El jazz en España está en pocas manos… La capillita defiende su terruño a capa y espada. Los pocos nombres que están en todos los festivales nos los sabemos de pe a pa. Las propuestas diferentes, aunque lleven años demostrando su valía y calidad, deben seguir picando piedra para abrirse su trinchera. Y no hace falta que lo que ofrezcan sea de una radicalidad (a veces) imposible, a la manera de John Zorn, Thijs de Vlieger (aka Thys) o John Medeski. Monodrama, el trío madrileño formado por Alberto Brenes (batería, percusiones y diseño sonoro), Mauricio Gómez (saxo tenor y teclados) y el teclista David Sancho (piano, Rhodes, sintetizadores), no son, bajo ningún concepto, “ruidistas”… Al contrario: son melódicos, sensuales (incluso dulces) y oníricos. Por eso no se entienden las dificultades que encuentran, después de ya (casi) diez años de trayectoria por abrirse paso en un territorio que parece limitarse en la actualidad a Chano Domínguez, Carles Benavent y Jorge Pardo como hace años se limitaba a Pedro Iturralde y Tete Montoliu.
El trío no ha pretendido en ningún momento lanzarse con un ariete a romper muros. De hecho, podríamos situarlos en el entorno de las postrimerías del nu-jazz, en su mezcla de elementos fundamentalmente jazzísticos con electrónica, a la manera de The Cinematic Orchestra o Matthew Herbert. ¿Distorsión? Poca, la justa. ¿Rock? Desde luego, pero mucho menos que en The Weather Report o Return To Forever. En todo caso, post-rock. Pero solo como pinceladas: la esencia es jazz.
Fundados en 2012, debutaron discográficamente a finales de 2015 con un álbum autoproducido y autoeditado, “Modern post mortem”. Cuando preparaban su segunda grabación, “Anathema”, un EP de cinco temas y algo más de 28 minutos de duración, se les apareció por el camino Everlasting y, sin que aparentemente guardaran relación con el sello que dirige Mark Kitcatt, este se sintió lo suficientemente intrigado por las peculiaridades de su sonido como para incluirlos en su escudería, la misma en la que publican “mndrmooaa” (su nombre, ordenado por consonantes y vocales), un álbum doble (en vinilo y CD, cuyas copias empezarán a circular a partir del 14 de enero), de 77 minutos de duración y trece temas. No rompen moldes, pero aspiran a romper los límites que les imponen desde fuera. Por lo pronto, en las revistas británicas ‘Uncut’ y ‘Mojo’ ya se han hecho eco de su lanzamiento…
¿Por qué soléis decir que vuestra música es extraña? A mí no me lo parece… ¡Raros son John Zorn, Mary Halvorson o Tyshawn Sorey!
Alberto: Me alegro. A mí me pasa igual. Desde fuera tienden a colocarnos en un lugar que no es el que realmente nos corresponde. Sí puedo entender que a la gente le resulte más extraña que otras músicas. Es rara respecto a lo que impera o, al menos, a lo que impera y se expone en España. Ahí sí entiendo que pueda parecer rara. Otra cosa es que a ti y a mí no nos lo parezca. Comparados con los nombres que citas, no somos nada raros.
Siempre está esa necesidad de etiquetar las cosas para que la gente se quede tranquila. Pero lo comprendo: si tú ves un cartel de un festival de death metal a lo mejor no te apetece ir… Comprendo las etiquetas, pero cuando ya te metes en un ámbito etiquetado, ya sea música de improvisación u otra cosa, las etiquetas son más difusas. Y para algunos, no tan necesarias.
¿Cómo os conocisteis y qué queríais hacer juntos cuando empezasteis?
Mauricio: Empezamos en 2012. David y yo nos conocimos estudiando, primero en Madrid y luego en Holanda. Alberto y yo somos amigos de Móstoles y siempre hemos tocado juntos. Podemos decir que somos profesionales, pero sin vocación de profesionalidad. Tocamos por placer y sucede que es nuestra forma de ganarnos la vida. Pero hacemos cierto tipo de música, como si dijéramos, “a fondo perdido”, porque sabíamos que en el escenario en el que vivimos no íbamos a tener mucha repercusión.
¿Conseguís vivir de la música?
Todos: Sí.
Alberto: Pero no de Monodrama. Tocamos con mucha gente, enseñamos en academias o en clases particulares.
David: Y fuera de Monodrama coincidimos en varios proyectos para terceros.
Mauricio: Pero Monodrama es lo principal, porque es lo más artísticamente personal que hacemos, y lo más libre, porque hacemos lo que nos da la gana.
¿Y con qué artistas “terceros” soléis trabajar?
David: Yo toco con María Toro, con Rosario La Tremendita y Marta Mansilla.
Alberto: Mauricio y yo solemos coincidir ahora con Moisés P. Sánchez, con el que estamos preparando un disco, y en La Resistencia Jazz Ensemble, con Luis Verde; pero hay ocasiones en las que hemos llegado a coincidir los tres tocando con el mismo artista.
Mauricio: Yo suelo coincidir con Sancho trabajando con Marta Mansilla.
Y habiendo vivido en Holanda, que puede considerarse un entorno más amable para propuestas musicales fuera de los márgenes más comerciales, ¿cómo es que no os quedasteis allí?
David: Parece una tontería, pero el clima influye mucho.
Os pongo un ejemplo: la guitarrista de clásica contemporánea Pilar Rius me dijo hace poco que si ella no se quedó en Alemania, como tantos otros compositores españoles, es porque si no se volvía, nadie iba a hacer nada por cambiar las cosas en España…
Alberto: Nosotros no queremos ser adalides de nada… Pretender cambiar las cosas no lo podemos hacer solos, tiene que ser colectivamente. Lo de vivir aquí es porque esta es nuestra tierra: aquí está nuestra gente, nuestra familia.
Mauricio: Hay que ver, en una balanza, dónde pones tu vida y dónde pones tu trabajo. Te puedes dedicar a la música profesionalmente, pero a lo mejor no es la piedra angular de tu vida. Y a mí me pesa más la gente a la que quiero. Eso no quita para que en Alemania haya unas estructuras que aquí no hay.
Alberto: Yo tengo un amigo, Raúl Márquez, que está trabajando allí con una bailarina y me decía que en Alemania suceden cosas que aquí ni se nos pasan por la cabeza. Por ejemplo, que hay unas subvenciones a la cultura que se da por hecho que no se van a recuperar… Se entiende que en el hecho cultural no te riges por la oferta y la demanda.
Mauricio: En Holanda sé que para determinado tipo de subvenciones eran muy celosos y había que presentar un proyecto sólido y contar con un bagaje. Y por eso hay la calidad que hay. Existe un compromiso por las dos partes: por parte de los poderes públicos y por parte de quien genera arte.
Esos otros trabajos son los que os permiten ser libres… ¿A qué aspiráis como Monodrama?
Alberto: A hacer buena música.
David: Y a poder compartirla con la gente.
Alberto: Seríamos felices tocando juntos, para nosotros, pero es mejor compartirlo.
David: La aspiración artística es la mayor.
El primer disco fue autoeditado, pero vuestro segundo álbum, “mndrmooaa”, y el EP intermedio, “Anathema”, han sido publicados por Everlasting. El vuestro no es un estilo con el que la compañía suela trabajar. ¿Cómo se produjo el fichaje?
Alberto: La culpa la tiene una caja Ludwig “Jazz Festival” del año 1959. Yo vendía esa caja, que es muy bonita, porque no tenía un sonido que fuera mucho con lo que nosotros estábamos haciendo, y se puso en contacto conmigo un tipo interesado, Carlos Jimena, que resultó ser el batería de Guadalupe Plata. Fue un intercambio comercial: dinero por la caja, y se quedó ahí la cosa… Tiempo después me llamó porque estaba interesado en que le diera clases. No sé qué es lo que quería que le enseñase, porque me puse a buscar vídeos suyos y toca con un rollo que lo flipas… El caso es que terminamos haciéndonos amigos y un día le propuso a Mark Kitcatt que se viniese a vernos en un concierto, en el que tocábamos las canciones del primer disco y ya incorporábamos temas nuevos. Mark le dijo que no sabía qué hacer realmente con nuestra propuesta, aunque le gustaba.
Cuando estábamos preparando “Anathema” le pasé la maqueta a Carlos y este se la pasó a Mark y ahí, finalmente, se decidió. Una de las cosas buenas de trabajar con Everlasting es que podemos aspirar a que aparezcan críticas en prensa extranjera. Ya nos han llegado comentarios en ‘Mojo’ y en ‘Uncut’ y están intentándolo en ‘The Wire’.
¿Os sentís únicos o estáis acompañados en esta travesía? ¿Hay otros grupos con los que crear “movimiento”? ¿Quizá Reykjavik606? ¿Hay periodistas que valoren vuestra propuesta? Yo tengo la teoría de que si las generaciones de grupos posteriores a la movida no han tenido tanto desarrollo es porque los periodistas que los auparon son los mismos periodistas de principios de los 80 que siguieron en activo (y que han seguido hasta hace, como quien dice, dos días), y no ha habido una nueva generación de periodistas tan numerosa e influyente.
David: José Miguel López nos radió en una ocasión en “Discópolis” y también nos han programado en “Generación Ya”, el nuevo programa de Radio 3. Y no sé si llamarle valedor, pero una persona que sí ha apostado por nosotros es Pablo Sanz. La movida llegó a sonar en Los 40 Principales… Monodrama no va a sonar ahí.
Mauricio: No he oído a Reykjavik606. Los tengo que escuchar.
Alberto: Yo tampoco. Tengo que echarles un ojo, porque quizá tenemos más cosas en común con ellos… En Madrid sí hay algunos grupos con los que podemos sentirnos cercanos en algo. Nosotros nos hemos movido en los últimos años en eso que se tiende a llamar “jazz contemporáneo” y hay muchos compañeros con los que existe una afinidad. Pero el interés que tenemos entre los tres por tocar juntos, y que en este proyecto no haya más personas ni sustitutos, hace que trabajemos, con más tiempo o más consciencia, en una idea muy concreta que sabemos dónde empieza pero no dónde puede terminar.
Tengo la sensación de que en el jazz no es muy común la idea de grupo monolítico: pienso que lo habitual son las colaboraciones…
Alberto: Absolutamente. Y con los bateristas pasa muchísimo, pero nosotros pensamos las cosas más al estilo Radiohead: ¿cómo se va a poder hacer un disco como “Kid A” (2000) si cada día hay músicos diferentes? Aunque el compositor sea una sola persona, tiene que haber un trabajo “de cámara” que es, por lo general, el resultado del conocimiento mutuo de años.
Mauricio: En los discos de jazz lo que sucede es la espontaneidad, y de pronto surge una química genial. Los músicos de jazz tienen esa capacidad.
Alberto: A principios de siglo se hablaba de un guitarrista de jazz, Kurt Rosenwinkel, y se notaba que no eran discos que se hubieran hecho de la noche a la mañana: estaba claro que Mark Turner y él no se habían juntado solo un ratito. Llevaban tocando mucho tiempo y los escuchas y suenan como uno solo. Y había una serie de músicos a su alrededor que llevaban juntos mucho tiempo, como Jeff Ballard, haciendo ese trabajo “de cámara” que no se logra en dos horas. A lo mejor cuando estudiaban en Berklee estaban tocando todo el día juntos.
En vuestro caso, y después de diez años, haber sacado tres discos (uno de ellos de cinco temas), ¿es mucho o poco? Yo pienso que es poco…
Mauricio: “mndrmooaa” es doble, dura 77 minutos. Y en el anterior se quedaron fuera varios…
Alberto: No es una cuestión de cantidad ni de calidad, sino de cómo se ha ido decantando la banda. Hay todo un proceso que a lo mejor no se ha registrado en disco, pero que forma parte de la creación de nuestro bagaje.
Mauricio: En general –y no lo digo de forma peyorativa, porque cada cosa tiene su proceso– lo que suele pasar en otros proyectos de jazz, que suelen ir asociados al nombre de una persona, es que el compromiso artístico se suele limitar a un ensayo o dos cuando surge un concierto… Posiblemente, a los líderes de las bandas les gustaría que esa realidad fuera de otra manera. Porque cuando quieren contar con determinados músicos, puede que estén ocupados con otra cosa.
En 2022 cumplís diez años. ¿Cómo vais a celebrar en directo el aniversario?
Mauricio: No hay muchos bolos. Nosotros nos autogestionamos. Cada uno de nosotros, si tiene oportunidad, consigue bolos. El próximo concierto será la presentación del disco, el 14 de enero en el Café Berlín de Madrid, y más adelante actuaremos en el Rock And Blues Café de Zaragoza.
David: Nosotros, acompañando a otros artistas, hemos estado, a título individual, decenas de veces en muchos sitios. Y después de habernos visto por separado, dos y tres veces, esos programadores ya nos conocen y saben de la existencia de una banda conjunta.
Alberto: No tenemos mánager, pero de nosotros, el que más se puede parecer a esa figura, soy yo. Y cuesta. No sé a qué se debe. Muchas veces pienso si esto es como lo que se ve en la tele, y esos programas “basura”… ¿Es el programador el responsable de que se programe determinada música? ¿O es la gente la que demanda lo que se programa? Yo pienso que es el programador el que decide… Y este es el que podría ir haciendo que las cosas que son un poquito diferentes puedan empezar a sonar más y entrar en la mira del público. ∎