En las distancias cortas es donde una superestrella se la juega. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)
En las distancias cortas es donde una superestrella se la juega. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)

Concierto

Olivia Rodrigo en el Grec, flores, gritos y mil millones de streams

El pasado viernes, 8 de mayo, la estrella californiana convirtió el Teatre Grec de Barcelona en algo parecido a una fantasía adolescente colectiva. En un concierto “sorpresa” organizado por Spotify y el FC Barcelona, reunió 2000 personas en Montjuïc. Entre ramos de flores, himnos de angustia sentimental y un público que cantó cada verso como si fuera una confesión propia, Rodrigo ofreció una rara versión íntima de una de las mayores superestrellas pop del momento.

En la Barcelona de los macroeventos cuidadosamente coreografiados y de los conciertos de estadio donde la emoción se administra por pantallas gigantes, el pequeño caos adolescente que el viernes rodeó el Teatre Grec tuvo algo inesperadamente genuino. Olivia Rodrigo, la estrella pop que ha convertido la angustia sentimental pos-TikTok en un lenguaje generacional global, ofreció un concierto “sorpresa” para apenas 2000 personas en la montaña de Montjuïc.

Desde media mañana, la colina parecía una mezcla entre peregrinación pop y excursión escolar al borde del motín. Decenas de chicas ocupaban las interminables colas que serpenteaban por el Passeig de l’Exposició. Algunas habían recibido el ansiado QR de Spotify apenas unas horas antes; otras confiaban simplemente en el viejo combustible de toda cultura fan: la esperanza irracional. A medida que avanzaba la tarde, la escena adquirió una intensidad casi futbolística. Había gente subida a muros y varias decenas jugándose el pescuezo en la colina lateral para escuchar el concierto desde fuera del recinto.

Todo esto ocurría porque Rodrigo se ha convertido, en tiempo récord, en algo más que una estrella pop. Su presencia en Barcelona formaba parte de la alianza entre Spotify y el FC Barcelona para el clásico contra el Real Madrid: la camiseta blaugrana lució el logo OR de la cantante, integrándola en esa galería de iconos pop que ya incluye a Drake, Rosalía, The Rolling Stones o Travis Scott. Pero, a diferencia de muchos de esos nombres, Rodrigo representa una mutación generacional particularmente interesante: una artista nacida simultáneamente de Disney, del revival pop punk dosmilero y del ecosistema emocional hiperacelerado de TikTok.

Aseguró que el Teatre Grec era “el recinto más bonito” en el que había actuado. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)
Aseguró que el Teatre Grec era “el recinto más bonito” en el que había actuado. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)

Cuando apareció en escena, vestida como una muñeca riot grrrl –minivestido blanco, Doc Martens y actitud de estudiante brillante que acaba de descubrir el nihilismo romántico–, el griterío alcanzó niveles de presión física. Sacó a pasear un español vacacional que comparte la tradición lingüística de la diva pop internacional de turno: entusiasmo máximo, gramática aproximativa. También aseguró que aquel era “el recinto más bonito” en el que había actuado.

La gracia de Olivia Rodrigo sigue estando en una contradicción central: canciones construidas como himnos generacionales mastodónticos que, sin embargo, conservan una sensación de intimidad improvisada. Arrancó con “bad idea right?”, seguida por “ballad of a homeschooled girl” y “vampire”, mientras el público convertía cada estribillo en un karaoke catártico. Rodrigo saltaba de un lado a otro del escenario recogiendo ramos de flores como si protagonizara una versión pop punk de una fiesta patronal.

Hubo un momento especialmente revelador cuando, tras comprobar que las primeras filas reservadas para ultra VIPs permanecían medio vacías, la organización decidió abrirlas al público general. De pronto, adolescentes que llevaban horas esperando acababan a pocos metros de la artista que probablemente ha soundtrackeado sus primeros desastres sentimentales.

“Gracias por ‘streamear’ mis canciones”, dijo entre risas. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)
“Gracias por ‘streamear’ mis canciones”, dijo entre risas. Foto: Xavi Torrent (Getty Images)

Entre los asistentes se mezclaban influencers estadounidenses, ejecutivos del Barça, WAGs, Carles Puyol y varias jugadoras del Barça femenino, a quienes Rodrigo volvería a visitar al día siguiente durante un entrenamiento. También, obviamente, asistió como espectadora de lujo a la victoria del Barça en el Clásico ayer, haciéndose fotos después del partido con Lamine Yamal. Pero el verdadero núcleo emocional de la noche del viernes estaba en las fans. Cuando se sentó al piano para interpretar “drivers license”, el Grec entero se transformó en una gigantesca sesión de terapia sentimental. En una de las gradas alguien levantó una enorme L de principiante.

En un momento del concierto, Rodrigo celebró haber entrado oficialmente en el “club de los billones”: ocho de las nueve canciones que tocó ya superan los mil millones de reproducciones en Spotify. “Gracias por ‘streamear’ mis canciones”, dijo entre risas. La frase, lógica en un evento organizado por Spotify, también sonó reveladora de un cambio cultural más profundo. Hace no tanto, las estrellas daban las gracias por comprar discos o escuchar la radio; ahora el verbo emocional del pop global es streamear.

El tramo central rebajó pulsaciones con “traitor”, “happier” y un pequeño momento medio unplugged junto a su guitarrista, sentadas al borde del escenario. Ahí apareció otra de las virtudes de Rodrigo: bajo toda la maquinaria pop todavía queda alguien que parece disfrutar genuinamente tocando canciones tristes con guitarras. Pero el concierto recuperó rápidamente su dimensión de explosión hormonal cuando presentó “deja vu” como una canción “muy divertida” y pidió al público que gritara con ella. Lo hicieron. El Grec entero parecía a punto de desintegrarse en decibelios adolescentes. Y luego llegó “good 4 u”, todavía una de las canciones más eficaces que ha producido el pop mainstream reciente: pop punk de precisión quirúrgica construido para transformar rabia posruptura en liberación colectiva. Durante una hora escasa, en fin, Barcelona se convirtió otra vez en un lugar donde la histeria pop juvenil podía sentirse espontánea, exagerada y completamente verdadera. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.