¿Cuál es tu primer recuerdo musical de cuando eras niño?
Bueno, tengo tantos recuerdos, porque mi papá hace el grupo cuando yo tenía 2 años. De las cosas más grandes que me tocó vivir: la influencia esa de ver a mi papá componiendo la canción en la casa, escribiendo los arreglos con su partitura, tomando mucho café, fumando cigarros... Fumaba mucho y casi siempre le gustaba trabajar bien tarde, a veces en la madrugada. Tengo recuerdos de eso, tú sabes.
¿Y tu madre?
Mi mamá, Natalia Rosa Alfonso, tenía una mejor posición que mi padre cuando él la conoció. Cantaba jazz en inglés. Ella antes de la revolución era muy amiga del dueño del canal más importante que tenía la televisión en Cuba. Era como su padrino. Tenía una posición, viajaba mucho y se presentaba en grandes espectáculos.
¿Y tu padre, Juan Formell?
Nació en el callejón de Hammel (es uno de los lugares donde se reúnen los rumberos en Centro Habana). Más tarde mi papá tocaba el contrabajo en un lugar que se llama el Barbarán (antes era Pepito’s Bar). Está frente al zoológico. Acompañaba a Blanca Rosa Gil, que era una cantante muy famosa en ese tiempo, y él la acompañaba con el contrabajo. Mi mamá visitaba ese lugar. Cuando ellos se unen, mi mamá lo que oía en mi casa era jazz y mi papá venía con la influencia de The Beatles, del rock’n’roll. Creo que ahí vinieron las influencias que motivaron el cambio de mi papá, que es cuando hace el ritmo songo (es el ritmo característico de Los Van Van). Mi papá estaba en la Orquesta Revé. Él estaba como decepcionado porque no le dejaran hacer su música. Mi mamá le dice: “Tú tienes una pila de ideas buenas. Yo te ayudo”. Y cuando él se va de la Revé mi mamá es la que le dice: “Tú quieres romper con todos los esquemas en la música cubana. Pon una batería y el bajo ese, hazlo eléctrico”.
Estamos en 1969, diez años después de la revolución cubana, momento en que se funda Los Van Van. Los Irakere de Chucho Valdés no aparecerán hasta 1973 y, según Pablo Milanés (1943-2022), las orquestas bailables no tenían una gran reputación entre los dirigentes cubanos. Se cuenta que el nombre de Los Van Van viene del objetivo que había puesto ese año el gobierno para la zafra, la cosecha de caña de azúcar. Así que lo que sonaba en el ambiente era que los millones provenientes de la caña de azúcar... van van. El gobierno implicó en la tarea a todos los cubanos y a los amigos de la revolución. Samuel Formell, poco más que un bebé por entonces, tardaría mucho en integrarse en la banda para continuar ese legado familiar.
¿Cómo te conviertes en músico? ¿Estudiaste percusión o lo tuyo va de natural, de tocar en casa?
No, no, no. Yo tuve que estudiar doce años en la escuela de arte. Desde los 11 años. Pasé toda la carrera de percusión y piano. Yo tengo una metodología. Primero en la campana del bongocero, más lo que hace el timbalero y más incluyendo la batería. Eso conlleva una independencia y un trabajo físico muy muy grande.
Lo que se estudia en Cuba ¿es música clásica, popular?
La Escuela de Cuba de Música, esos once años que yo pasé, fueron totalmente de música clásica. En Cuba no se daba música popular. Lo que yo estudié fue Beethoven, Bach, Chaikovsky, Chopin… Ahora ya se estudia música popular. La música cubana uno la tiene, y yo venía muy alimentado también de ver a Changuito, que para mí era Dios. Lo entendí todo porque yo podía escribir esa música.
El percusionista José Luis Quintana “Changuito”, fallecido en 2025, fue fundamental en el sonido del grupo. ¿Trabajaba con tu padre mano a mano o eso vino después?
El que más mano a mano trabajaba con mi papá era Pupy (se refiere al pianista César Pedroso, que estuvo en el grupo desde el principio hasta 2001, año en que fundó Pupy y Los que Son, Son; falleció en 2022). Pedroso empieza a componer después del tercer disco. Todos los anteriores eran obras de mi padre.
Donde Changuito es decisivo es en el songo. Otros lo llaman swing, soniquete, flow...
Changuito era muy creativo. Era un percusionista impresionante, él creaba. Y yo fui el alumno que se influencia con el profesor, que lo ve de verdad todos los días. Yo vi grabar todos los discos. Cuando salía el disco de pasta (se refiere a disco de vinilo), lo ponían en mi casa porque era el único tocadiscos que había en la orquesta. Mi papá tenía el mejor equipo, le decía a los músicos: “Oye, ya pueden venir para que escuchen el disco”. Changuito llegaba a mediodía, pero Pupy llegaba a las seis de la tarde y Changuito se había ido. Había que poner el disco otra vez.
¿Cuándo empezaste a dirigir la orquesta?
Llevo 32 años tocando en Los Van Van profesionalmente y 18 de director musical, porque mi papá, estando en vida, inteligentemente me dice: “Mira, Samuel, yo no quiero dirigir más la orquesta. Yo quiero darte la dirección de la orquesta, que es una responsabilidad muy grande, porque realmente tú tienes que saber los aires de cada canción, cómo elegir el repertorio, que siempre esté arriba...”. Todo eso yo aprendí a hacerlo porque mi papá me puso a prueba en vida.
Tenías 15 años cuando tocaste por primera vez con Los Van Van...
Y eso fue… eso fue histórico. ¿Cómo te explico? Ya llevaba cuatro años en la escuela de arte, me gustaba estudiar, estudiar, estudiar. Entonces, ahí fue donde empecé a entender los campaneos de Changuito. Mi papá llegaba temprano a los conciertos y antes de que llegaran los músicos yo venía con mi baqueta y me ponía a tocar, tú sabes, un poquitico ahí… Empezó el concierto y yo me quedé como siempre, detrás de la posición de Changuito. Y cuando empieza “Sandunguera” me da las baquetas y me dice “Dale, toca”. Y se fue y me dejó ahí. No te puedo decir que lo hiciera como Changuito, pero lo hice perfecto, como había que hacerlo, como un sustituto. Y mi papá y todos llorando, también Changuito y Pupy. Fue algo inolvidable, muy emotivo, muy emotivo de verdad.
Cuando entras a tocar trasladas a la batería el papel de las pailas, un instrumento de percusión formado por dos tambores de estructura metálica. Supongo que tiene una dificultad añadida.
No fue una idea mía. Changuito lo hizo en 1984, pero eso no duró mucho. ¿Qué pasa? Que esto lleva un trabajo, un trabajo bien fuerte. Un pie lo tengo tocando todo el tiempo, doblando como si fuera una maraca, es el que me da a mí el metrónomo para poder asentarme. Luego viene la clave, la contracampana, el campaneo del songo. Los médicos me dijeron: “Mira, tú estás haciendo un deporte”. No sé, una vez hicimos en Europa 36 conciertos en 40 días. Suma cargar maletas, viajar y tocar.
Cambiando de asunto, Cuba está sufriendo una crisis feroz
Las cosas están bien feas en cuanto al problema de la energía, porque eso nos afecta en las casas y nos afecta también para trabajar. Sientes que tienes una ansiedad interna esperando que venga la corriente… Ahora, cuando ya dependes principalmente de un teléfono para trabajar, si no tienes comunicación con internet entonces estás en el aire. Estamos sufriendo muchísimo. ∎
Los amantes de la música popular tienen deberes. Hay que ver a los Stones por lo menos una vez en la vida y para los aficionados al flamenco del siglo pasado escuchar a Camarón era de obligado cumplimiento. Fuimos de romería para ver a James Brown. Hoy la cosa pasa por Bad Bunny, pero si no has bailado al son de Los Van Van te has perdido una parte de la historia de Cuba. El 1 de julio de 1984, Los Van Van y Rubén Blades tocaron la misma canción, “Muévete”, en un festival celebrado en el pabellón del Real Madrid en el que también participaron Tito Puente y Celia Cruz. Era el momento del florecimiento de la nueva ola justo antes de la explosión comercial de la movida madrileña. En aquellos conciertos más de la mitad del público era latino.
Más de veinte años después, en junio de 2006, Los Van Van se presentaron en el teatro Karl Marx de La Habana para grabar el DVD “Aquí el que baila gana” (EGREM, 2007), en el que Samuel Formell toma las riendas de la banda fundada por su padre. El Karl Marx es un teatro de cinco mil localidades que ha sido ocupado por una representación transversal de la sociedad cubana. Ahí está la negritud de todas las edades y también una nueva clase social que alguien bautizó como “las pijas comunistas” (blancas y guapas, se visten en Zara). Las cámaras enfocan el centro del escenario donde se ubica Samuel Formell con su batería, que arranca con la canción del momento, “Chapeando”, interpretada por Roberto Hernández “Robertón”. Ahí es donde sale Juan Formell y proclama que esta es una grabación para la posteridad. Mario Rivera canta “Tim Pop”, que hace volar las caderas de todos los colores, y funden con una versión a la cubana de “Birdland”, la composición más celebrada de Weather Report. Una fusión imposible, esa es la misión.
La lista de invitados es larga y significativa: el tresero Pancho Amat en “Que no”, un guitarrista eléctrico y una banda de rap en “El baile del buey cansado”. En el apartado de los regresos de lujo, hicieron un espacio para el cantante Pedrito Calvo en “El negro está cocinando”. Pero el sonido recupera el sabor de las pailas, el “songo” original, para que uno de los fundadores reciba el reconocimiento de todos: José Luis Quintana “Changuito”, que vuelve al centro del sonido de Los Van Van con “Sandunguera”. Histórico, como todos los conciertos de Los Van Van, ya sea en el malecón de la Habana, en ese templo del baile cubano que es Salón Rosado de la Tropical, en el festival Son Latinos de Tenerife y en escenarios madrileños como Conde Duque, La Riviera o la Muralla Árabe. Aquí el que baila gana. ∎