Gino Paoli ha escrito tantos himnos cotidianos (“Senza parole”, “Sapore di sale”, “Senza fine” o “Il cielo in una stanza”) que la etiqueta de mito queda corta. Cronista del alma sentimental del italiano medio, vividor como gato silvestre, esta leyenda de la canción mediterránea exprime su medio siglo de sabiduría musical en clave de jazz. Reflexivo pero rotundo, este perro viejo genovés nos habló en esta entrevista de la vida, del amor y de la muerte. Él, suicida frustrado, que a punto estuvo de no contarla.
Gino Paoli encontró el jazz en tiempos de guerra. “Había un tanque americano estacionado en mi calle y de él salía la trompeta de Louis Armstrong; era 1945 y me enamoré de esa música”, recuerda el cantante, que luego profundizó en Nat King Cole, Tony Bennett y Billie Holiday con discos llegados de Francia.
Ya en los años sesenta, el guitarrista Wes Montgomery versionó su “Senza fine”. Tras medio siglo de canción, en 2007 atendió la petición del trompetista Enrico Rava para un único concierto con la élite del jazz transalpino. “Me explicó la voz que buscaba e insistió en que esa voz era yo. Hicimos una actuación y gustó tanto que después hicimos tal cantidad que ya he perdido la cuenta”, explica Gino Paoli.
El álbum en directo “Milestones. Un incontro in jazz” (EMI, 2007) plasmó el regreso de este gigante, ahora ampliado con “Un incontro in jazz” (Parco Della Musica-Karonte, 2011). Música sin imposturas. “Ser artista es un oficio, como ser carpintero. Sé que soy artista; no sé en qué posición estoy, pero soy artista. Y el artista siempre busca experiencias porque toda experiencia es importante, y un artista no debe mirar atrás”. ¿Y el éxito? “El éxito es un accidente, un accidente no buscado. Solo quiero expresarme como persona”. ∎