El hilo telefónico no causa interferencias en el carácter poco domesticable del trovador asturiano. Insobornable en su condición de outsider, Pablo García, Pablo Und Destruktion en el ámbito artístico, acepta en su séptimo trabajo, “Te quiere todo el mundo” (raso., 2025), que solo queda esperar el gran derrumbe, que las palabras son una demostración de la resistencia y que ahora es el tiempo de buscar en la cercanía aquello que nos hace feliz. No renuncia a la sátira ni a la denuncia, pero desde un lugar más confortable, haciendo buena la consideración de Javier Krahe de que el humor y la ironía no son un arma, sino un escudo para defenderse del mundo.
La calmada gestación del disco comenzó hace un par de años y la grabación se ha alargado casi seis meses. Aunque parezca una paradoja, el folk de autor suena más esperanzador, con arreglos de cuerdas y vientos, imponentes estos últimos en “Violácea”, y alejado del sombrío “Ultramonte” (La Synthesis-Humo Internacional, 2022). Aquel fue el primer disco que el compositor grabó en su nuevo estudio de Piloña, un lugar que, al igual que él, ha sufrido una metamorfosis que tiene su eco en la sonoridad del largo. Porque la música de Pablo Und Destruktion siempre ha sido un reflejo de un estado de ánimo y una transformación interior.
¿Por qué has querido hacer un disco de amor, paz y redención, según tus propias palabras?
Porque el resto ya lo di todo por perdido (risas). Yo siempre estaba con canciones: primero de lucha, luego de resistencia, luego de emboscadura con lo de “Ultramonte”, y ahora ya es un poco de perdidos al río. Aquí en la aldea tengo amigos que tienen ovejas, huerta, les echo una mano y justo este último mes andábamos con el tema de que, si hay alguna muy gorda, tenemos que ver cómo nos encontramos, por qué caminos ir, aunque no tengamos coche… Estábamos un poco en plan “preparacionista”. Cuando llegue el cataclismo va a dar igual lo que tengas: si tienes una casa te la van a quitar, si tienes un ganado alguien vendrá que te lo quite también. Lo único que vale es la fortaleza de espíritu y los principios, estar alineado con ello y tener en mente a la gente querida. Y por eso salió así el disco: está enmarcado en todo lo político, lo social, que siempre me inspira, pero un poco como conclusión llevaba al amor de comunidad y al amor de Dios, que hay bastante también de eso.
Es un trabajo más optimista que otros previos…
Sí. En todos estos años ha habido penurias de distinto tipo, de derechos civiles, económicas.... Pero hay algo que no ha parado: la guerra psicológica y el bombardeo de miedo. Ya llevamos mucho desde el 11-S, pero en los últimos meses todavía más; lo del apagón (se refiere al apagón del 28 de abril) ya fue el colmo: tiene bastante de guerra psicológica y un poco de brujería y de magia negra. Eso lo canalizo con “Artistas contra la cultura”, que son como los magos negros a los que cito en esa canción, que nos hacen confundir lo bueno y lo malo, lo que se supone que es activismo real con lo que en el fondo es propaganda, pura y dura, sin más. Yo con las canciones quería recordarme a mí mismo cuáles son mis guías para sobrevivir en este apocalipsis, en esta guerra psicológica, para no envenenarme con todas estas basurillas flotantes. Quería compartirlas y ponerlas también en común para quien pueda servir.
Es el segundo disco que grabas en La Synthesis después de “Ultramonte”, y con un sonido muy diferente. ¿Ha sido un reto para ti?
Sí, y lo de que el sonido sea distinto se debe a algo muy concreto. Cuando llegué a la aldea, la cuadra donde hemos grabado ahora estaba hecha una ruina, con toda la piedra caída. Estuve como un año y pico, después de grabar “Ultramonte”, limpiando, quitando piedras, poniendo la solera, revocando las paredes, tirando cable… hasta que convertí esa cuadra en una sala para grabar. Y ahí grabamos “Te quiere todo el mundo”, más como banda. “Ultramonte” lo grabé en una sala más pequeñita, por pistas, de forma un poco más precaria. Y ahora, al terminar la obra de la cuadra, ya suena más a estudio.
¿No has grabado por pistas?
Hicimos la base de sección rítmica, batería, guitarra y voz, de muchas canciones. Yo empiezo solo en “Esa foto”, pero en las otras grabábamos, por lo menos, batería y guitarra juntas. Lo probé muchas veces y ya lo vi cuando grabé “Gijón” por mi cuenta. Tardé año y pico y tuvo un montón de tomas. En la buena estoy yo siempre tocando con alguien; si voy todo por pistas, claquetado se me desalma. Entonces teníamos la base tocada libremente y varias tomas hasta que nos salía alguna que nos convenciera, y sobre eso nos poníamos a construir los arreglos.
Repasando un poco tu carrera, cambias mucho la identidad en cada uno de los álbumes. ¿Es algo predeterminado o simplemente es el resultado de los primeros bocetos que vas haciendo de las canciones?
Es muy buena pregunta porque los discos para mí tienen mucho de autotransformación. Puedo prever un poquitín al principio hacia dónde va a ir esa nueva identidad; tiene mucho de alquimia, que también está presente en Synthesis, que viene por la síntesis alquímica. Y no lo sabes del todo, lógicamente, pero sí te puedes orientar un poco hacia dónde quieres ir, en qué estado anímico te quieres colocar para que luego te sorprenda la inspiración. Eso también es un hecho casi religioso, estar en la providencia, no en el destino. Porque a veces cuando uno se empecina en el destino acaba siendo encadenado por sus propios deseos, y el destino se convierte en algo fatídico. Pero si uno se coloca, como en la película “In The Mood For Love”, en un estado de predisposición al enamoramiento y a la inspiración, que no deja de ser un tipo de enamoramiento, pues uno se ve sorprendido. Para mí eso es lo más importante, lo más delicado del proceso de creación de un disco: encontrar ese estado de apertura a la sorpresa, que uno descubra qué se esconde en ese proceso.
¿Cómo te ha transformado este “Te quiere todo el mundo”?
En general estoy en un estado de aceptación y buen rollo. Sí que noto todo muy a favor ahora, tras unos años que no lo estaba tanto: se entienden bastante bien las canciones, cosa que en otras épocas tampoco lo notaba de una manera tan clara. Y más entregado y con menos miedo también. El propio disco tiene una narrativa que fui descubriendo, no la tenía presente a priori. Acaba con “El que vive a su manera” y empieza con “Una proposición decente”; frente al derrumbe de las sociedades occidentales, la tercera guerra mundial, vamos a hacerlo bonito y vamos a hacerlo juntos. Entonces uno se va metiendo y por el medio van apareciendo distintos demonietes, el de “Dementocracia”, el de “Violácea”... Luego va la cosa un poco como saliendo por medio del humor, por ejemplo en “Mujer”, que es una canción que tiene demoniete, pero con alegría y con sorna, y se consigue salir de ahí. Y al final hay mucha liberación. Una liberación que ya no es de estar contento ni congraciado con el mundo, ni siquiera de estar predispuesto a sacrificarse, sino incluso de estar dispuesto a que nadie se acuerde de ti ni te ponga una miserable flor cuando estés muerto ni te tengan en cuenta para nada, aunque tú hayas hecho lo que tenías que hacer y estés en paz. Y en ese sentido yo sí que para adentro estoy muy en paz.
¿Hubo algún hecho en particular que te llevara a componer una canción como “Artistas contra la cultura”?
Sí. Ver un poco la deriva de compañeros de batallas en este oficio, que también une mucho, gente con la que compartí estos períodos de autogestión, de estar a las duras, de tener también un compromiso con una manera de entender el arte y la sociedad, y ver cómo eso se traiciona y se traiciona a golpe de talonario. Y cómo eso además ni siquiera se asume, sino que se trata de justificar, que es algo muy característico de nuestra época y que no ha estado tan presente en otras; me refiero a lo del activismo del revolucionario subvencionado. Al haber venido de ese circuito y tener suficientes años como para ver cómo se va desarrollando por unos lados y por otros, pues ocurrió. Y más no quiero meterme, porque ya se meterán las autoridades competentes.
¿Has pagado algún precio por no doblegarte en tu carrera, por eso que cantas de “la libertad es mi único señor”?
Sí, claro. Los peores, los personales. Gente íntima que a veces cree que porque tú señalas alguna injusticia parece que la creas. Tenemos una situación política en la que… ¿Los festivales de música por qué son viables? Porque tienen partidas públicas. ¿Quién controla las partidas públicas? Políticos. Y Roma, ni hace 2500 años ni ahora, paga traidores. Los políticos al final apoyan a los artistas que les ríen las gracias o a los que no molestan. O a los que parece que molestan, pero en realidad no molestan de verdad. El resto están fuera de una manera muy férrea. Durante el franquismo, Serrat fue invitado a tocar en Eurovisión. No quiso tocar porque no le dejaban cantar en catalán. Era un artista claramente en contra del régimen que, si pudiera, dinamitaría el régimen. Ahora los artistas claramente en contra del régimen, cualquiera que realmente plantee una enmienda a la totalidad de este régimen y sea capaz de diagnosticarlo, es un conspiranoico, negacionista de ultraderecha y de todo lo que quieras. ¿Qué ocurre? Llevan tanto tiempo gastando ese cartucho que ya está agotado. Entonces se resquebraja el discurso, y por esas grietas los que seguimos empecinados en querer tocar, en querer hacer algo relativamente profesionalizado, pero sin engañar a nadie y sin postrarnos ante dioses falsos, seguimos y poquito a poco uno levanta cabeza. Pero he estado muy fastidiado.
Y hablando ahora del futuro, ¿qué proyectas?
Lo que más me gusta y lo que más me apetece es que mañana a las siete me voy con unos amigos a cuidar sus ovejas y luego estoy en la huertina con unos caballos. Es lo que más me llena y con lo que más a gusto estoy. Amistades de toda la vida, montes en lugares guapísimos, soberanía y autarquía comunitaria, porque lo contrario es someterse. Y luego, lo que venga. Cuando empecé a girar, giraba por cuatro duros, me pagaban en prácticamente todos los lugares a los que iba a tocar, aunque no me conociera nadie. Ahora mismo solo en hoteles me gasto 500 euros por concierto, porque han subido una auténtica barbaridad. Entonces, expectativas y proyecciones en el ámbito profesional, lo que venga bien está. En el ámbito artístico, seguir este camino de colocarme en el lugar más adecuado para recibir esa inspiración y esa gracia divina. Y en lo personal, que tiene que ver con lo artístico, está en mí el comprometerme todavía más con los amores verdaderos, que yo sé dónde están. ∎