Amor alucinógeno. Foto: Trent Tomlinson
Amor alucinógeno. Foto: Trent Tomlinson

Entrevista

Jessy Lanza, zonas erógenas

Tras fundir R&B, melodías de metacrilato y ritmos propios de la pista de baile en tres de los mejores discos pop de la última década, Jessy Lanza encuentra en “Love Hallucination” una fuerza y una confianza inusitadas. Es su álbum más sexi y exultante.

Las caras radiantes de Mariah Carey, Janet Jackson o Monica, congeladas en sonrisas atómicas capaces de atrapar toda la plenitud de la juventud en un póster, seguramente custodiaron a una Jessy Lanza adolescente desde las paredes de su habitación en Hamilton, la ciudad canadiense en pleno declive posindustrial donde creció. La voz de Jessy no llega a alcanzar la amplitud ni el poder de esas reinas del R&B, ni lo pretende, pero sabe aprovechar la mezcla extraña de intriga y dulzura de su registro más agudo. Así, arma el corazón melódico de un sonido tan obsesionado con la historia del pop como con su futuro, que ha fabricado a lo largo de los últimos diez años junto con Jeremy Greenspan (la mente privilegiada para el pop sintético detrás de Junior Boys).

La huella de Greenspan puede palparse sobre todo en “Pull My Hair Back” (Hyperdub, 2013), un primer álbum tan cercano a lo perfecto que parece mentira que realmente fuera el primero. Pero desde el principio Jessy ha coescrito y coproducido cada una de sus canciones: su talento nunca se ha dejado ensombrecer por la mano de Greenspan.

En todo caso, trabajar con él desde que empezó la ha ayudado a crecer sin dar pasos en falso, reforzando su intuición para la melodía, su afinidad por los ritmos fragmentados –tan deudores de la suciedad del techno como de la geometría imposible del footwork de Chicago– o los brillos reflectantes de Yellow Magic Orchestra y estrellas del city pop japonés como Miharu Koshi o Akiko Yano.

Conectamos nuestras cámaras y Jessy saluda con una sonrisa incómoda, resuello y rubor en las mejillas. Todavía es temprano en Los Ángeles, pero ella parece apresurada. Llega tarde y lo primero que hace es disculparse. Detrás de ella hay una caja de ritmos y controladora MPC de Akai y un montón de sintetizadores. Es el mejor recordatorio de que su saber hacer para el pop va mucho más allá de ser la voz y la cara de sus canciones: no solo es infalible a la hora de servir ganchos y estribillos, sino que es una excelente productora, con mucho talento para construir ritmos y líneas sintéticas.

“Casi nadie tiene ni idea de lo que supone hacer un disco. No voy a sentirme mal por querer trabajar con otros productores, por querer apoyarme en ellos. No quiero tener que hacerlo todo yo sola y acabar completamente agotada. No creo que eso sea bueno para las canciones”

“Quizá me sentía más insegura como productora hace unos años. Ahora tengo mucha más confianza a la hora de trabajar en la producción de mis temas”, responde más adelante en nuestra conversación. “Es frustrante tener que seguir explicando lo mismo. Muchas veces los comentarios de la gente no tienen maldad, pero casi nadie tiene ni idea de lo que supone hacer un disco. No voy a sentirme mal por querer trabajar con otros productores, por querer apoyarme en ellos. No quiero tener que hacerlo todo yo sola y acabar completamente agotada. No creo que eso sea bueno para las canciones”.

Con “Oh No” (Hyperdub, 2016) y “All The Time” (Hyperdub, 2020), Jessy afiló las aristas de sus ideales pop: los ritmos sonaban más ágiles y las melodías ganaron vigor. Y su personalidad fue cobrando fuerza. Ella ha ido sintiéndose cada vez más cómoda y libre hasta llegar a “Love Hallucination” (Hyperdub, 2023), un álbum que la muestra en un momento especialmente dulce en el cruce entre el candor R&B, la emoción pop y la euforia de la discoteca.

Ha habido un cambio fundamental a la hora de afrontar estas canciones: es la primera vez que ha abierto la producción de los temas, saliendo del círculo de confianza que había cerrado con Greenspan durante los últimos diez años, para traer a Pearson Sound, Jacques Greene, Tensnake y Paul White a su mundo. Eso sí, su relación creativa con Greenspan sigue sin dar signos de agotamiento: él ha producido junto a ella más de la mitad de las canciones de “Love Hallucination”.

“La música es mejor cuando es un deporte de equipo. Hay mucho poder en aprender a delegar, en saber entrar y salir de cada una de sus facetas, de la producción a la composición o la mezcla, sin perder el respeto por la gente con la que trabajas”, explica Jessy. “Cuando acudo a un productor estoy depositando una confianza enorme en esa persona, pero necesito que también confíe ciegamente en mí. No sé qué tiene de malo apoyarse en otros músicos. Supongo que tiene que ver con ser mujer y las expectativas que la gente tiene o deja de tener sobre nosotras en el estudio. Por eso debes creer en ti misma. Tienes que ser de acero. La gente no parará de decirte lo que puedes y lo que no puedes hacer. Pero tienes que ser de teflón y estar segura de lo que tú eres capaz, sin escuchar lo que nadie te diga”.

Sexo y euforia. Foto: Trent Tomlinson
Sexo y euforia. Foto: Trent Tomlinson

Canciones por encargo (para una misma)

Jessy empezó a escribir los temas de “Love Hallucination” hacia el final de la pandemia. Había pasado un año viviendo en San Francisco y se acababa de mudar a Los Ángeles. “Había empezado a escribir canciones para otra gente. Me llegaron bastantes encargos durante la pandemia, así que tenía todas estas canciones en las que había estado trabajando”, recuerda. “Varias fueron rechazadas, pero a mí me gustaban mucho y quería aprovecharlas. Así que las hice mías. Eso me hizo sentirme muy segura de cara a este disco. Es el álbum donde he tenido más confianza en mí misma, con diferencia”.

Mudarse a Los Ángeles también tuvo que ver con eso: “Es un lugar donde la gente proyecta confianza y envalentonamiento. La ciudad está construida sobre esas cualidades. Y eso no tiene nada que ver conmigo. Soy una persona tímida a la que siempre le ha resultado difícil confiar en sí misma. Me cuesta esfuerzo tomarme en serio. La verdad es que mudarme aquí me ha ayudado a cambiar eso. Y puedo sentirlo en estas canciones”.

También hace algunos años que su marido, Winston Case, se encarga de la dirección de arte y de toda la parte visual de su música: “Contar con él también ha supuesto un chute de confianza enorme para mí. Winston me ha ayudado a encontrar una identidad visual con la que por fin me siento cómoda. Solía odiar estar frente a una cámara. Pero trabajar con él es muy divertido”.

Los contratos que firmó le impiden dar nombres, así que es imposible saber para quienes estaban destinadas muchas de las canciones de “Love Hallucination”. Jessy consiguió colocar uno de los temas de aquella época, “Pandora’s Box”, en el último disco de Låpsley, “Cautionary Tales Of Youth” (2023). “A través de ella conocí a Paul White, que ha producido mucho para Danny Brown y que es increíble en el estudio”, cuenta. White ha coproducido con ella “Marathon”, que guarda una de las mayores sorpresas del álbum: “Tiene ese solo de saxo… Nunca me hubiera imaginado metiendo algo así en una canción mía, aunque toqué el saxo y el clarinete cuando era pequeña. La toma del disco no la grabé yo, pero me he aprendido el solo para poder tocarlo en directo. Había borrado esa parte de mi vida. Me pasé catorce años tocando el saxo y durante los últimos diez lo dejé completamente de lado. Ha sido muy divertido retomar eso”.

“Es un halago tremendo que alguien escuche mundos similares entre la música de Yaeji y la mía. Siento una conexión muy fuerte con ella. Las dos tenemos influencias parecidas con esos dos polos, el pop y la música de club. De hecho hemos hablado mucho sobre hacer música juntas”

Escribir canciones para otra gente la ayudó a aprender a encarnar distintas personalidades en su propia música. Jessy dice que se sintió como una actriz: “De joven hice mucho teatro, así que esto también me ayudó a reconectar con mi yo adolescente. Fue muy sano experimentar con otras versiones de mí misma porque a veces, al componer mis propias canciones, siento que tengo puestas las anteojeras y ni siquiera sé muy bien por qué”.

“Hice ‘Marathon’ para un dúo muy irreverente y atrevido. Es una canción mucho más explícita que nada que haya hecho antes. En realidad, sé que nunca hubiera escrito algo así para uno de mis discos, de no ser por esta oportunidad”, reconoce. “He hablado sobre sexo en mi música antes, pero ‘Marathon’ me hizo ser mucho más valiente porque la estaba escribiendo para otras personas, en una voz diferente. Tanto a nivel estilístico como temático, me alejé mucho de lo que me hacía sentir cómoda”.

“Ha sido muy divertido recibir estas llamadas de mánagers para hacer canciones para otra gente”, admite Jessy. “En algunos casos conocía a esos artistas, pero en otros no, así que me tocó escuchar todos sus discos, ver todos sus vídeos y tratar de entender a dónde podía llevar su música con una canción mía. Tenía claro que no quería darles más de lo mismo, que quería traerlos a sitios distintos musicalmente. Saber que soy capaz de hacer eso me ha dado mucha seguridad como compositora”.

“Don’t Cry On My Pillow” también empezó como una canción para un proyecto ajeno: “Era para alguien que está en ese espacio del pop sofisticado. Imagino esa canción como un tema para una banda, quizá algo en la onda de lo que hacían Chromatics”.

Sobre ritmos sintéticos que suenan como si rebotaran contra paredes acolchadas, Jessy confronta a un ex directamente, diciéndole que no se le ocurra coger su coche, que no deje su espuma de afeitar en la estantería de su baño, que no llame a su madre o que no toque su piano Rhodes. Es la clase de letra que Jessy borda, desgranando una retahíla de reproches que parecen triviales, totalmente anclados en el día a día, pero que difícilmente podrían expresar mejor qué se siente cuando la presencia de alguien se convierte en algo insoportable.

“En realidad, es una canción que partió de un lugar muy honesto sobre una persona muy real”, reconoce Jessy. “Es uno de esos temas que salen a borbotones. No suele ocurrirme muy a menudo, pero cuando pasa es una cosa mágica. Tiendo a darles muchas vueltas a las canciones, así que componer como en un fogonazo es muy raro en mí.

La FM del corazón

Hacer canciones para otra gente también le hizo plantearse por qué había estado tan cerrada a la idea de abrir sus propios temas a otros productores. “Creo que antes estaba muy cómoda reservando el terreno de la producción para Jeremy y para mí, pero lo mejor de ‘Love Hallucination’ es que me he abierto a trabajar con mucha gente distinta”, explica Jessy. “Por alguna razón, me había resultado muy difícil abrir el proceso creativo porque soy muy reservada y muy tímida. Pero fue muy divertido hacer este disco. Creo que todo eso trajo muchas cosas buenas a la música”.

David Kennedy (Pearson Sound) es uno de esos aliados inesperados en “Love Hallucination”. Su extraordinario talento para la región uptempo del ritmo propulsa “Don’t Leave Me Now”, el tema que abre el álbum, sobre pads de percusiones robóticas un tanto destartaladas, tan propias del sonido de Jessy. Pero al mismo tiempo todo tiene un acabado digital, más nítido de lo que es habitual en ella: “Cuando trabajo con Jeremy Greenspan todo es muy analógico. Él está obsesionado con los sintetizadores analógicos y toda clase de máquinas. Pero hice casi todo el disco a distancia con él y con los otros productores. Así que me tocó trabajar mucho con ordenadores”.

“En ‘Don’t Leave Me Now’ todas esas secuencias de ritmo con las que toma impulso el tema están hechas con mi caja de ritmos Roland TR-707, pero luego las volcamos al ordenador”, aclara Jessy. “Así que el sonido parte del equipo analógico, pero la mezcla es completamente digital”.

“Don’t Leave Me Now”, vídeo dirigido por Winston H. Case; actúan Taylor Higgins y Angie Lanza.

Sobre Jacques Greene, que hizo con ella “Midnight Ontario”, uno de los cortes más sugerentes del disco, Jessy dice que “es un tío superdivertido”. “Se toma su música muy en serio, pero también tiene esta especie de despreocupación al respecto”, cuenta. “Y sabe muchísimo: es como una enciclopedia sobre la música de baile”.

Tanto Pearson Sound como Jacques Greene son dos productores que han ensanchado el espectro de la música de club en los últimos años. Uno de los triunfos de “Love Hallucination” es que logra un sonido unitario donde todas las canciones encajan en una secuencia impoluta, a pesar de ser el primero de sus discos que Jessy no produce completamente junto con Jeremy Greenspan. “Jeremy y yo éramos muy conscientes de la necesidad de encontrar ese equilibrio entre el abanico de estilos, sonidos y personalidades”, reconoce Jessy. “Creo que el disco tiene esa cohesión porque al fin y al cabo son mis canciones. Mi huella está ahí, especialmente ahora que me siento más segura que nunca como compositora. Eso prevalece sobre las decisiones de producción. Creo que las canciones tienen mucho empaque. Y todas tienen mi voz. Eso sobresale por encima de todo. Quizá si la composición y mi voz fallasen, el disco no funcionaria. Pero esta vez estoy más segura que nunca de mis canciones. Son el pegamento que lo arma todo”.

A pesar de que su nombre no aparece en los créditos de ninguno de los temas de “Love Hallucination”, Yaeji es otra de las productoras con las que Jessy mantiene una relación estrecha. Las dos han girado juntas varias veces y comparten la frescura y originalidad con que adaptan el legado del pop y la música de baile a sus hechuras: “Es un halago tremendo que alguien escuche mundos similares entre la música de Yaeji y la mía. Siento una conexión muy fuerte con ella. Las dos tenemos influencias parecidas con esos dos polos, el pop y la música de club. De hecho hemos hablado mucho sobre hacer música juntas. Hubo una temporada en la que las dos vivíamos en Nueva York y yo solía pasarme mucho por su estudio y ver en qué estaba trabajando. Además, Yaeji es adorable. Y realmente ama la música. Le gusta mucho pinchar, así que también tenemos eso en común. A mí me encanta hacer música porque ante todo soy muy fan de muchas cosas. Y Yaeji y yo compartimos eso: somos muy fans de la música. Casi suena raro decirlo, porque lo lógico es creer que cualquiera que se dedique a esto es ante todo muy fan de la música, pero no”.

Autobiografía de discoteca. Foto: Trent Tomlinson
Autobiografía de discoteca. Foto: Trent Tomlinson

Tan sexi, tan tierna

Al preguntarle por una de las epifanías de “Love Hallucination”, uno de esos momentos donde todo hizo clic en una canción, Jessy no duda en responder que está especialmente orgullosa de “Casino Niagara”, uno de esos medios tiempos que se le dan tan bien y que suele colocar en el ecuador y al final de sus discos. “Muchas veces mis canciones favoritas son las más lentas”, confiesa. “En los directos la gente suele gravitar hacia los temas más ‘uptempo’, pero las baladas también pueden funcionar muy bien. No sé, yo siempre disfruto mucho los temas más lentos y siento que muchas veces no tienen la oportunidad de brillar como merecen”.

Es verdad: algunas de las mejores canciones que ha escrito son precisamente las más lentas. “All The Time”, “Begins” y “Strange Emotion” están entre ellas. También “Casino Niagara”, que tiene algo muy misterioso. Jessy cuenta que “va sobre conducir por ahí”. “En Hamilton, la ciudad de Canadá donde crecí, no hay mucho que hacer”, admite. “Incluso si tienes coche, realmente no hay donde ir. Así que esta es una de esas canciones sobre no tener donde ir y dedicarte a dar vueltas por ahí con el coche”.

Niagara Falls es la última ciudad canadiense antes de la frontera con Estados Unidos. “Está a cuarenta minutos en coche de Hamilton. Así que cuando era adolescente cogía el coche con mis amigos para ir al Wendy’s de Niagara Falls”, recuerda. “No sé si hay Wendy’s en Europa. Es una cadena de comida rápida americana. Conducir por ahí y comer comida rápida: de eso es de lo que trata esa canción”.

“Casino Niagara” devuelve a la vida esos recuerdos con una de las letras más íntimas que Jessy ha escrito nunca. Sus escasos versos suscitan imágenes vívidas en el asiento de atrás de un coche: los cristales empañados, un beso interrumpido por la risa, una reserva de última hora en la habitación de un motel. En algo que no se sabe muy bien si es el puente o el estribillo, Jessy repite la misma frase insistentemente: “Don’t stop now”.

“Supongo que mi música siempre ha tratado de unir esos dos mundos: el pop de melodías ostentosas con algo mucho más basado en el techno. Eso es justo lo que Yellow Magic Orchestra consiguió hacer tan bien. Es muy difícil lograr fundir el pop y la música de baile, pero creo que ese tiende a ser mi propósito”

Además de hacerlo sobre amor y sexo, Jessy sabe cómo escribir una canción sobre estar lo suficientemente cabreada como para llegar a perder el control. “Lick In Heaven”, de su anterior álbum, tiene un contraste total entre la dulzura de la melodía y la letra sobre entrar en una espiral de rabia. “Recuerdo leer una entrevista a Nile Rodgers en la que hablaba de que una noche no le dejaron entrar a Studio 54 después de hacer una cola larguísima. Esa noche él y Bernard Edwards se fueron a casa y escribieron ‘Freak Out’, pero las primeras palabras que les salieron para el estribillo fueron ‘fuck off’ (‘que os jodan’). Obvio, no acabaron usando esa versión, pero ya tenían el ‘riff’ más legendario de la historia de la música disco”, recuerda Jessy. “Nile Rodgers es mi héroe. Y me encanta esa historia. Recuerdo pensar que sería muy guay tener una canción sobre perder los estribos. Me encanta que ‘Freak Out’ surgiera de la rabia más pura. Pero cuando la escuchas es justo lo contrario: es puro goce. Admiro mucho cómo Chic cogió esa rabia y le dio la vuelta”.

La música de Jessy también está llena de alegría. Además de Chic, Janet Jackson y Yellow Magic Orchestra también figuran en su altar pop. Para “Love Hallucination” también ancló su sonido en otros puntos de referencia: “Cuando empecé a trabajar en estas canciones llevaba tiempo preparando mi recopilatorio para la serie DJ-Kicks, así que había mucha música de club sonando: techno, house, footwork… Las cosas que me encanta pinchar. Pero al mismo tiempo, en esa época volví a las grandes bandas de tecno-pop. Me dio por ponerme cada uno de los discos de Orchestral Manoeuvres In The Dark”, explica. “También escuché muchísimo a China Crisis y Prefab Sprout. Toda esa onda del pop sofisticado de los ochenta. Creo que de algún modo todas esas referencias se fueron apilando unas sobre otras y puedo escucharlas todas en ‘Love Hallucination’. Supongo que mi música siempre ha tratado de unir esos dos mundos: el pop de melodías ostentosas con algo mucho más basado en el techno. Eso es justo lo que Yellow Magic Orchestra consiguió hacer tan bien. Es muy difícil lograr fundir el pop y la música de baile, pero creo que ese tiende a ser mi propósito cuando hago música. Siento que eso sigue muy presente en este disco”.

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