Firma in da house

Ese ya no es mi sitio, pero esta sigue siendo mi gente

El cierre de tres comercios en el barrio de Malasaña en Madrid encabezado por la librería Tipos Infames –a la que siguen el restaurante Josefita y la tienda de especias Spicy Yuli: estos últimos ubicados en la calle de Valverde y que el pasado fin de semana han estado abiertos por última vez– visibilizan que el encarecimiento de la vida cotidiana es una realidad asfixiante para todos, especialmente para el comercio local. La compra de edificios para convertirlos en hospedajes turísticos en algunos barrios populares de Madrid genera una rotación de visitantes que evitan el arraigo con los negocios de la zona, esquivan la preservación de la vía pública y, entre otras lindezas, fomentan un tránsito histérico cuya consecuencia es la subida de precios, además del overbooking en bares y restaurantes. De todo ello habla en esta columna María Ballesteros del Prado, colaboradora de Rockdelux y residente en la capital.

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Este es otro exilio sin fecha ni billete de vuelta. Una negociación con la pistola encima de la mesa. La continuación de una historia en la que siguen ganando los gallos negros frente a los gallos rojos. Porque a lo mejor, como reza ese póster colgado en algunas librerías, reading is sexy, pero todavía ese leer no es tan rentable como para pagar los salvajes precios de alquiler derivados del –no menos salvaje– proceso de gentrificación. Cuando algo auténtico y reconocible es reconvertido en un objeto de lujo a propósito de la especulación inmobiliaria se enciende la mecha del desastre en cadena. Porque sí: esos tiburones también huelen la sangre. Y en Madrid, Malasaña o barrios como el de las Letras ya han sido canibalizados por el lujo y la inflación.

El anuncio vía Instagram, hace cuatro días, del cierre de la librería independiente Tipos Infames por parte de dos de sus tres socios, visibilizaba la necesidad de dar a conocer de forma masiva la agonía que vive un barrio en el que la rotación turística y estudiantil erradica el arraigo y el costumbrismo. Pero también esta es otra prueba de la esquelética calidad de vida que se nos está quedando en Madrid, una ciudad masificada y pervertida en numerosos puntos de su extensión que ya ha perdido autenticidad patrimonial para convertirse en una simple postal pertrechada por filtros de imagen de la red social de moda. Que a una librería que lleva 15 años abierta le toque cerrar porque los precios de la vida han subido salvajemente es, de nuevo, el síntoma de la enfermedad: es la putrefacción del tejido cultural que trata de mantenerse agonizando.

Tipos Infames: el final de una quimera.
Tipos Infames: el final de una quimera.
La tarde del pasado viernes 23, la librería Tipos Infames –fundada en 2010 por Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Francisco Llorca (Curro para los amigos), quienes se conocieron en la universidad mientras cursaban la carrera de Filosofía– era un punto de encuentro de abrazos y agradecimientos. A pesar de la lluvia y el frío, no cesaron las visitas de clientes habituales y vecinos del barrio. Se podrán comprar libros hasta el próximo 14 de febrero: el Día de los Enamorados será en el que la persiana de esta librería de la calle San Joaquín 3 eche el cierre definitivamente.

Charlando con Tordesillas en un rincón de Tipos Infames, no dudó en hacer referencia al desconocimiento que existe –sobre todo en algunas redes sociales– a propósito de cómo funciona el negocio de la edición y, por lo tanto, la realidad en cuanto a la rentabilidad de la literatura: La gente no conoce que el libro es un producto con precio fijado por ley, que el editor lo marca y que no se puede variar”. Y prosigue: “Está muy bien, y que siga así, pero si mis gastos suben un 20, un 30 o un 40 por ciento yo no puedo mantener ese ritmo. El problema no es que no venda libros, sino que no los vendo a la misma velocidad ni proporcionalmente al incremento de los costes de la vida o al mismo nivel que me exige el precio del alquiler”.

En esta república independiente fundada por tres tipos, los libros han maridado con el vino y el café, las presentaciones de nuevos títulos se han llevado a cabo para celebrar este espacio como punto caliente de encuentro de la vida cultural madrileña y la intelectualidad ha sacado pecho a lo pichi. Respetarse a uno mismo es comenzar a respetar a los demás, por eso dejarse pisar por el auge del turismo de usar y tirar es una línea roja que no están dispuestos a traspasar porque “no tiene carta blanca”, como mencionaba Alfonso Tordesillas en la charla con Rockdelux. La nueva subida del alquiler de su local más grande –enfrente tienen otro más pequeño, Menudos Infames, dedicado a la literatura infantil y juvenil, que pertenece a otro dueño– es un incremento de gasto al que ni pueden ni quieren hacer frente. Quizá ya podemos empezar a hablar de la eutanasia cultural: la posibilidad de otorgarle un final digno a un lugar, producto, servicio o grupo humano antes de que se devalue, degenere o enloquezca a propósito de las circunstancias capitalistas.

La lectura se ha puesto cara.
La lectura se ha puesto cara.

En títulos como “Estuve aquí y me acordé de nosotros. Una historia sobre turismo, trabajo y clase” (Anagrama, 2024), de Anna Pacheco; “De la especulación al derecho a la vivienda. Más allá de las contradicciones del modelo inmobiliario español” (Traficantes de Sueños, 2018), de Raquel Rodríguez Alonso y Mario Espinoza Pino; “Cinco tesis acerca de la política de vivienda en España” (Universidad Politécnica de Catalunya, 2016), de Blanca Arellano-Ramos y Josep Roca-Cladera; o “Algunas consideraciones sobre el problema de la vivienda en España” (Universidad Pompeu i Fabra e Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, 2007), del economista José García Montalvo, se aborda el asunto de los precios y circunstancias que rodean a la cuestión del habitáculo. Estas disecciones teóricas son un repertorio de síntomas que definen la enfermedad. Esta afección es el empobrecimiento de la sociedad mediante técnicas de privación de derechos fundamentales. La utilidad de una sociedad empobrecida sirve para ejercer la dominación: si hay debilidad, hay posibilidad de manipulación, alienación y pérdida de voluntad. Personalmente, confío en que pronto salgamos a la calle.

A propósito de esta última referencia, un estudio con voluntad de ensayo firmado por García Montalvo, es interesante rescatar su arranque: “[...] La economía española tiene un problema claro: le ha crecido un tumor inmobiliario. Desafortunadamente, la ciencia económica, que ha avanzado muchísimo en el último siglo, no es capaz todavía de realizar una biopsia a un tumor inmobiliario. Los economistas tenemos que guiarnos por indicios y pistas para realizar un diagnóstico preliminar [...]”.

Hoy a las 19:30 en la sala 13 Rosas de Madrid se presenta “El problema de la vivienda” (Arpa, 2026), de Javier Burón, un nuevo libro en el que se aborda la circunstancia de agonía, empobrecimiento y frustración de la sociedad ante la situación de la subida de precios en el sector inmobiliario. Quien no puede pagarse el alquiler de una casa o asumir la renta del local en el que se ubica su negocio, como les está sucediendo a Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Curro Llorca, tiene que asumir que la precariedad es una realidad ligada al sentimiento de sentirse insuficiente o impotente ante la nueva realidad económica. Hasta el 14 de febrero en la librería Tipos Infames de Madrid se podrán comprar libros y vinos. Y se podrá entonar aquella canción de Chicho Sánchez Ferlosio en la que se recuerda que “si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría”. ∎

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