https://assets.primaverasound.com/psweb/djc3vv3jfilztj0nw4uq_1614098200285.jpg

Firma invitada / Méjico Máxico

Una semana en el motor del autobús de Jota

M

e llama Julieta domingo a media noche.

–¡Ya no aguanto a Jota!, llévatelo a tu casa. ¿Puedes? Anda, di que sí…

–Bueno… sí. – titubeé… seguro que sí–. Échamelo y acá nos hacemos bolas. No pregunté por qué la decisión de echarlo. Nunca me animé a indagar.

Al día siguiente lo tenía en la puerta de mi casa. Jota y yo nos conocimos por mi buen amigo Liñán: dueño del sello El Volcán Música y soñador maravilloso. Javier lo fichó para la publishing hace muchos muchos años, cuando Los Planetas eran apenas polvo cósmico.

Aunque Jota y yo ya teníamos una relación amistosa, nunca habíamos pasado tiempo juntos. Y de repente ahí lo tenía, con su maleta, durmiendo en el cuarto de al lado.

En esa época yo me seguía debatiendo entre mi día a día de oficinista y mi carrera con Instituto Mexicano del Sonido. Todos los días iba a trabajar a las 9 am y regresaba, si bien me iba, a las 8 pm.

Jota llegó en la tarde. Abrimos una botella. Mejor dicho, dos. Una para él, ya que le gustaba el tequila, y otra para mí, que prefería el mezcal. Bajo mis cuadros de Lenin y Marx pasamos horas hablando del “Capital”, de Naomi Klein, de John Dos Passos y de cuanto anarquista descontrolado nos pudimos acordar.

Por ahí de las 6 am, y con cuatro botellas vacías, me escabullí a dormir, aunque fuera un par de horas.

Jota se fue a dormir.

A las 8 am ya estaba con café en mano, listo para agarrar mi bici y pedalear hasta la oficina.

Crudo y cansado navegué el día sin mucha productividad laboral. Era martes y estaba destruido.

Regresé a casa por la noche y Jota recién despertaba. Le invité a unos tacos y acto seguido abrimos las dos ya tradicionales botellas de tequila y de mezcal.

Esta vez hablamos de literatura. De Pynchon a Lorca. No nos paró el pico. A las 6 de la mañana nuevamente repté a mi cama para estar turulato pero despierto a las 8 am.

Miércoles, jueves y viernes se me recetó la misma dosis. Plática interminable. Apreciación musical, de My Bloody Valentine a John Cage. Política española, política mexicana. Rulfo, Bolaño… mucho mezcal, mucho tequila. Peda. Todo es confuso. Durmiendo una hora diaria no voy a llegar a navidad.

Claro, Jota dormía sus horas reglamentarias y, para cuando yo volvía a casa, él estaba fresco y con ánimo repuesto. Yo, en cambio, era una absoluta piltrafa. Para el jueves ya tenía revuelto el cansancio con la peda-cruda (o resaca como lo llama Jota) y agotamiento.

Sábado: primer dia del festival MX Beat. Ese día tocan Los Planetas y los Beastie Boys. No podía de la emoción. Era la primera vez que Los Beasties y Los Planetas tocaban por este lado del rancho.

Por azares del destino, conocí a los Beastie mucho antes. Nos volvimos amigos y teníamos ya una sólida amistad. Pero esa es una historia para un futuro escrito.

Llegamos al festival. Mientras Jota se preparaba para su show, caminé al camerino de los Beastie Boys para saludarlos.

–¡Camilo! ¿Cómo estás, amigo?– me dijo Mike D contento y listo para salir a tocar. –¿Mañana lunch en tu casa?– preguntó Yauch.

–¡Sí!, contesté. Además, se está quedando un amigo que es el Kevin Shields de España.

Looking forward– dijo Mike. Un abrazo y nos despedimos.

Show. Los Planetas en su épico primer concierto en México. Fantásticos y poderosos. Como siempre. El concierto termina y nos vamos a casa. No cuento con que Jota no viene solo. Se ha dedicado a invitar a cuanto personaje conoce (y desconoce) a mi casa.

Toda una tromba de seguidores: Fans, iberófilos y colados. Lo que sería una noche tête a tête con Jota se vuelve un parisón loco.

Agotado, a las 6 am me voy a dormir para poder despertar a las 11 o 12 y comprar todo para la comida con los Beasties.

Me levanto de un sobresalto a la 1 pm. Corro a traer la comida, un poco de vino. Refrescos …Awwwwwwwwhhhhhh, los Beasties vienen para la casa!!!!!

Y así fue: llegaron todos. Llegó Money Mark. El tour manager, comitiva completa.

Una comida memorable. Mix Master Mike puso discos de soul. Comimos tacos de todo tipo.

A mitad de la comida me acordé de algo… Tenía un huésped en casa… ¿Dónde está Jota?

Subí a tocarle.

–Jota, ven a que te presente a los Beasties.

Jota: No puedo, bajo más tarde

A la hora subí a tocar la puerta de nuevo.

–Jota, ¿ya puedes bajar?

Jota: que no, tío.

Resulta que Jota estaba demolido. Durante toda una semana testeó mis niveles de aguante. Me hizo dormir cinco horas en cinco días… ¿y ahora no sale?

Y así fue como Jota estuvo a cinco metros de los Beastie Boys toda una tarde. Durante años pensé que si se hubieran conocido tal vez hubiera surgido una de las colaboraciones más brillantes de la música de nuestros días. Quizá. Tal vez no hubiera pasado nada. Pero hubiera sido mágico poderle contar a mis nietos que Jota compartió salero con Adam Yauch.

Mis nietos solo recibirán una historia carente de lógica provocada por el sueño y cansancio. Temo que solo les podré resumir esto en una lapidaria frase:

una semana en el motor del autobús de Jota. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.