi muerto. Había sufrido una sobredosis. Todo fue ridículo. Yo me sentí muy mal porque me identificaba mucho con Nirvana. Y la verdad es que, después de su muerte, en 1994, dejé de ser periodista musical. Yo tenía 40 años y pensaba que todo el mundo debería dejarlo a esa edad. Además, creía que Nirvana era, en cierto modo, el grupo de rock definitivo. Ellos fueron, para mí, el último grupo de rock. ∎

Un libro definitivo

JON SAVAGE
“El público secreto. Cómo los artistas LGBTQ moldearon la cultura popular (1955-1979)”
(Liburuak, 2026)

“Era el principio de los años sesenta, aunque muchas leyes y actitudes relativas a la homosexualidad databan del siglo XIX. El arte y la cultura llevaban mucha ventaja a legisladores, políticos y gran parte de la prensa. El cine, los anuncios, la literatura, el arte y la música pop del momento hacían las veces de caballo de Troya; transmitían ideas, sonidos e imágenes más liberales que anticipaban cómo podría ser la vida para los gais, pero también para hombres y mujeres en general. La diferencia entre la vida real y lo que podría llegar a ser resultaba tan frustrante como esperanzadora”.

Podrían haber sido otros muchos, pero escojo este párrafo para introducir una de las ideas clave de esta colosal obra, más de 800 páginas que no dejan ni un segundo para el respiro ni la distracción. Una historia cultural y política como nunca antes te habían contado y que no solo impugna el canon hegemónico del pop (heteronormativo, por supuesto), sino que va mucho más allá. De hecho, puede que esa reversión ni siquiera estuviera entre los objetivos de Jon Savage. Su intención va más por la puesta en valor de figuras que, exponiéndose o rompiendo las normas, empujaron hacia la integración social de la disidencia sexual en épocas brutalmente represivas (todas, en mayor o menor medida, lo han sido, como queda de manifiesto a lo largo del libro). Pese a ello, el británico no cae en la tentación fácil del victimismo ni en el sentimentalismo. Su estilo nunca ha incurrido en ello. Al contrario, su narración es vibrante, a la par que exhaustiva, crítica, punzante, fina, elocuente, reveladora y muy documentada: dedica setenta páginas a especificar todas las fuentes que ha utilizado. Valor añadido es el acierto por parte de Liburuak de encargar la traducción (¡excelente!) a Tito Pintado.

El autor de “England’s Dreaming. Los Sex Pistols y el punk rock” (1991; Reservoir Books, 2009) articula su relato en los que considera cinco momentos clave: noviembre de 1955, septiembre de 1961, junio de 1967, enero de 1973 y enero de 1978. En ellos, narra en paralelo las historias de diversas figuras del pop con detalladas crónicas de cuál era el clima social de la época en lo que respecta a la homosexualidad, tanto a nivel mediático como político y legislativo, y qué avances –o retrocesos– se producían dentro del activismo por la igualdad y los derechos civiles. Savage también es audaz al no hablar solamente de artistas estrictamente LGBTQ (como regla metódica, me ciño a las siglas que se utilizan en el libro). De hecho, no le interesa tanto hablar de la orientación sexual de cada artista como en lo que consiguieron. Así, incluye a heteros como Elvis Presley o The Rolling Stones por su valentía a la hora de transgredir los rasgos aceptados de lo que debía ser la masculinidad y por su influencia a la hora de abrir las mentes del público masivo.

Por sus páginas asistimos a las fascinantes historias de figuras célebres de las que no lo sabíamos todo y otras de las que no sabíamos casi nada: Johnnie Ray y James Dean (los primeros en transmitir que los hombres también podían mostrarse perdidos y vulnerables), Joe Meek y Billy Fury; Dusty Springfield, Janis Joplin y Janis Ian; Brian Epstein, Andy Warhol y The Velvet Underground; David Bowie y The New York Dolls; Tom Robinson, Harvey Milk y Derek Jarman… Solo se le podría reprochar que se centre únicamente en Reino Unido y Estados Unidos, rémora habitual en el mundo anglosajón, pero me llamó la atención la reivindicación del camerunés Manu Dibango y la mención, en aquellos años pre-disco, de los españoles Barrabás.

A sus 70 años, Savage, indiscutiblemente uno de los mejores periodistas culturales de todos los tiempos, ha entregado una de sus obras más importantes, si no la que más. Un trabajo fundamental –que puede/debe complementarse con la selección musical que el propio Savage hizo en esta compilación– para ayudarnos a entender un largo proceso social y cultural y el enorme valor del pop como mucho más que una forma de construir identidades y cambiar vidas. Por más que él se niegue a decirlo, el libro definitivo sobre este ámbito de análisis. ∎

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