En clave intimista. Foto: Alfredo Arias
En clave intimista. Foto: Alfredo Arias

Entrevista

La Joya: a otro con esas prisas

A finales de noviembre pasado, La Joya publicó su segundo álbum, “Las Cruces”, en el que se aprecia una propensión hacia sonidos más asequibles y formatos de canción más convencionales, con el rock ralentizado de su anterior entrega en largo menos presente. Lo van a presentar en directo el 21 de febrero en Pontevedra, en marzo tocarán en Madrid (14), Barcelona (27) e Igualada (28), y el 25 de abril recalarán de nuevo en Madrid.

“Las Cruces” (Cielos Estrellados, 2025) es el segundo largo de La Joya, dúo formado por el guitarrista Manel M. Hontoria y el batería y cantante Ricky Lavado. Los dos componentes del grupo radicado en Madrid –en activo desde 2020– tienen en su haber un largo currículum que incluye a formaciones como Standstill, Muerte y Destrucción, Nudozurdo o Buena Esperanza. Su más reciente muesca discográfica prosigue, en clave de intimista slowcore, la senda abierta por el EP “Mojave” (Autoeditado, 2022) y el álbum “Lower Hermosa” (Cielos Estrellados, 2024), además de un sencillo elaborado en colaboración con The New Raemon, “La ruina” (Cielos Estrellados, 2025). En un céntrico café del barrio de Malasaña nos ponen al día sobre “Las Cruces”.

Se intuye a dos tipos sin imposturas, sin bridas ni mordazas, y que a pesar de cierto pudor y de autodenominarse “antibanda”, se abren al mundo en canal. Sin chisteras ni alardes de divos, apuestan por el menos es más en una propuesta sincera y sin fuegos artificiales, en la que se podría escuchar hasta el ruido de una de una púa de guitarra cayendo al suelo.

Lo suyo es la pizca de hedonismo de Ricky frente al estoicismo declarado de Manel, los domingos sin resacas en un café de barrio y los espacios abiertos y salvajes, que invitan a una vida contemplativa más que canalla. Con el radar puesto en el slowcore y últimamente también en la nueva americana, el disco grabado en Granada, con el experimentado productor Raúl Pérez, delata el halo de autenticidad que se esconde tras esa gorra de Negative Approach que calza Manel o la mochila con el parche de Minor Threat de Ricky. En La Joya no hay trampa ni cartón.

“Temporada de caladios”, vídeo realizado por Marta Santo y Esther Abeledo.

Las Cruces es el nombre de una ciudad de Nuevo México, pero también el de un parque del barrio de Carabanchel, y suena tan poético como La Joya.

Manel: Cuando empezamos la banda era totalmente instrumental. Al primer EP lo llamamos como el desierto de Mojave. Dentro de ese universo nos llamó la atención la playa de La Jolla. Sobre todo al venir de hacer una música más sucia. Sonaba a algo muy cristalino, limpio y precioso. Lo que transmite la música que hacemos nos inspira imágenes muy desérticas, de extensiones grandes, tranquilas y espaciosas.

¿Percibís muchas diferencias entre “Lower Hermosa” y “Las Cruces”.

Manel: Vamos más a hacer canciones de estrofas y estribillos. Eso nos ha acercado un poco más a música más convencional, a música más de ahora, mientras que lo anterior era un ejercicio más de estilo que remitía a grupos algo más extraños.

Es decir, que habéis ido un poco más allá del slowcore.

Manel: Cuando empezamos las coordenadas eran esas. Nos gustan Codeine, Slint, The New Year, Bedhead. Hemos ido mutando hacia ese lado, porque con la edad nos hemos ido abriendo... Ricky ha sido mucho más abierto musicalmente siempre, pero yo al final he dejado de escuchar música tan rápida y disonante, y me he ido refugiando en música más confortable. Esta música nueva americana al final tiene un punto un poco cabrón, porque es peña joven de ahora como Kurt Vile, que viene de tocar hardcore. O Waxahatchee, que al final tiene ese espíritu y pulso que compartimos. Si tengo que escuchar un disco en casa, prefiero mil veces a Bob Dylan o algo de americana que ponerme a Minor Threat. Aunque guardamos las raíces y, a veces, si vamos en el coche, nos gusta escuchar a Negative Approach o algo más fuerte. Pero en casa tenemos nuestro espacio de relajación. Eso nos ha llevado a hacer esto. De repente la banda, sin querer, aspira a canciones más cercanas a Wilco, por decir un referente gigante, que a cosas más incómodas tipo Codeine. Estamos circulando más en esa dirección.

“Nos gustan Codeine, Slint, The New Year, Bedhead. Hemos ido mutando hacia ese lado, porque con la edad nos hemos ido abriendo... Ricky ha sido mucho más abierto musicalmente siempre, pero yo al final he dejado de escuchar música tan rápida y disonante, y me he ido refugiando en música más confortable”

Manel M. Hontoria

¿Qué os inspira a escribir las letras?

Ricky: A mí me da mucho respeto escribir letras, pero a la vez estoy muy satisfecho con las de este último disco. Busco una sencillez y una humildad tanto en el contenido como en la forma. Al final las letras son simples y de alguna manera luminosas y honestas. Y conceptualmente, en realidad, de formas distintas todas giran en torno a los mismos conceptos que son los de la modestia, la honradez, no pasar demasiado tiempo mirándote el ombligo y ser consciente de que nadie es el centro del mundo. A veces nos olvidamos de eso.

¿Notáis alguna evolución con respecto al disco anterior?

Manel: Creo que es muy diferente a “Lower Hermosa”, e incluso en intención también hemos querido ir hacia canciones cantadas.

Ricky: Por lo que tiene que ver conmigo a nivel de letras y de voces, en mi humilde opinión estoy muy satisfecho con el trabajo de este disco. No es que me parezca la hostia, pero creo que es lo mejor que puedo hacer en este momento y por lo tanto estoy muy feliz con ello tanto a nivel lírico, a nivel de escritura, como a nivel de cantar, ya que cuento con el hándicap de no saber cantar.

En el disco, de hecho, solo hay tres instrumentales: “Madrid City Limits”, “St. Nicholas” y “Barna In White”.

Manel: Las canciones que acabamos grabando son las que han pasado un filtro de decir: “Oye, esto sale a la calle”. Hay muchos temas que improvisamos que se quedan ahí, que no van a ningún lado. Y si hemos elegido estas canciones y estos tres instrumentales, es porque pensamos que a un oyente externo eso es algo que le mola escuchar. Había más temas que nos gustan que decidimos no grabar. No es lo mismo tocarlas que luego escucharlas, porque es lo que pasa con muchos discos de post-rock, con los que piensas: “¡Hostia! Me molaría tocar esto, pero me resulta agónico afrontarlo como oyente”.

Ricky Lavado y Manel M. Hontoria. Foto: Alfredo Arias
Ricky Lavado y Manel M. Hontoria. Foto: Alfredo Arias

No os gustan las sesiones fotográficas y disteis vuestro primer concierto sin tener nombre. ¿Sois rara avis?

Ricky: Para la mayoría de cómo funciona hoy en día el mundo de la música, todo lo que hacemos es bastante antiintuitivo y a contrapié. Lo cual nos gusta y nos coloca en el lugar donde creemos que tenemos que estar.

Manel: A la gente le gusta la cercanía y la transparencia que ofrecemos. Aquí no hay trampas, no hay pedales, no hay una base, no hay voces dobladas, no hay efectos. Podíamos haber grabado un bajo por estética, pero somos consecuentes. Sonaríamos más a banda convencional, pero somos cuatro manos y buscamos la desnudez. Lo que ves es lo que hay. Vamos en dirección contraria a como es la gente ahora.

¿Qué ventajas veis en ser un dúo?

Ricky: Desde lo logístico facilita mucho. Las limitaciones no las vemos como desventajas, ya que es a eso a lo que jugamos.

En “Mojave” y en vuestro primer LP contasteis con Ana Franco, conocida por su trabajo como Coffee & Wine, a las voces. Y ahora ha colaborado Leia Rodríguez, que tiene su proyecto personal, Leia Destruye, y es bajista de Mourn, además de la hija de Ramón Rodríguez, The New Raemon.

Manel: A Leia la admiramos mucho, la queremos mucho. Somos sus tíos de Madrid. Aparte del cariño que le tenemos, es una persona con mucho talento, tanto como instrumentista, porque es una excelente bajista, como cantante. Y además es muy generosa. Todo partió de un instrumental que le ofrecimos para ver si le apetecía escribir una letra para que hiciera suya, “Los primeros”. Bajó un par de días a Granada y, ya que estaba en el estudio, aprovechamos para que nos hiciera un par de coros.

“Para la mayoría de cómo funciona hoy en día el mundo de la música, todo lo que hacemos es bastante anti intuitivo y a contrapié. Lo cual nos gusta y nos coloca en el lugar donde creemos que tenemos que estar”

Ricky Lavado

Habéis publicado vuestros dos LPs con Cielos Estrellados, que es el sello de Ramón Rodríguez. ¿Qué es lo que más os une con él?

Ricky: A mí me unen 30 años de amistad. Ramón es otra persona generosa. La familia Rodríguez en general es gente muy generosa con nosotros y nos quieren y los queremos mucho.

En el tema “Lunas” se percibe la fuerza de la costumbre ¿Hay mucha rutina en vuestras vidas o sois amigos de giros inesperados?

Ricky: Cada vez valoro más la tranquilidad y el control en mi vida, el recogimiento y la rutina en el sentido más positivo de la palabra. Me funcionan las rutinas.

“Nuevos páramos” trata de pérdidas. ¿Cuál es el sacrificio más grande que habéis hecho como banda?

Manel: Una banda en este país es un sacrificio continuo en todos los sentidos. Al final el tiempo es lo más valioso que tenemos. Si uno invierte su tiempo y su energía en un grupo de música, ese es el sacrificio más grande que puedes hacer. Es tiempo que dejas de dedicarle a tu familia, pareja, trabajo, etc. En cuanto a pérdidas, uno va dejando otras cosas. No digo pérdidas materiales o de personas, sino renuncias de ver a cierta gente, o hacer ciertas actividades... Es cortar con cosas para centrarte en lo que te gusta más.

¿Qué simbolismo tiene el caballo viejo de la canción “Historia de un caballo”?

Ricky: Es un cruce de referencias estéticas literarias que tienen que ver con Augusto Monterroso y con Tólstoi, ni más ni menos.

Slowcore de resistencia. Foto: Alfredo Arias
Slowcore de resistencia. Foto: Alfredo Arias

¿Cómo es vuestro proceso de composición?

Ricky: Depende a quién le preguntes. Manel te dirá que se compone en base a patrones de batería, yo te diría que se compone en base a riffs de guitarra. La cuestión es que partimos de quedar para ensayar, que es lo que nos gusta. Y lo normal es que las canciones que tengamos surjan de estar haciéndolas en el local y de improvisar, incidiendo en la falta de estrategia y en la falta de premeditación en esta banda.

¿Preferís un domingo por la mañana a un sábado por la noche?

Manel: Los domingos son la nueva gloria. Aparte de bajar los beats de las canciones, estaba cansado de tocar rápido. Cuando vas lento, cada nota que tocas es intencionada y eso le da mucha más intensidad. Descubrí que tocar lento me gustaba mucho más. Por trabajos ensayábamos por la noche y yo lo odiaba. Estaba currando con la cabeza como un bombo y meterme en un local de ensayo a tocar a toda hostia no me gustaba. Entonces el primer paso fue meterme en un local de ensayo, pero a tocar tranquilo. El segundo fue: “¿Por qué no ensayamos por la mañana, que estamos más frescos y ya somos gente de día?”. La energía y la tranquilidad del día ha sumado mucho a la música.

Ricky: O sea, menos birras y más cafés.

¿Qué planes tenéis para 2026?

Ricky: Tocar, tocar y seguir tocando.

Manel: Al ser dos y por el rollo que llevamos, que es muy humilde, con muy pocas pretensiones y con los pies muy en el suelo, nos resulta relativamente fácil movernos a cualquier sitio. Y como tenemos más años que un bosque, por suerte contamos con muchos amigos repartidos por toda la geografía, que siguen organizando conciertos en sitios que valen la pena. Los planes son esos, tocar y coincidir con gente con la que nos gusta estar. ∎

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