Otra oportunidad: de The Gulps a Lima Negra. Foto: Alba Guni
Otra oportunidad: de The Gulps a Lima Negra. Foto: Alba Guni

Radar

Lima Negra: saquear tradiciones ajenas y reconectar con las olvidadas

¿Qué puede salir mal de un mix urbano-latino-cañí con matices experimentales desde la perspectiva de una banda de rock? Cualquiera apostaría sus ahorros a que todo, pero eso no ha frenado a Javier Sola y Juan Carlos Ruiz para montar Lima Negra, un dúo que debuta en largo con el muy conveniente título de “Peligros”.

Aunque el pop quizá ya no sea nada si es todo, eso es lo que dice buscar la dupla formada por Javier Sola y Juan Carlos Ruiz, dos calagurritanos (de Calahorra, fantástico gentilicio) que ya han sufrido un hype fallido y han vivido para contarlo. El mismísimo Alan McGee fichó a su banda The Gulps –allí Javier era Harry All (voz) y Juan Carlos era Charlie Green (guitarra rítmica)– para intentar convertirla en next big thing, pero la cosa no funcionó como algunos auguraban y, después de dejar el grupo en barbecho, se han reinventado en un proyecto bastante locuelo con el que van a por todas sin abrocharse el cinturón. Se llama Lima Negra y ya tiene listo su primer álbum, “Peligros” (Montgrí, 2026), que se publicará el 27 de febrero.

“Nosotros internamente no hemos vivido tanto ese gran cambio estilístico y sonoro, aunque entiendo perfectamente que ese cambio existe”, reconoce Javier Sola. “Vemos a Lima Negra como una banda de rock’n’roll que comenzó en Londres, cuando en las ‘house parties’ dejamos de poner a The Strokes o Iggy Pop y empezamos a poner cumbias y rumbas, a Lola Flores y a Camarón, ritmos latinos de los que apenas nos habíamos nutrido hasta ese momento. Comenzamos a sentir esa cosa tan bonita que pasa cuando descubres algo que te inspira, y un trocito se queda dentro de ti y luego sale en las cosas que creas”.

Así pues, la morriña tiene mucho que ver en esta historia. “Es curioso”, asiente Sola, “nos fuimos de España huyendo de lo que aquí había, y ha tenido que ser desde fuera de casa donde nos hemos asomado a nuestras raíces. Y estas nos han traído de vuelta. También entiendo, o al menos así lo vivo yo, que un artista necesita estar nutriéndose o añadiendo a su campo nuevas movidas. Si no, te estancas, y es aburrido y monótono. Creo que Lima Negra es un proyecto abierto: que este primer álbum tenga todos esos ritmos latinos y guiños al flamenco no significa que el siguiente necesariamente vaya en la misma dirección”.

Javier Sola y Juan Carlos Ruiz. Foto: Alba Guni
Javier Sola y Juan Carlos Ruiz. Foto: Alba Guni

De hecho, Sola ha tenido una suerte de epifanía al leer un libro sobre los Eagles, “Dark Desert Highway. How America’s Dream Band Turned Into A Nightmare” (2023), de Mick Wall, con el que ha descubierto cosas que no estaban en su radar, “como The Flying Burrito Brothers, Los Lobos, guitarras fronterizas, guiños al country…”. Pero antes de ese nuevo volantazo hay que darle tiempo a “Peligros”, un disco que no ha sido grabado por Sola y Ruiz en exclusiva ni mucho menos, ya que han participado tantos músicos como en cualquier disco orquestal, con una veintena de colaboradores (con el ilustre Antonio Arias de Lagartija Nick entre ellos) que tocan todos los instrumentos imaginables, incluyendo algunos tan exóticos como la mandola, el cuatro venezolano o el guembri, vampirizados en pos de un saqueo maquiavélico de tradiciones ajenas para dar con algo propio, único, que también recoge el influjo de su nueva base de operaciones creativas, Granada.

“La primera vez que fuimos a Granada fue desde Londres, para trabajar con Youth, que tiene su estudio en el Valle de Lecrín”, cuenta Sola. “Poco a poco comenzamos a ir más a menudo y a conocer sus atractivas personalidades. Finalmente, nuestra amiga Natalia nos presentó a Jose de Producciones Peligrosas, conocido en Granada como ‘La Josefa’, con quien tuvimos una gran conexión personal y artística, y decidimos meternos en el estudio a grabar ‘Peligros’. Paralelamente, Francesco, nuestro compañero en The Gulps, que ahora también toca en Lima, se puso bastante malito y Londres pasó a ser un sitio hostil para todos. Llevábamos nueve años allí, sentíamos que ya lo habíamos descubierto y necesitábamos un cambio de aires. Tardamos nueve años en sentir esa sensación de haber descubierto el lugar, y en Granada también lo estamos empezando a sentir después de un año y medio. Creo que nos cuesta mucho echar raíces y nos incomoda la sensación de pertenecer a algún lugar, especialmente cuando ese sitio se ha convertido en tu zona de confort. Entonces, hay que salir de ahí. Dicho todo esto, nos alucina el abanico cultural que ofrece esta ciudad, es algo realmente increíble. Al igual que la calidad de los artistas que viven aquí y que han participado en la grabación del álbum. Granada tiene un duende que hace que el arte florezca en sus calles y sus gentes, y existen muy pocos sitios en el mundo que gocen de eso. Además te ponen tapa con la caña, hace sol y el alquiler es infinitamente más barato que en Londres. Aunque también va subiendo y se está poniendo fea la cosa…”.

Reinvención con peligro. Foto: Alba Guni
Reinvención con peligro. Foto: Alba Guni

El recorrido en directo de Lima Negra es todavía corto y sus conciertos se pueden contar con los dedos de las manos. Arrancó en Granada, como es natural, con un concierto en el festival Lemon Rock, donde conocieron a Nore, del sello Montgrí. “Entre copa y copa le hicimos el lío para que nos fichara”, bromea Sola, que recuerda aquella puesta de largo como “una noche superbonita, en la que perdimos la virginidad como banda rodeados de unos músicos y un público excelente”. Al día siguiente madrugaron para subir a Madrid y tocar en la sala Berlanga dentro de un ciclo organizado por Antonio Arias, “que siempre nos ha apoyado muchísimo desde que nos conocimos en 2019 en casa de Youth, y que ha participado en ‘Peligros’ grabando bajo y guembrí y cantando en ‘Me dejó’”, explica Sola. Más tarde actuaron en la sala El Sol de Madrid y, según confiesa su portavoz, fue un concierto “un poco traumático” al intentar probar un formato más reducido. “Es que es imposible ir siempre con nueve músicos, y además planteamos el concierto dándole mucha importancia a las bases, algo a lo que no estamos muy acostumbrados, y que tampoco le da a la banda libertad de movimiento o improvisación en la actuación. No obstante veo algo positivo en la experiencia, son cosas por las que hay que pasar para aprender, ver qué funciona mejor y a partir de ahí decidir cómo se plantea el show. Todavía estamos en ello”, reconoce el músico riojano, que desde entonces ha tenido otros dos bolos con Lima Negra en Es Claustre en Menorca y en el Mercat de Música Viva de Vic. Su próxima fecha es el 24 de abril en el Hangar 48 de Madrid, dentro de Sound Isidro.

Al escuchar “Peligros” vienen a la cabeza nombres tan variopintos como Víctor Coyote o Carlangas, Cupido o Sanguijuelas del Guadiana, Kiko Veneno o el C. Tangana de “El Madrileño”. Ahora que por fin sale su debut con un sello que hace las cosas bien, “con un abanico muy variado de estilos que da mucho juego para no estar encasillado, y que además cuenta con un equipo que se preocupa por el artista”, solo queda comprobar si el pack completo es tan bien recibido como los adelantos, y si Lima Negra están preparados para dar el salto que no pudieron culminar con The Gulps. “De esa época hemos aprendido que estábamos en lo cierto cuando pensábamos que no podíamos hacer otra cosa en la vida que estar en una banda de rock’n’roll, pero también que el dinero se gasta muy rápido y que es mucho más fácil hacer una canción mala que una buena, algo que parece obvio, pero te tienes que sentar a escribir las canciones para darte cuenta”, dice Sola, que se pone solemne para despedirse: “Como dijo el Che sobre las revoluciones, en una banda, si es verdadera, se triunfa o se muere. Hemos aprendido que en el rock’n’roll no existe la democracia, y que según como te lo tomes, o dependiendo del día, estar en una banda puede ser una bendición o una maldición”. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados