A la sociedad le encanta encasillar, pero eso no preocupó en absoluto a Avalon Emerson a la hora de saltar de su papel de DJ y productora electrónica al de artista (art y dream)pop. “Solo me preocupaba que las canciones fueran lo mejores posibles”, cuenta a Rockdelux en entrevista por videollamada. Misión cumplida: “& The Charm” –los Charm son su esposa Hunter Lombard, su amigo Keivon Hobeheidar y Bullion, también coproductor del proyecto– fue uno de los mejores discos de 2023, incluso uno de los cinco mejores para quienes crecimos venerando a Cocteau Twins y One Dove.
En el también adorable “Written Into Changes” (Dead Oceans-Popstock!, 2026), la versátil artista insiste en el ensueño, pero a la vez se marca una colección de canciones menos tímida, con grooves más descarados, apuntes de seria oscuridad y cierto clima de trip. Si el anterior disco se hizo pensando en habitaciones, este se ha hecho pensando más en escenarios de grandes festivales. Lo que no significa que el contenido lírico sea menos íntimo, más bien todo lo contrario, como la propia Emerson explica en esta entrevista.
Parece que te asientas en esta nueva faceta pop. ¿Te has sorprendido a ti misma o era un poco el plan desde siempre?
Desde luego, este no era el plan. Llevo trabajando como DJ desde hace una década y todavía me sigue encantando, igual que producir para la pista. Pero me gustan muchas clases de artistas, de muchas épocas diferentes, y la mayoría no son música de baile. Me entusiasmé con la idea de hacer algo más claro, más vulnerable, e intentar probar cosas a nivel de producción.
En comparación con “& The Charm”, este nuevo disco suena más rotundo, extraño y psicodélico. ¿Estás de acuerdo?
Ese era un poco el propósito. El primer álbum fue, en cierto sentido, de exploración. Un intento de hacer algo diferente, en un formato y con un estilo musical nuevos para mí. Una vez hecha esa demostración conceptual, podía permitirme sonar más grande y osada y usar nuevas cosas que he ido aprendiendo.
¿Cómo entraste en contacto con Bullion?
Cuando vivía en Berlín, mi amigo Nathan Micay vino a casa un día y me dijo: “Tienes que oír una canción”. Y era “Blue Pedro” de Bullion. Aluciné con ella. En 2018 actué en Lisboa y aproveché para darle un toque y grabar un día en su estudio. De allí acabó surgiendo la versión de The Magnetic Fields (se refiere a “Long Forgotten Fairytale”) que incluí en mi mix para la serie “DJ-Kicks” de 2020. Cuando quise hacer todo un disco vocal, enseguida pensé en él como coproductor.
Creo que ambos, además, consideráis el período que va de 1987 a 1994 como el más brillante en la historia de la música. No puedo estar más de acuerdo.
En aquel momento existía una estructura independiente mucho más sólida que ahora. Había internet, pero aún se vendían CDs y vinilos. En un escenario como ese pueden suceder muchas grandes cosas. Cuando todo se concentra en plataformas de streaming y las tiendas de discos independientes tienen menos importancia, es más fácil que ganen dinero solo unos pocos y que solo los artistas famosos hagan música cómodamente. En aquel momento, incluso un artista sin mucho dinero podía vivir en una gran ciudad e interactuar con otros artistas y hacer cosas.
¿Tenías una especie de tablero de inspiración para el nuevo disco?
Todo acaba siendo espontáneo. Es solo mi segundo álbum, así que tengo muchas cartas por enseñar. Sabía, en cierto modo, hacia qué sonidos iba a ir, porque son los que me gustan. Seguramente medité más sobre el tema de las letras.
¿Dirías que existe un hilo que conecte el repertorio? Detecto remordimiento.
Cuando escribo letras siempre acabo recordando alguna situación y tratando de observar desde una perspectiva más amplia. Un poco como si alejara el zum. Cuando eres DJ puedes tener bolos cada fin de semana, no dejar de viajar, hacer dinero… Todo eso está muy bien, pero puedes sentirte como en una cinta de correr. Empecé a pensar mucho en mi familia, en mi casa y en dónde quiero estar en mi vida.
Se aprecia también un nuevo grado de intimidad. “Country Mouse” es una canción compuesta para tu mujer, ¿verdad?
Desde luego, me expuse más componiendo estas canciones. Y eso puede ser incómodo. Mostrarte vulnerable es incómodo. Pero al final me dije que ser más directa era bueno. Haces las canciones para conectar con la gente, y eso no es posible, creo, sin mostrarte vulnerable.
El tarareo al principio de “Eden” recuerda a Caroline Polachek, pero el estribillo es menos art-pop que pop de FM de los noventa. ¿Era la intención?
Cuando hicimos el primer disco muchas de las canciones cogieron forma en un entorno tranquilo. Cuando tocó llevar los temas de gira hubo que transformarlos bastante. Esta vez quise hacerlos grandes desde el principio, así que con “Eden” nos lanzamos enseguida a por un breakbeat contundente y un estilo más impetuoso.