La primera pregunta que se hace cualquiera que vea a un dúo underground de Madrid grabando con gente como Pete Simonelli –cantante de Enablers, además de escritor– o el añorado Mark Lanegan –sobran las presentaciones– es cómo coño lo han conseguido. Pero tiene fácil explicación. El baterista Jorge Fuertes es un currante de esta industria en diferentes formas desde hace ya bastantes años: toca en Nudozurdo y ha marcado el ritmo a grupos como We Are Standard, Doss o The Pleasure Fuckers, además de haber sido promotor de conciertos y de formar parte de la plantilla de Everlasting Records. En todo este tiempo ha trabajado con infinidad de artistas cuajando una buena relación con algunos de ellos, y lo único que tuvo que hacer fue tirar de agenda para ofrecer sus propuestas de alianza creativa con Agrio, el grupo instrumental que tiene con el guitarrista David Flores, antiguo compañero en doss.
Tras lanzar los EPs “La Murga” y “The Thin Man” en 2020 con las mencionadas colaboraciones estelares, la dupla vuelve ahora con un nuevo trabajo en el que ha contado con otro invitado estadounidense de alta alcurnia indie: Scott McCloud, figura eminente de la escena neoyorquina que ha alternado su carrera entre bandas como Girls Against Boys, Soulside, Paramount Styles o New Wet Kojak. Juntos han grabado “Repeat To Infinity”, último EP de una trilogía que ha sido recopilada en un álbum convenientemente bautizado como “El amigo americano” (God Unknown-Popstock!, 2024), título que guiña el ojo a la película homónima de Wim Wenders, a su vez inspirada en la novela “El juego de Ripley” (1974), de Patricia Highsmith.
“¿Hace cuánto que nos conocemos, quince años más o menos?”, se pregunta McCloud en una conexión Zoom a tres con Jorge Fuertes y Rockdelux. “Sí, exactamente quince”, responde el baterista. “Siempre he sido muy fan de la música de Scott, desde que era adolescente. Durante un tiempo fui promotor underground trayendo bandas internacionales a Madrid, y en 2009 monté un concierto de Paramount Styles. Desde entonces mantuvimos contacto por mail, y volví a traerlo unos años después. Agrio es una banda instrumental, Scott es uno de nuestros cantantes favoritos y yo lo tenía en mi agenda. Por eso fue lógico pensar en él. Además, cuando componíamos las canciones ya imaginábamos cómo las cantaría. Es un tipo majísimo que siempre se apunta a los proyectos que le parecen interesantes, así que fue fácil”.
“Recibí un correo electrónico de Jorge comentándome la idea, y cuando escuché sus grabaciones enseguida me enamoré de la forma en que se compenetra con David al tocar. Las canciones tenían mucha musicalidad y eran muy interesantes para mis oídos. Se podía percibir, detectar perfectamente que eran dos músicos tocando de forma muy personal, y eso activó inmediatamente mi imaginación para pensar en cómo podría hacer mi aportación al proyecto. Escuchaba los temas y me decía a mí mismo ‘¿qué podría hacer yo ahí?, ¿cómo podría cantarlo?, ¿qué ‘riff’ de guitarra metería?’. Empecé a jugar con las grabaciones durante un tiempo, quizá demasiado para Jorge (lo dice entre risas), y fui avanzando fases progresivamente hasta tener clara toda mi colaboración. Cuando la gente me pide que colabore en este o aquel proyecto no siempre digo que sí. Tengo que verme, imaginarme dentro de la propuesta. Y con Jorge y David pude ver claramente que había una simbiosis potencial muy interesante. También porque al conocerlos me parecieron muy buenos tipos, con los que podía conectar. He girado mucho por el mundo y así se conoce a mucha gente, pero te aseguro que no siempre te cruzas con personas con las que sientes que puede haber una amistad”.
Las labores de composición de las letras evidentemente corrieron a cargo de McCloud, que se sumergió en un proceso compositivo que mezcló el reciclaje y la creación desde cero. “Al escuchar los temas en casa volvieron a aparecer ante mí algunas ideas que llevaban rondándome la cabeza durante mucho tiempo”, explica. “También tiré de mis libros de notas, donde tengo escritas un montón de reflexiones, introspecciones, pensamientos, esbozos de letras y demás, y de todo ello fui extrayendo lo que me interesaba para crear algo nuevo. Fue excitante, porque hacer música siempre es liberador, pero no sé cómo explicarlo… Componer para Agrio me hizo sentir otro tipo de libertad, en la que me sentí muy cómodo para escribir letras que fueran susceptibles de múltiples interpretaciones, porque nunca me ha gustado lanzar mensajes directos”.
El modus operandi con “Repeat To Infinity” fue muy diferente al de los EPs con Simonelli y Lanegan, ya que aquellos se elaboraron íntegramente en remoto, enviando las pistas por correo electrónico, pero con McCloud también trabajaron en persona en los estudios madrileños Reno y El Purgatorio. “Scott lleva un tiempo viviendo en Europa y eso lo facilitó mucho”, explica Fuertes. “Vino a Madrid, tocó los temas con nosotros antes de entrar al estudio, pasamos una semana juntos escuchando los ensayos... Todo eso le da un toque más humano a este EP. Y esta forma híbrida de trabajar, tanto por mails como en persona, combinando la tecnología con el espíritu ‘old school’, es la que nos gustaría aplicar en las futuras grabaciones de Agrio. Al final, lo que mola de todo esto es tener una excusa para ver a viejos amigos”, asegura, riendo también.
Jorge describe toda esta aventura con un tono tan sosegado que uno se pregunta si no se habrá malacostumbrado al lujazo de tocar con sus héroes de juventud. Pero es en ese momento de la conversación donde brota el chaval que descubrió a McCloud con apenas 20 años. “Al verme en el estudio con él, el Jorge adolescente se estaba pellizcando para saber si lo que estaba pasando era verdad”, describe con el rostro iluminado. “Era raro porque al mismo tiempo sentía que estaba con un colega de toda la vida, con un ser humano normal y corriente, lo cual creo que es una de las claves de esta colaboración. Nunca le hemos tratado como a un ídolo, sino como a un músico más con el que tocar. Pero en el fondo… ¡sí! Esto ha sido otro sueño cumplido”.
Jorge reconoce así que Agrio tiene algo de “capricho”, al ser una herramienta que utiliza “para ir tachando artistas” de su “lista de deseos”. Y precisamente por eso tenía sentido reunir todo lo logrado hasta ahora en un vinilo de doce pulgadas que se publica con God Unknown, selecto sello del británico Jason Stoll –Mugstar, JAAW, Sex Swing, DØMES– que acoge los proyectos de artistas tan interesantes como White Hills, Wellwater Conspiracy, Duke Garwood, Monster Magnet o Cassels entre muchos otros. “Los anteriores EPs los sacamos con Broken Clover Records, y en esta ocasión surgió lo de God Unknown a través de Scott, que es amigo de su director”, cuenta el batera. “Él escuchó los temas, le gustaron mucho y nos dijo que le encantaría sacarlos. Así que fue dicho y hecho. El EP que hicimos con Mark Lanegan llevaba mucho tiempo descatalogado y era imposible conseguirlo en formato físico, y a la vez queríamos cerrar un capítulo. Por eso la idea de reunirlo todo en una compilación nos pareció perfecta. Así cerramos una trilogía”.