Desde la publicación de “Únete a Kokoshca”, su debut editado por el sello madrileño Birra y Perdiz a finales de 2008, la música del grupo navarro Kokoshca –formado por Amaia Tirapu (voz, guitarra y teclados), Iñaki López (voz y guitarra), Álex López (batería) e Íñigo Andión (bajo)– ha evolucionado considerablemente. El cuarteto cuenta con una trayectoria de más de quince años marcada por la constante inquietud creativa y una voluntad de vivir desde y para la música. Ahora, dos años después la publicación de su álbum “La juventud” (Sonido Muchacho, 2024), han regresado con “Divino tesoro” (Sonido Muchacho, 2026), un trabajo que revisita algunas de las piezas más destacadas de su repertorio.
Lejos de ser un simple ejercicio retrospectivo, el álbum recorre distintas etapas de su discografía incorporando nuevas texturas y un mayor cuidado en la producción, afinando aspectos que en sus primeros años quedaban condicionados por medios más precarios. El resultado funciona como un puente entre pasado y presente que permite rastrear la evolución sonora y creativa de la banda. Un ejemplo claro aparece ya en la primera canción del recopilatorio, “Kokoshca”, recuperada de su debut, donde esa relectura evidencia el contraste entre el impulso e inocencia original y su reformulación actual.
En ese sentido, el gesto recuerda a “Twin Fantasy (Face To Face)” (2018) de Car Seat Headrest, regrabación del original “Twin Fantasy (Mirror To Mirror)” (2011), donde dos versiones de una misma pieza musical generan un diálogo en el tiempo, como un espejo que se observa y se reinterpreta, ajustando aquellos primeros impulsos nacidos desde la urgencia y el deseo de hacer. En “Divino tesoro”, Kokoshca mira hacia atrás con curiosidad crítica, planteando cómo avanzar y repensar aquello que imaginaron en sus inicios desde la madurez y las posibilidades técnicas a las que tienen acceso en el presente. Hablamos con Iñaki por videollamada desde las oficinas de Sonido Muchacho. Más tarde, me envía por WhatsApp las respuestas a las preguntas que prefiere que contesten sus compañeros para completar esta entrevista.
¿Cómo surge la idea de hacer este disco?
Iñaki: Llevamos tiempo queriendo hacer una especie de recopilatorio de diferentes épocas y veíamos que había ciertas canciones de nuestros inicios que habíamos grabado más precariamente, nosotros mismos, sin tener mucho conocimiento y pocos medios. Dándole la vuelta al concepto, pensamos en hacer un recopilatorio de los inicios de Kokoshca, canciones que quizá no han tenido tanta visibilidad como podrían haber tenido porque las editábamos en sellos que hacían muy pocas tiradas. Queríamos darle un poco de visibilidad a esas canciones y revisarlas. Con el paso del tiempo puede dar un poco de pudor, pero a la vez te vas identificando, te identificas con lo que eras porque sigues siendo eso, aunque la vida vaya cambiando. Adquieres técnicas para ser un mejor compositor.
Los primeros discos que sacasteis eran CD-Rs que hicisteis circular de mano en mano. ¿Podrías hablar de esas primeras grabaciones?
Iñaki: He leído por ahí que grabábamos como si yo tuviera una tostadora de CDs. No, era un sello. Había uno en Madrid que se llamaba Birra y Perdiz que editaba a gente como Espanto o Anntona de Los Punsetes. Tú les entregabas la música y ellos hacían 150 CD-Rs. Salían con una edición siempre igual, para todos sus grupos: una cajita de cartón con el arte y diseño de cada grupo. Era artesanal, muy underground, pero funcionaban un poco como sello a nivel distribución. En cuanto a nosotros, lo hacíamos en nuestro local de estudio con un ordenador, sin tarjeta de sonido, con muchas ganas y poco conocimiento y pocos medios. Siempre nos ha interesado más el arte por encima de la técnica.
Habéis hablado sobre la nostalgia a raíz de vuestro anterior álbum, “La juventud”, pero quería preguntarte sobre vuestra relación con ella. Al volver a trabajar estas canciones en el estudio, imagino que algo os habrá removido.
Iñaki: Yo diría que no somos eminentemente nostálgicos. No creo que sea esa la función, sino más bien decir: “Coño, que las canciones molaban, que no las escuchó ni Dios”. Es verdad que ese diálogo que tú dices sí que lo vivimos más, a veces con cierto pudor o vergüenza, otras con risa.
Claro, piensas en la persona que eras en el pasado y también es guay esa conexión.
Iñaki: Sí, sí, sí, claro. Lo que te decía, que aunque hayamos madurado y la vida cambia, al final en el fondo nos sentimos identificados con lo que éramos.
Habéis hablado alguna vez de que sois parte de una “generación bisagra” de la que también forman parte Los Punsetes y Triángulo de Amor Bizarro. ¿Creéis que existe una influencia entre vosotros a través de ese acompañamiento en el tiempo?
Iñaki: La evolución de todos esos grupos están donde estás tú ahora (se refiere a las oficinas del sello Sonido Muchacho, desde donde hacemos la videollamada). Todos han acabado ahí, somos como barcos que han acabado en la playa de Sonido Muchacho. Nuestro primer hit fue en 2008. Facebook salió en 2007, para que te hagas una idea. Nuestras redes sociales eran MySpace, y en base a ese tipo de vínculo social nos íbamos conociendo. En esa época se hacían escenas, como siempre ha sido, no hay ninguna diferencia con la actual. Conocimos a Espanto, a Antonna, a Triángulo de Amor Bizarro, a Hidrogenesse, a Diploide…
¿Creéis que ha cambiado mucho vuestro modo de pensar en el sonido del grupo? En los inicios siempre se tiene más libertad cuando no hay expectativas, ¿no?
Iñaki: Sí que es verdad que en esa época no tenías ninguna pretensión, no tenías ninguna expectativa. En ese aspecto eras más libre. Pero también te diré que una vez teniendo expectativas o viendo que hay gente al otro lado, que mandas un mensaje y la gente lo recibe, pues también haces un oficio y perfeccionas el arte de escribir las letras, de estructurar las canciones… A veces, desde la autenticidad, vemos que se pierde frescura, pero creo que si no pierdes el norte está bien coger oficio. Siempre está ese equilibrio: intentar tener tu propia voz como artista y a la vez intentar llegar a más gente dentro de los canales habituales.
¿Cómo vivís, siendo un grupo con una trayectoria tan larga, la precariedad del sector musical y la falta de estabilidad? En concreto, ¿qué sentís al ver que otros grupos con los que empezasteis acaban separándose o dejando la música para buscar otro tipo de vida más estable?
Iñaki: Mucha gente no acepta una vida así, pero es que a nosotros nos fascina. Es nuestra forma de estar en el mundo y nos hace felices. Es respetable absolutamente la gente que lo deja, que es la gran mayoría, porque de esa generación estamos ahí pocos. Pero sí, es creer en ello y adaptarte.
También tiene que ver el factor suerte. Al final, el hecho de que una banda pueda ser rentable depende de que la gente responda a lo que estás haciendo.
Iñaki: Claro. Y del trabajo vuestro, de los periodistas, del trabajo del sello, de la tienda de discos y de toda una industria. Es como un ecosistema que se retroalimenta, en el que somos necesarios todos y al que tenemos que dar valor.
Quizá una de las razones por las que ahora mismo vivir de la música es tan precario tiene que ver con el streaming y cómo eso ha cambiado la forma de escuchar música. La gente prácticamente no se plantea gastar dinero en música, aunque sí esté dispuesta a comprar el vinilo por su condición de objeto. En este sentido, me interesa saber cómo habéis vivido esa evolución desde el arranque del streaming.
Iñaki: Nosotros siempre hemos vivido de los conciertos y de las reproducciones. Está guay que la gente tenga acceso a la información y a la cultura y que de repente una persona nacida en 2013 descubra cosas de ayer que cuenta a golpe de clic. Pero por otra parte, ya no Spotify, sino TikTok hace que haya gente que componga canciones para esos 20 o 30 segundos. Que destaquen me parece lícito, porque es una manera de llegar, ¿no? Pero, bueno, ha cambiado. Creo que hay que volver a tener Bandcamp y a convivir con Spotify, que tampoco es que me parezca muy bien. Yo también quiero estar en listas de Spotify, que me escuche más gente y todas estas cosas, pero es verdad que es más volátil.
Quizá Spotify sí ha tenido un impacto en cuanto a la forma de consumir, porque al final parece que a la gente le cuesta tomar decisiones. Pero funciona igual que en cualquier red social o cualquier plataforma que tenga un algoritmo: al final se entrena solo y te lo da todo masticado. Quizá sí hay un punto en que es más difícil descubrir cosas fuera de lo que Spotify quiere que escuches.
Iñaki: Claro, antes descubríamos la música en la calle, en Rockdelux o a través del hermano o la hermana de no sé quién. Esto son otros tiempos. Ahora descubres a través de una playlist de tu amiga, que también es maravilloso.
Sí, son cambios en los formatos. No es cuestión de pensar nostálgicamente como un cambio a peor, simplemente es un reajuste con sus consecuencias. En relación a esto me preguntaba qué cosas positivas habéis visto en la evolución de la industria desde vuestros inicios.
Amaia: Cada vez hay más mujeres allá donde vamos y eso da subidón. En los inicios de Kokoshka era habitual que fuese la única mujer cuando íbamos a tocar entre todo el cartel, staff, etc.
¿Qué cosas os parecen interesantes de la escena actual y qué proyectos os ilusionan? Al analizar el futuro de la música, ¿tenéis esperanza?
Álex: Hay nueva generación que hace lo que le apetece, desde from a CORTE!, Silitia, Sofia... Hay muchas cosas guais en cada ciudad y en cada escena, seguramente más que nunca desde que tengo recuerdo. Y luego también me da esperanza la gente que lleva ahí tanto o más que nosotros, publicando música increíble contra viento y marea. Espanto, Daga Voladora, Hidrogenesse, Triángulo de Amor Bizarro, Víctor Coyote..., espejos en los que mirarse. Y el ejemplo para unos y otros: Carolina Durante, claro, un grupo de cuatro chavales que hacen canciones y acaban siendo lo que son ahora, es una esperanza de que puedes triunfar siendo auténtico.
Iñaki: Siempre. En la música siempre hay esperanza. ∎