A finales de 2025 me topé con el obituario de una tal Leslie Fish (1944-2025), que la definía como “icono de la filk music”. La curiosidad me llevó a comprobar si lo de filk era una errata. Cuando descubrí lo que había detrás del término sobrevino el asombro, tanto por lo que significaba como por no haberlo escuchado ni leído jamás. Tenía que saber más. Pero antes de nada, y por respeto a la interfecta que nos ha abierto el melón, relataremos brevemente la vida y milagros de Fish, que sirven de perfecta introducción para la exploración que acometeremos a continuación.
Nacida en Nueva Jersey en 1944, Leslie Fish empezó a tocar cumplidos los treinta con un grupo llamado The DeHorn Crew con el que grabó dos discos ambientados en el universo Star Trek, “Folk Songs For Folk Who Ain’t Even Been Yet” (T.J. Phoenix, 1976) y “Solar Sailors” (Bandersnatchi Press Inc., 1977). Según contaba su necrológica, por entonces era una fumeta anarcosindicalista afiliada a la IWW (Industrial Workers Of The World) y entre sus primeras canciones encontramos dos de las más conocidas del filk: “Banned From Argo”, una historia sobre la tripulación de la nave Enterprise, y “Hope Eyrie”, un homenaje a la llegada del hombre a la Luna que algunos consideran el himno nacional del filk.
Tenía temas antiautoritarios como “Rhododendron Honey”, “Serious Steel” y “The Arizona Sword”, y fue una impulsora muy activa del filk participando en convenciones internacionales tanto en Norteamérica como en Reino Unido y Alemania. La leyenda dice que pagó su guitarra de doce cuerdas, a la que llamaba Monster, ayudando al fabricante a evitar el servicio militar durante la guerra de Vietnam.
Pero también tenía un lado oscuro: pertenecía a la NRA, la Asociación Nacional del Rifle, era una conspiranoica de narices y en sus últimos años se volvió así como un poquito fascista: en una de sus últimas publicaciones de Facebook tildó de “islamista” al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y en su canción “Susan B” defendía el ajusticiamiento público de los acusados de violación. “La ética que profeso, las cosas que venero, son la vida, la libertad, la inteligencia y el arte, en ese orden”, dijo en una ocasión. Sin duda un personaje ultrapoliédrico que es tan solo una porción de la punta del iceberg de la filk music.
La teoría del origen del término filk en un error ortográfico en realidad está documentada. A principios de los años cincuenta, un periodista llamado Lee Jacobs envió un artículo titulado “La influencia de la ciencia ficción en la música filk americana moderna” a la revista ‘The Spectator Amateur Press Society’, y su editor, aunque censuró el texto porque tenía partes dedicadas al sexo que podían transgredir las Leyes Comstock, una legislación “antivicio” del siglo XIX, pensó que la palabra era divertida y la popularizó en los ambientes beatnik, hasta que la escritora y fotógrafa Karen Anderson la plasmó sobre el papel en “Die zeitschrift für vollständigen unsinn” –“El diario para el completo disparate”, en alemán– en 1953.
No fue hasta los años setenta cuando el género se difundió ampliamente por Estados Unidos y Canadá al celebrarse convenciones filk en Los Ángeles, Chicago, Columbus, Atlanta, Ohio –donde en 1984 se creó el Ohio Valley Filk Fest y los Premios Pegasus a los mejores filkers del año– y Ontario, donde en 1995 se creó el Filk Hall Of Fame. En estos encuentros, aficionados y artistas compartían experiencias, fuentes de inspiración y sobre todo cantaban juntos en los llamados filk circles, que es la célula básica de la articulación del movimiento.
Un círculo filk es un espacio social y artístico donde cada participante es bienvenido a contribuir a su manera, y donde todos son tanto oyentes como intérpretes, ya sea interviniendo con canciones generalmente interpretadas con guitarras acústicas y derivados como el ukelele o el banjo, aunque a veces se incluyen teclados, theremins y otros instrumentos. También se admite spoken word o poesía, lo cual genera un ambiente de improvisación que a veces hay que “moderar”, por así decirlo: cuando alguien está desbarrando demasiado, se le puede cortar el turno si los más veteranos lo estiman conveniente al grito de “¡Filker up!”, una expresión que también sirve para llamar la atención o mandar callar a quienes no están siendo respetuosos con la interpretación del interviniente de turno.
También se les llama bardic circles, y tienen varias normas. Para empezar se decide quién abre el círculo, y luego la persona que está a su lado en el sentido de las agujas del reloj continúa con su turno o lo cede al siguiente si lo desea, y así sucesivamente. Si alguien quiere salir del círculo, debe esperar una pausa entre actuaciones, y hay que tener la misma consideración al entrar.
En España no parece haber un movimiento filk organizado más allá de algunas sesiones esporádicas en la HispaCón, el Congreso Nacional de Fantasía y Ciencia Ficción, que se celebra cada año desde 1969. Y resulta imposible dar con algún cantante o grupo –la IA menciona a unos tales Sauron Tiene Un Plan, pero no hay rastro de ellos en ninguna parte– que pertenezca al género más allá de los acercamientos puntuales que algunos músicos “normales” han tenido a sus temáticas. De hecho, su marco de referencias y fuentes de inspiración es tan amplio –tal como hemos enunciado al principio– que algunos afirman que David Bowie, por ejemplo, en su época marciana podría considerarse como un artista filk. Pero ahí estaríamos rompiendo el abanico de tanto abrirlo. Entonces, ¿quiénes sí son filkers de pleno derecho?
Otro gran referente filk de la Costa Oeste estadounidense es Julia Ecklar, que debutó junto a la cantante Anne Harlan Prather en “Space Heroes & Other Fools” (Off Centaur, 1983) y ya en solitario ese mismo año con la demo autoeditada “Horsetamer’s Daughter”, para dar el golpe definitivo en 1986 con “Divine Intervention” (Aircraft, 1986), álbum inspirado en el audiovisual de ciencia ficción y la fantasía –del universo de “Star Trek” a “Lady Halcón” (Richard Donner, 1985)– que fue el primer lanzamiento del género en combinar arreglos orquestales y de rock progresivo. El año siguiente fue la gran protagonista del disco colectivo “A Wolfrider’s Reflections. Songs Of Elquest” (Off Centaur, 1984), aportando la mayoría de sus composiciones, y ya no volvió a grabar hasta casi veinte años después, cuando lanzó primero “Traveller” (Prometheus, 2006) y luego “Horsetamer” (Prometheus, 2013), su último álbum.
Con 93 años, la leyenda vida más longeva del filk seguramente sea Juanita Coulson, miembro del Filk Hall Of Fame desde 1993. Además de publicar cuatro discos icónicos, “Live At FilkCon West” (Off Centaur, 1982), “Rifles & Rhymes” (Off Centaur, 1984), “Past And Future Tense” (Firebirds Arts & Music, 1989) y “Quest” (Dodeka, 2021), ha escrito multitud de novelas y ha dirigido fanzines durante décadas.
En los noventa se hizo un nombre, también como productor, el músico Kristoph Klover, que solía actuar con su esposa, Margaret Davis, bajo la denominación Margaret & Kristoph. Juntos dirigen el sello discográfico Flowinglass Music, con el que también ha publicado álbumes junto a las bandas Brocelïande y Avalon Rising. Otra filker de renombre de la misma época fue Heather Alexander, que fue miembro de Phoenyx hasta su disolución en 1991 y de Uffington Horse hasta 2006, cuando se retiró para iniciar una suerte de saga familiar propiciando el debut de su hijo, Alexander James Adams, que ha tocado en las bandas Tricky Pixie y Ménage à Trio.
Tan popular que acabó siendo incluida en el videojuego “Left 4 Dead 2”, esta “balada zombi” habla de dos amigos que discuten sobre qué es mejor hacer ante una invasión apocalíptica de no-muertos.
Este himno de la historia de los vuelos espaciales se lanzó originalmente en 1983 en el recopilatorio “Minus Ten And Counting”, y esta versión es una regrabación extendida que se incluyó en otro llamado “To Touch The Stars. A Musical Celebration Of Space Exploration”, publicado en 2004.
Una de las canciones más representativas de una de las artistas más emblemáticas del filk es esta letanía sobre la inevitabilidad de las injusticias, la violencia y las guerras entre los seres humanos.
Extraída de “Wanderlust” (Sea Fire, 1994), su debut en solitario tras un trabajo compartido con Leslie Fish y un directo, esta pieza de aires celtas es como un cuento de hadas convertido en canción.
Para terminar, una sorpresita: el mismísimo Leonard Nimoy, el señor Spock de “Star Trek”, está considerado un precursor del filk gracias a sus incursiones musicales, con canciones como esta balada dedicada a Bilbo Bolsón, publicada en 1968.