El 9 de septiembre de 1995, se publicó “Help”, un recopilatorio benéfico puesto en marcha por War Child. Esta ONG había nacido solo dos años antes por iniciativa de los cineastas británicos Bill Leeson y David Wilson y de la activista holandesa Willemijn Verloop, tras ser testigos de los horrores de la guerra de Bosnia y, especialmente, de cómo los niños se habían convertido en las víctimas más vulnerables del conflicto. Desde entonces, como explica Rich Clarke, el responsable de la estrategia musical de la organización, “War Child lleva a cabo una labor vital en catorce países de todo el mundo. Cada día, sus equipos locales están presentes en comunidades y campos de refugiados creando espacios seguros para que los niños puedan jugar, aprender y acceder al apoyo psicológico. También respondemos rápidamente a situaciones de crisis de emergencia cuando se producen, ofreciendo ayuda inmediata y crucial de forma imparcial para mantener a los niños a salvo y ayudarles a superar su trauma”.
El volumen inicial de “Help” fue un lanzamiento histórico, en pleno estallido del britpop. Contó con la presencia de Oasis, Blur, Radiohead, Portishead, Massive Attack, Manic Street Preachers, Suede, Sinéad O’Connor, Orbital, Neneh Cherry, Paul McCartney o Paul Weller, entre otros pesos pesados. Pero su mayor peculiaridad es que todos los temas se grabaron en un solo día, bajo la producción de Brian Eno, se mezclaron al siguiente y el álbum se publicó cuatro días después, ciñéndose a la idea plasmada por John Lennon en “Instant Karma!” (1970) de que los discos, como los periódicos, debían salir con urgencia, sin perder una inmediatez que los alejara de la realidad que querían contar. Fue un éxito, vendió 70.000 copias el primer día y llegó a ser nominado al premio Mercury al mejor álbum británico de aquel año.
Preguntado por los momentos más potentes que recuerda de las sesiones, cita la grabación de “Flags”, que está interpretada vocalmente por Damon Albarn, Grian Chatten y Kae Tempest, pero en realidad “era la que contó con el mayor número de músicos. Estaba Femi Koleoso, de Ezra Collective, a la batería; Seye Adelekan, de Gorillaz, al bajo; Johnny Marr, de The Smiths, más Dave Okumu y Adrian Utley, de Portishead, a las guitarras. Había un coro de 43 niños y otro de adultos con Jarvis Cocker, Johnny Marr, Declan McKenna, Carl Barat (de The Libertines), English Teacher, Black Country, New Road…. Era una salvajada la cantidad de gente que se juntó para esta pieza de música. Fue muy especial, muy celebrada, con una energía realmente positiva y elevadora. Pero lo mejor fue cuando llegaron los niños. Muchos nos decían que ese era el mejor día de su vida. ¡Imagínate, estar en esos estudios legendarios grabando con todos esos músicos increíbles!”. También quiere resaltar la última canción que se registró y que cierra el álbum, la versión de “The Book Of Love”, de The Magnetic Fields, por Olivia Rodrigo. “Estábamos a miércoles y el álbum se masterizaba el jueves. Olivia entró en la sala. Estaba Graham Coxon, de Blur, a la guitarra; Ed Harcourt al piano, y una sección de cuerdas. Hicimos seis o siete tomas en directo y eso fue todo. Se mezcló esa tarde y se masterizó al día siguiente. Fue una grabación realmente especial y romántica. Y un gran recordatorio de que, con toda la tecnología moderna, a veces las mejores cosas salen así, en vivo, sin ninguna interrupción”.
Otra de las mejores canciones del álbum es “Sunday Light”, una composición inédita de Anna Calvi, que grabó en Abbey Road en compañía de Ellie Rowsell de Wolf Alice, Nilüfer Yanya y el joven cantautor irlandés Dove Ellis. “James Ford me preguntó si tenía alguna canción que pensara que pudiera ser apropiada para el proyecto. ‘Sunday Light’ tenía algo que ver con la infancia, y me sentí muy honrada y feliz de formar parte de una causa como esta”, explica la artista desde el sofá de su casa en Londres.
Suya fue la idea de invitar a las tres voces restantes a que se unieran, la que considera “una experiencia muy inspiradora”. “Me resultaba interesante trabajar con artistas de generaciones más jóvenes y soy muy fan del trabajo de todos ellos”, añade. “Creo que Dove Ellis tiene una gran carrera por delante y estoy realmente ilusionada por ver qué es lo próximo que hace. Nilüfer es una cantante y guitarrista muy respetada, y Ellie, obviamente, es una de las mejores vocalistas que tenemos en Inglaterra. Verla improvisar la sección final fue para mí uno de los momentos culminantes en el estudio”.
También encontró un valor diferencial en el hecho de ver a los niños filmando. “Fue un recordatorio constante de por qué lo hacíamos. Y creo que a veces es importante recordar que el amor puro por la música es en realidad esa fascinación que tienes de niño. Ser un buen artista consiste, en gran medida, en intentar conservar ese entusiasmo infantil. Creo que este proyecto tiene mucho que ver con eso y también con lo importante que es hacer todo lo posible para ayudar en estas terribles situaciones que están ocurriendo en todo el mundo”, concluye. ∎