No, si la culpa es mía por haber mirado el maldito setlist.fm. 17 de febrero de 2026. Brighton. Inglaterra. Empiezan caroline con “Song two” –esos guiños irónicos que tienen diversos títulos de sus canciones son geniales– y acaban con “Total euphoria”. Ocho temas de “caroline 2” (2025) –vaya, que tocan su segundo álbum entero– y tres de su debut homónimo. Hora y veinte de bolo. 28 de marzo de 2026. Milán. Italia. Empiezan con “Song two” –esos guiños irónicos que tienen diversos títulos de sus canciones son geniales– y acaban con “Total euphoria”. Ocho temas de “caroline 2” –vaya, que tocan su segundo álbum entero– y tres de su debut homónimo. Hora y veinte de bolo.
31 de marzo de 2026. Barcelona. Empiezan con… ¿No es paradójico que una banda como caroline, que hace de la ruptura de esquemas preconcebidos una de sus principales razones de ser, salga de gira a presentar uno de los mejores discos del 2025 siguiendo una escaleta tan fija e inamovible? Me motivo pensando que, en esta deconstrucción de folk y post-punk del octeto londinense, lo importante no es el continente sino el contenido. Y lo es. Lo relevante no es el idioma sino el acento. Y lo es. Lo determinante no son qué canciones tocan sino cómo las tocan. Y sí, lo es. Todos los días son iguales. Todas las noches son diferentes. Y aun así, la culpa es mía por haber mirado el maldito setlist.fm.
Supongo que es por una asociación de ideas estúpidas, pero llego a la sala Upload de Barcelona silbando el “Sweet Caroline” de Neil Diamond, una canción que antes era maravillosamente hortera, pero que desde que se canta en bodas, bautizos, comuniones, fiestas mayores y partidos de fútbol es horteramente hortera. ¿Es posible que Caroline sea el nombre más reiterado en la historia del pop y del rock? “Sweet Caroline”. “Caroline No”. “Caroline Says I”. “Caroline Says II”. “Caroline” de Mumford & Sons. “Caroline” de MC Solaar. “Caroline” de Laura Marling. “Caroline” de Arlo Parks. “Carolina” de Harry Styles. “Carolina” de M-Clan. Y luego, claro, Carolina Durante, Caroline Polachek… Y caroline. Frances, en cambio, no es un nombre tan habitual en la nomenclatura del pop y el rock. Canciones… ¿“Frances Farmer Will Take Her Revenge On Seattle” de Nirvana? Artistas… St. Frances. Inglesa. Española. Barcelonesa. Tiene algo de PJ Harvey. Tiene algo de Caroline Polachek. Debutó en 2024 con el álbum “there’s room for everything”. El año pasado publicó el single “forget/remember & longdrive”. Si existe el grunge onírico, eso es lo que hace ella. La vi en el último BAM. Me gustó. Hoy, abriendo para caroline, Frances Ribes Renshaw, acompañada como suele hacerlo en directo de Laura Casellas y Andrea Grau, me ha gustado más. Estará en el Primavera Sound. Id a verla.
Y sí, claro, cuando los británicos aparecen en escena, la primera que tocan es “Song two”. Y sí, claro, tras una hora y veinte, han atacado su “Total euphoria” y se han ido. “Ha sido una gran noche”, ha afirmado el guitarrista Casper Hughes en una de las poquísimas veces en las que se han dirigido al público. Lo ha sido. Ellos, en el diminuto escenario de la diminuta Upload, se han colocado en semicírculo. Nada de protagonismos. Nosotros, como aquellos guisantes finos que cuando abres la lata te preguntas cómo pueden caber tantos en tan poco espacio. Mucha gente. Mucho músico de la escena local tomando nota. Sudor y angostura de brazos. Suena un saxo. Una nota grave. Como un inmenso navío avisando que se acerca a puerto pero no tiene el control y chocará contra el dique. Booooooooom. Y explotan las disonancias de “Song two”. Na-na-na-rana-na-na-naaaa… Uh, uh!
Los británicos replican sus canciones casi milimétricamente a sus versiones encapsuladas. No suena frío. No resulta desnaturalizado. Todo lo contrario. En la cura al milímetro del detalle consiguen alterar los sentidos y los estados. caroline experimentan, pero no improvisan. Es la táctica de Menotti: orden y aventura. Y siguen avanzando por su segunda entrega. Ahora “U R UR ONLY ACHING”, después una “Tell me i never knew that”, que si en los noventa se la hubieran dado a una cantante del estilo Natalie Imbruglia la hubiera elevado a hit de radiofórmula. Más tarde una “Two riders down” que es como escuchar a unos Wilco de ácido intentando versionar a The Velvet Underground. “Beautiful ending” es cubistamente preciosa, pero no es el final. La coda llega con el juego de espejos “Coldplay cover” (“sentimos decepcionaros, pero no es una versión de Coldplay”), el himno socialista “Good morning (red)” y estalla en el clímax arrítmico de “Total euphoria”.
caroline es el dibujo de un niño. Tú ves garabatos. Él, un retrato de su madre, preciosa, radiante. Son un reloj en el que la manija grande marca las horas y la pequeña los minutos. Es raro pero es bello. La culpa es mía por haber mirado el maldito setlist.fm. ∎