Porque suena el arrebato electrónico y casi raver de “Secrets”, cinco jóvenes, dos de ellos sangre de su sangre, brincan de forma endiablada sobre el escenario, y casi se puede oír el crujido sordo de un par de caderas haciéndose trizas y otras tantas pelvis dislocándose a cámara lenta. “So watch your back when he takes the stage / Or he’ll send you off on a naked rampage”, que voceaba el trío maravilla en “Three MC’s And One DJ”.
De los Beastie Boys, imaginarán, poca cosa, pero suficiente para que la gente salga de La (2) de Apolo, única parada española de una gira que pasó también por el Primavera Sound Porto, más que encantada. Juerga en el escenario, hip hop intergaláctico atiborrado de filtros en los altavoces y la nostalgia atropellada por una estampida de guitarras pesadas y bajos gomosos. Antes, y desde la cabina, la DJ estadounidense afincada en Barcelona Ivy Barkakati entretiene al público con una sesión de funk infeccioso y electro bendecido por Kraftwerk. Buen calentamiento antes de entrar en materia.
¿La materia? Veamos. Y gocemos. “No hay tiempo como el presente”, reivindica Mike D, puro nervio y fibra enjuta, justo antes de activar el rodillo selvático de “It’s Time”, una de las canciones de ese debut en solitario que anda presentando en directo por Europa pero que no verá la luz hasta el 28 de agosto. Hasta entonces, lo que toca es predicar la buena nueva entre los ya conversos, sacar a pasear unas canciones concebidas como una suerte de antídoto contra “un mundo muy extraño, oscuro y obsesionado con el poder que realmente devalúa el arte, los sentimientos, la compasión, la empatía y la igualdad” y, ya puestos, exhibir magnetismo de vieja estrella retornada a la casilla de salida por voluntad propia.
“You think it’s over but you haven’t even met me”, canta en “What We Got”, casi lo primero que suena en La (2) tras el preceptivo saludo beastiboyesco –todo bajos demenciales y rapeados caricaturescos– de una “Hello Brooklyn” rebautizada, claro, como “Hello Barcelona”. La cosa, ya ven, promete. Casi todo es material nuevo, prácticamente inédito en su gran mayoría, pero todo suena vagamente familiar. Cajas y bombos en el Paral·lel, estruendo como de alarma antiaérea en “Make It Stop” y una espídica banda de acompañamiento, los 5D, que parece que se hayan quedado a vivir, felices y acelerados, en el remix de Fatboy Slim de “Body Movin’”.
Por ahí andan dos de sus hijos, Skyler y Davis, manteniendo viva la llama de la pasión y brincando entre tocadiscos, bajos y guitarras. No son los Beastie Boys, pero en cuanto desenfundan “Looking Down The Barrel Of A Gun” queda claro de dónde han salido. Falla la alquimia, a veces también la puntería, pero se mantiene casi todo lo demás. A saber: el cachondeo gamberro de “Crypto”, el glorioso batiburrillo electro-loquesea de “True Colors”, las implacables dentelladas drum’n’bass de “Switch Up”, el ambiente ceremonial, casi como de misa ácida, de “Thank You”…
Vale que con “I Don’t Care”, balada que recuerda a ratos a los Black Eyed Peas más ramplones, la cosa se desinfla un poco, pero el bajón es momentáneo: por ahí asoman para corregir el rumbo “Mind Your Own Business”, volcánica versión de Delta 5 servida en modo buldócer, y una extática y colosal “So What’cha Want”, palabras mayores de la época “Check Your Head” (1992) e inmejorable broche para una noche de rencuentros y renacimientos. Apoteosis de Hammond B3, banderas a media asta por Adam “MCA” Yauch (1964-2012) y festín de break-hop alucinógeno y alucinado. Solo una hora, sí, pero menuda manera de exprimirla. ∎