Cuestión de identidad. Foto: Miguel Muñiz
Cuestión de identidad. Foto: Miguel Muñiz

Entrevista

Antía Muíño: “Mi identidad se construye de muchas maneras y creo que está presente en mi música el ser gallega”

Antía Muíño se va consolidando, paso a paso, como una de las voces más firmes y sugerentes de la música gallega. A partir de una propuesta musical ecléctica con raíces en la música popular de Galicia, ha consolidado en dos discos y diversos singles una obra personal que rebasa el marco de ese nuevo folk tan en boga hoy en día. Hoy actúa en Valladolid, y a finales de julio también tocará en el ciclo Os Xoves de Códax en Cambados (30) y en el ciclo Ondas Culturais de Carballo (31). En agosto pasará por el festival Soasuarna de Navia de Suarna (22).

Muñeiras, jazz, músicas latinas, tonadas verbeneras y tonadas populares ibéricas son algunos de los estilos que amalgama Antía Muíno (Santiago de Compostela, 1992) en “Anfibia por veces” (raso., 2026), un disco de sonidos eclécticos y resultados exquisitos. Este nuevo trabajo en larga duración, el segundo a su nombre tras “Carta aberta” (raso., 2022), sirve de excusa para conversar con una compositora, música y cantante que ha colaborado con, por ejemplo, Las Migas, Luis Pastor o Baiuca.

Para la entrevista, nos encontramos con ella en un conocido café de la Rúa do Vilar, en pleno casco histórico de Santiago de Compostela, cuyo nombre rememora a un trovador gallego del siglo XIII. Todo cuadra. Enciendo mi teléfono para grabar la conversación entre calles centenarias. Tradición y modernidad, me parece el marco perfecto para entrevistar a Antía Muiño.

“Augha desa fonte” con Lilaina. Clip dirigido por Julia Marina.

Desde el arranque de “Anfibia por veces”, con “A beleza”, Galicia, sus villas y por supuesto Compostela tienen un peso muy evidente en tu música. Creo que tu nuevo disco describe un paisaje emocional profundamente enraizado en nuestra tierra. ¿Hasta qué punto el territorio condiciona tu manera de escribir y de sonar?

Creo que lo condiciona de una manera total, porque el lugar de donde soy y el lugar donde vivo al final forman parte de mí. Mi identidad se construye de muchas maneras y creo que, de una manera muy importante, está presente en mi música el ser gallega, el vivir en Galicia, el venir de Santiago de Compostela. Yo creo que todo esto me influyó de una manera brutal en muchos aspectos, incluso desde lo que tiene más que ver con el paisaje, con el entorno. En este disco, de hecho, hay canciones en las que, de una manera muy literal, hago referencia a ello. En “A beleza”, “Anfibia por veces” también es una canción en la que hablo un poco de esta relación con el entorno, de la tierra que habito… Y a veces también se manifiesta en lo que tiene más que ver con la propia música. Por ejemplo la música tradicional gallega, que es una de las fuentes de las que bebo, los instrumentos de la tradición gallega… De una manera no consciente, diría, la identidad gallega está ahí. Pero además es algo que quiero que se respire y se perciba. Ya pasaba en el anterior disco, pero creo que en este sucede de una manera mucho más evidente.

El amor y una cierta sensación melancólica me parecen muy habituales en tus canciones, aunque nunca exentas de luz o de sentimientos positivos. Pienso que ese diálogo entre melancolía, dulzura y serenidad lo logras también a través de tu manera de cantar…

Puede ser, puede ser... Yo creo que sí, me considero una persona melancólica, creo que hay un pozo de melancolía pero entiendo la melancolía no como una tristeza, sino como un sentimiento que tiene más que ver con la luz. O sea, no con la oscuridad, sino… es una zona de penumbra. Siempre digo que hay una cierta luz. Puede ser que a veces algunos temas tengan ese tinte más melancólico, pero en realidad siempre le canto a lo positivo, y siempre le canto a la esperanza. Además es algo muy terapéutico para mí, porque a veces, bueno, veo cosas en el mundo que no me gustan, o no estoy a gusto con muchas cosas, muchas dinámicas de lo que pasa, de cómo funciona el mundo. Escribir me sirve de terapia. Cantarle a lo bueno, cantarle a lo bello de la vida, a lo bello de las cosas, a lo que merece la pena ser vivido…, hacerlo me sirve de terapia. Siempre le canto a la esperanza.

“Creo el origen condiciona mi música de una manera total, porque el lugar de donde soy y el lugar donde vivo al final forman parte de mí. Mi identidad se construye de muchas maneras y creo que, de una manera muy importante, está presente en mi música el ser gallega, el vivir en Galicia, el venir de Santiago de Compostela”

En esa superposición entre temática y forma, entre lo que dices y cómo lo dices, manejas el silencio de una manera muy particular. En este nuevo disco eso es especialmente visible.

Pues mira, no había pensado en eso, pero es que el silencio es fundamental. De hecho, quizá pueda tener que ver también con mi formación. Al final vengo de muchos estilos, pero sobre todo tengo una formación clásica. Y claro, ahí siempre nos han enseñado que el silencio forma parte de la música, igual que las notas y los sonidos. O sea, el silencio es música.

Respira…

Efectivamente. Y la respiración es superimportante y creo que así se consigue un poder expresivo mucho mayor. La verdad es que, mira, no había reflexionado en eso, pero es cierto.

Es un disco que sorprende por su minimalismo, pero al mismo tiempo hay una ambición muy clara en las texturas y en los instrumentos que aparecen, cuándo y cómo aparecen, jugando con el silencio… ¿Cómo trabajaste ese equilibrio entre contención y riqueza sonora?

Cuando me pongo a componer y a crear no pienso de una manera analítica, no pienso en esas cosas, es mucho más intuitivo y más orgánico. Y después, cuando los temas ya están hechos, ahí aparecen esas reflexiones y me encanta que me lo señales, la verdad. Yo siempre… no sé, cuando nacen las ideas, nacen desde el minimalismo más absoluto, porque nacen de la guitarra y de la voz. Y después es cuando empiezo a pensar y empiezo a ver qué elementos, qué timbres, qué texturas pueden aportar más y pueden elevar la canción… En ese momento no tengo ningún reparo, me encanta experimentar y me encanta jugar con diferentes tímbricas, con diferentes instrumentistas..., es algo que me gusta mucho, que disfruto como si estuviera jugando. Pero todo lo hago desde una manera muy intuitiva.

Ondas del norte. Foto: Miguel Muñiz
Ondas del norte. Foto: Miguel Muñiz

En cierto grado, ese minimalismo con raíz puede recordar propuestas como la de Valeria Castro, que dialoga con la tradición canaria. En tu caso, la conexión con la cultura gallega es evidente. ¿Qué lugar ocupa la tradición poética gallega en tu escritura?

Pues mira, a nivel letrístico sí que hay varias canciones en las que me inspiro mucho en las coplas populares. A veces cojo literalmente una copla popular y la inserto, digamos… A veces la adapto y otras veces escribo directamente letras totalmente autorales, pero basándome un poco en la métrica de las coplas tradicionales. Y me gusta meterlas ahí, en canciones que no tienen nada que ver con la música tradicional. Y creo que es algo que me ha salido de una manera bastante orgánica, intuitiva. No es algo que piense de antemano, no soy una persona ni metódica ni muy analítica a la hora de componer. En mi música prefiero sacar las cosas que surgen de un modo natural, las que al final salen porque llevo muchos años haciéndolo. Y con las letras también, me dejo llevar mucho por esas primeras impresiones, por la intuición. A veces, cuando estoy en el proceso de componer, incluso salen cosas que no tienen mucho sentido. Me gusta jugar con imágenes, con símbolos… O sea, la poesía está llena de símbolos y de imágenes y a mí me gusta muchas veces jugar con estas ideas. El propio mundo anfibio y la vida anfibia que dan título al disco son una imagen muy potente para mí.

Sí, totalmente sugerente.

Muchas veces salen esas cosas. Después sí que hay un proceso un poco más analítico de decir: “Oye, pues esto me gusta así tal cual” o “esto lo vamos a arreglar un poco, a retocar”.

Y en ese plano musical, ¿cómo influye la música tradicional gallega en tu obra? En temas como el segundo adelanto, “Augha desa fonte”, se percibe una huella que puede recordar a Mercedes Peón; incluso veo cosas de Xosé Lois Romero y Aliboria. ¿Cuáles son tus referentes más conscientes en ese diálogo con la tradición?

Sí, claro. Como durante muchos años de mi infancia estuve dentro de un grupo de pandereteiras y de cantareiras, al final hay ciertas músicas, ciertos sonidos, que forman parte de mi ADN. A la hora de crear me salen melodías que remiten a ese mundo. Mencionabas a Xosé Lois Romero y Aliboria y precisamente “Augha desa fonte” es una colaboración que hice con Lilaina, Andrea Montero y Alejandra Montero, que forman parte de Aliboria, que son unas percusionistas excepcionales y también son compañeras mías con Baiuca. Así que, bueno, digamos que cuando nació esa canción, automáticamente pensé en ellas. Y entonces pensé en los panderos, pensé en los sachos, pensé en toda esa fuerza que tiene la música de raíz. Este es uno de los ejemplos donde se ve el trabajo de cómo se construye un tema a partir del minimalismo. En este tema solo hay percusiones tradicionales: pandero cuadrado, pandereta, sachos y guitarra. Es que no hay más. Y las voces, claro.

“A nivel letrístico sí que hay varias canciones en las que me inspiro mucho en las coplas populares. A veces cojo literalmente una copla popular y la inserto, digamos… A veces la adapto y otras veces escribo directamente letras totalmente autorales, pero basándome un poco en la métrica de las coplas tradicionales. Y me gusta meterlas ahí, en canciones que no tienen nada que ver con la música tradicional”

Y cómo llena…

Es como… ¡guau!, un golpe ahí en el pecho de decir: “Oye, mira, que con instrumentos acústicos mira qué fuerza estamos consiguiendo”.

En el disco también asoman ecos de músicas populares: el pop desde luego, pero también la verbena gallega, la chacarera argentina en “Eu canto”, la tradición de la muiñeira –salvaje en “Augha desa fonte”– o el jazz e incluso el fado…

Sí, cuando me pongo a componer no pienso en hacer un tema como un ejercicio de estilo: “Bueno, pues voy a hacer una chacarera o voy a hacer no sé qué”. No. Primero vienen las melodías, viene la música, normalmente; después vienen las letras, en la mayoría de los casos. Y claro, al final se dejan ver músicas de las que he bebido. Por ejemplo, la chacarera… “Eu canto” es un tema que bebe del mundo latino, pero, claro, no queríamos hacer una chacarera al uso. No se trata de eso, no se trata de imitar otros patrones, sino de qué manera puedo hacerlo mío. Así, al final las percusiones las hicimos con la guitarra. O sea, no hay un bombo legüero, hay una guitarra bien sonorizada. La hicimos también con la funda de la guitarra. Eso fue una idea de Hevi, que es el productor. Y después también hay unas semillas… cogimos unas fabas, las pusimos en una pandeira, que es un instrumento tradicional, y lo que suena… bueno, no es típicamente lo que esperarías escuchar de una chacarera, ¿no? Eso es un poco lo que busco también. Sí, hay cosas que te pueden recordar al jazz, a la música latinoamericana, pero ¿de qué manera eso lo hago mío?

Y volvemos al juego, a jugar creando…

Efectivamente, jugando. Hay un punto que está ahí: el arte también tiene que ser juego y diversión.

El juego del arte. Foto: Miguel Muñiz
El juego del arte. Foto: Miguel Muñiz

El disco supone también un avance en producción, pienso, con respecto a tu debut. ¿Puedes hablarme del trabajo en el estudio?

Pues mira, fue bastante… ¿desafiante? Fue un buen desafío, sí, porque al final es un disco con muchas colaboraciones. A nivel producción, a nivel de ponernos todos de acuerdo para grabar, para buscar los tiempos… hubo un proceso de preproducción de algunos temas con Hevi. Había temas que ya teníamos bastante claros cómo iban a ser, grabamos casi todo en directo, todos los músicos en la misma sala. Esto es algo que también me gusta mucho: pasa algo, se respira de otra manera. Y después hubo algunos temas en los que sí que se dejaron cosas para el estudio, para algo más, entre comillas, improvisado: “Ahora podemos meter esto, ahora podemos meter lo otro”… Ya te digo, hubo cosas que me encantaron, el hecho de ponernos todos en la misma sala y que no sea una grabación hecha con bisturí, sino que sea algo mucho más natural, mucho más orgánico. Casi como si fuera estar en un concierto y recoger lo que está sucediendo. Eso me gusta. Y la parte más complicada para mí fue cuadrar todas las colaboraciones de las músicas. “Amor fugaz” fue como… En ese tema hubo una banda de metales. Claro, imagínate, hacer todo eso, cuadrarlo todo, meternos en una salita, grabarlo todo en directo…

¿Qué buscabas en cada encuentro y qué crees que aportaron al resultado final las colaboraciones?

Cada canción me pide una determinada sonoridad y al final las colaboraciones muchas veces vienen dadas también desde un punto de vista personal. Quiero decir, para mí es muy importante la relación que tengo con las personas, con los músicos. Toda la gente que colabora o que interviene y que toca es gente que ya conocía de antes, con la que había una relación ya de antemano. El pasodoble, que es “Amor fugaz”, al principio nació como una ranchera, salió así compuesto desde mi guitarra. Es un tema mucho más liviano, casi irónico. Yo quería que tuviera ese toque más desenfadado, y automáticamente… Venía de grabar una canción con Brassica Rapa y con Mondra que se llama “Oliveira ardendo”. Y lo vi, una iluminación: “Este tema no va a ser una ranchera, va a ser un pasodoble y lo voy a hacer con este equipo”. Cada idea me llevaba a una persona en concreto. “Umbral”, por ejemplo, que es el tema que tengo con la chelista Margarida Mariño, es muy etéreo y me transmitía esa idea de jugar con las texturas. Y Margarida es una persona a la que realmente, como violonchelista y como arreglista y como compositora, también le gusta este tipo de lenguaje y de texturas. Y a mí ese tema es que me ha pedido un chelo, además.

“Cada canción me pide una determinada sonoridad y al final las colaboraciones muchas veces vienen dadas también desde un punto de vista personal. Quiero decir, para mí es muy importante la relación que tengo con las personas, con los músicos. Toda la gente que colabora o que interviene y que toca es gente que ya conocía de antes”

Ya has comenzado a girar presentando el nuevo disco. ¿Cómo planteas la puesta en escena de este nuevo cancionero y cómo está siendo la respuesta?

Para este disco el directo lo planteé de dos maneras diferentes. Quise hacer una escenografía particular para los conciertos en teatros. Tuvimos aquí uno en Santiago y otro en Ferrol. Para estos conciertos preparamos una escenografía a cargo de José Faro. Y me apetecía hacer algo así, nunca había hecho una escenografía, ese elemento más visual de la escena no lo había trabajado hasta ahora y estoy encantada. Otra cosa son los bolos de sala, no puedes llevarte esa escenografía a puntos de la península a los que estamos yendo, a Murcia, a Barcelona… Y en todos los casos tengo muy pensado un espectáculo orgánico. Atendiendo a los ritmos en la escena, el repertorio. Además, el concierto es muy versátil en lo que respecta a sus formatos. Somos cuatro músicos en escena normalmente, pero a veces vamos a trío o a dúo incluso. Y cuido mucho los momentos dentro de todo el concierto. A veces no estamos los cuatro tocando, a veces entramos a dúo, ¡casi una llamada de atención! Sí, esas cosas me gusta cuidarlas mucho. Y después, la verdad es que es una gira en la que vamos a muchas partes de la península. El feedback es muy bueno, la verdad. Pero te voy a decir que desde el primer disco, desde “Carta aberta”, siempre he tocado fuera de Galicia. Era algo que al principio sí que me daba un poco de miedo, ir a los sitios y decir: “¿Les va a gustar esto?”, porque al final hago música mayoritariamente en gallego. Y decía: “Bueno, es que igual no conectan”. Pero hay conexión siempre. Creo que cuando cuentas las cosas así, con honestidad, hay algo ahí que, por lo que sea, emociona a la gente. Todo esto lo vivo con mucha alegría y con mucha emoción.

Es que al final hay una cuestión cultural que nos transversaliza.

Sí, sí. A mí el directo es de las cosas que más me gusta del oficio, si no lo que más, porque es sentir esa comunión con el público. Es una conexión brutal. Cuando me subo a un escenario me siento superlibre y a la vez superconectada con quien me escucha. Cuando ves a alguien del público que se emociona es una sensación increíble. Para mí es lo más bonito. ∎

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