Geese: Cameron Winter, el nuevo mesías del rock. Foto: Marina Tomàs
Geese: Cameron Winter, el nuevo mesías del rock. Foto: Marina Tomàs

Festival

Primavera Sound (4 de junio /1): el año del ganso

Los conciertos de Cameron Winter y Geese –también brillaron en su turno Lucrecia Dalt y Renaldo & Clara– fueron los principales protagonistas durante la primera mitad de la jornada de apertura en el Parc del Fòrum, antes de que la feroz lluvia y las fuertes rachas de viento obligaran a cancelar por motivos de seguridad algunos de los conciertos más esperados de la velada (Massive Attack, Doja Cat, Bad Gyal, Mac DeMarco, Alex G…). La organización ha informado que a partir del lunes se comunicará el sistema para la devolución de la entrada de la jornada.

Aiko el grupo

Aiko el grupo pareció evolucionar del punk-pop hacia una potencia arrolladora este jueves en el Estrella Damm. Muy temprano, las de Madrid partieron algo frías hasta que explotaron en el tercer tema, “Wormz”. Pero el público no se entusiasmó hasta “Soy una fracasada estúpida”, canción que desplazó su indie pop riot girrrl hacia un punk de tono más duro. El post-punk de canciones recientes como “modo sigilo” y “el aWard es para:” sonó incluso más pesado y dinámico que en estudio. También interpretaron una canción nueva que saldrá el 19 de junio, en la que condensaron algo de su indie pop, sus impecables armonías vocales y cierto aroma a pop clásico –¿The Beatles? ¿The Beach Boys?– en un tema post-hardcore: “Oda a la muerte de nuestro amor”. Cerraron su concierto llenas de energía con “Niños furbito y niñas lo que sea”. Daniel P. García

Aiko el grupo: dame indie punk pop. Foto: Óscar Giralt
Aiko el grupo: dame indie punk pop. Foto: Óscar Giralt

Cameron Winter

Lo avisó el director de Primavera Sound, Gabi Ruiz, en los días previos: lo de Cameron Winter en el Auditori Rockdelux lo íbamos a recordar en el histórico del festival. Y siendo justos, para desgracia de los que se quedaron a las puertas, que no fueron pocos, acertó. La expectación desmedida –el festival abrió a las cuatro de la tarde y a las cuatro y media el personal ya impedía la entrada de nuevos inquilinos en el Auditori– obedece a ese ímpetu indomable del “yo estuve ahí la primera vez que actuó en casa”... y encima en un formato de lo más excepcional. El señalado como nuevo mesías del rock estadounidense se presentó ante los tres mil asistentes con la única compañía de un piano de cola. Mismo formato con el que causó furor en el Carnegie Hall de Nueva York y que Paul Thomas Anderson y Benny Safdie captaron con sus cámaras. De espaldas al público, con solo haz de luz tenue y con una pizca de la irreverencia que se le presupone a su edad –recordemos que solo tiene 23 años–, Winter despedazó la idea de que lo suyo es un hype pasajero. Hay algo en su presencia, en su ejecución escénica y en su característica y afectada voz que desprende aura de clásico instantáneo. Probablemente ayude la seguridad validada por una legión de admiradores que, en la tarde de ayer, se mostraron respetuosos e inamovibles en sus butacas. Absortos por el set y por un cancionero en solitario –el de “Heavy Metal” (2024)– si no superior sí al nivel del que desplegaría poco después con Geese. Ahí quedó por ejemplo la incontestable “Love Takes Miles”, que abrió una rendija hacia los pastos transitados por la gran tradición cantautora de su huso horario: Bob Dylan, Dr. John, Randy Newman e incluso algún destello de Nina Simone. Más allá de un repertorio de instantánea asunción clásica, su virtuosismo se trasladó sobre la ejecución. Control dramático de los silencios, la incorporación de toses e incorrecciones para romper la solemnidad reinante, la expresividad que logró extraer de los arpegios con su instrumento, su teatralidad justa y ajustada, y por supuesto esa voz que responde con la misma eficiencia entre los registros más profundos como los más sensibles, como en “$0”. Cada uno de los presentes decidirá en qué parte de su memorabilia inscribe la velada de ayer. Lo que parece claro es que Cameron Winter no es un invitado pasajero. Ha venido para un trecho largo, como terminó de confirmar poco después en modalidad de banda bajo esa impetuosa lluvia que resaltaba su silueta –esta vez sí, de cara– como nuevo icono del rock. Marc Muñoz

Cameron Winter en el Auditori Rockdelux: aroma de clásico. Foto: Marina Tomàs
Cameron Winter en el Auditori Rockdelux: aroma de clásico. Foto: Marina Tomàs

Geese

Geese desató la tormenta en el escenario Occident del Primavera Sound, tras su abrumador y demoledor pase el día anterior en Para.lel 62 dentro de Primavera a la Ciutat. Y no solo por la lluvia y el viento que minutos después obligaron a cancelar varios de los principales conciertos de la noche, sino por su propio vendaval sonoro: caótico, convulso, furibundo, emotivo, casi impredecible… Totalmente Geese. La energía, como la lluvia, fueron in crescendo, desde el murmullo nasal de “Husband” a la primera explosión de “21:22”, con guiño a “Interstellar Overdrive” de Pink Floyd. Está claro que conocen los tropos y estructuras del rock tradicional, pero les gusta romperlos con desparpajo y espíritu de jam. Pueden sonar a Led Zeppelin, Radiohead, The Strokes, Television, Yeah Yeah Yeahs…, pero todo se retuerce imposibilitando el revival, como en un gesto de ansiedad fragmentada dado tanto al grito paranoico como al quiebre emotivo. Sacando partido a la maleable voz de barítono de Cameron Winter, quien pasa del falsete certero al desgarre destartalado, del spoken word ronco al reclamo feroz, disfrutaron de los cambios y contrastes, de la introspección confesional de “Au pays du cocaine” a la intensidad rítmica arrolladora de “Bow Down”; del blues virtuoso a la retroalimentación disonante. Mientras la lluvia arreciaba, el bajista Dominic DiGesu, el baterista Max Bassin y la guitarrista Emily Green ganaron contundencia, alternando vuelos hasta el cierre y subidón con “Taxes” y “Trinidad”, desgraciadamente recortada. En algunos momentos quizá prevaleció el caos, pero, con el manto de agua como telón de fondo, no importó: ellos, empapados, no pudieron lucir más estrellas de rock. Susana Funes

Geese y su aquelarre eléctrico. Foto: Marina Tomàs
Geese y su aquelarre eléctrico. Foto: Marina Tomàs

Lucrecia Dalt

A salvo de las inclemencias del terrible clima de la noche, Lucrecia Dalt facturó muy probablemente la mejor actuación de la primera jornada del festival en el Auditori Rockdelux. Ataviada con un elegante traje negro y respaldada por tres músicos sobresalientes, la colombiana dejó muy claro que en lo suyo no hay trampa ni cartón y que es una artista de dimensión estratosférica. Esquivando por completo su disco más reconocido, “¡Ay!” (2022), esta hechicera del futurismo latino se concentró en la interpretación de “A Danger To Ourselves” (2025), su último trabajo, admirablemente producido por David Sylvian, que recorrió casi al completo. El apasionante trayecto se inició con “no death no danger”, en la que pareció mutar en unos Talking Heads infiltrados de electrónica chispeante. Y si en “mala sangre” apareció convertida en una Laurie Anderson con tumbao y querencia jazzy, la acentuada síncopa de “cosa rara” se vio envuelta en sonidos selváticos y burbujeantes. “Edge”, de su álbum “Anticlines” (2018), fue el único tema antiguo al que recurrió, alternando cadencia dub y guitarrazos cortantes. Y su regocijante paseo sonoro continuó con el precioso bolero cósmico “hasta el final”, el remate aflamencado de “caes”, el brumoso art pop de “divina” y las intrincadas percusiones de “agüita con sal”, canción situada entre la lisergia latina y el electrovudú. Y tras esa deliciosa miniatura que es “amorcito caradura”, el viaje llegó a su irremediable final (ooooohhhh!!) con el intrigante blues raruno de “the common reader” y con la poesía surreal de “acéphale”, que derivó en un ruidoso y gozoso exabrupto. Perfecto colofón para una actuación para el recuerdo. Luis Lles

Lucrecia Dalt: mucho arte. Foto: Óscar García
Lucrecia Dalt: mucho arte. Foto: Óscar García

Men I Trust

Sólidos en escena, etéreos en su música, Men I Tust se entregaron al público en el escenario Cupra elegantes, consistentes, delicados y preocupados por su sonoridad. Abrieron con “To Ease You”, que envolvió al público en una atmósfera primordialmente dream pop donde sobre todo brilló la voz y la sonrisa de Emmanuelle Proulx. De ahí en adelante, predominaron las canciones de su último disco, “Equus Caballus” (2025). La intimidad hipnótica lograda con “Husk” o “In My Ears” se estilizó luego con el indie funk de “Ring Of Past”. A mitad del concierto, nos sorprendieron con un medley que se paseó por el R&B, el neosoul y el funk con canciones como “Oncle Jazz”, “Numb”, “Oh, Dove” o “Lauren”. Finalmente, el público terminó bailando versiones más aceleradas de “Seven”, “Show Me How” y también con “Billie Toppy”. Daniel P. García

PAUS

La agrupación lisboeta de rock experimental PAUS cumplió su promesa en el escenario Port: un último adiós, tras 18 años de trayectoria, con una procesión fúnebre envolvente, vibrante y curiosamente festiva. El trance percusivo de su característica “batería siamesa” dominó el escenario, articulándose con potentes líneas de bajo y texturas progresivas, creando atmósferas densas que fueron expandiéndose cargadas de psicodelia, eventuales vuelos celtas, aires de conjuro, dejes krautrock, math rock, metal progresivo… Con su álbum de despedida, “ENTERRO” (2026), como hilo conductor, se pasearon entre pasajes melódicos, con pocas pero certeras armonías vocales, y explosiones de rock instrumental más pesado y oscuro, como en la magnífica “Dia feliz” –furibunda y conmovedora– o “Dá a bola aos putos”, celebrando la muerte simbólica de la banda y su legado: “Nos vemos en la próxima vida”. Susana Funes

El adiós de PAUS. Foto: Rosario López
El adiós de PAUS. Foto: Rosario López

RALY

El músico de Igualada tuvo que lidiar con esas situaciones indeseables que generan los macroeventos: desplegar su música desde un enorme escenario como el Occidente a un reducido público que apenas empieza a acomodarse por la explanada del Fòrum. Sin embargo, salió airoso del lance. El catalán, adherido a sus bases pregrabadas, fue soltando ese sonido urbano armado por lo vivencial. A veces acercándose al rap de Agorazein, como en “Písale”. Otras más orientado hacia el trap estadounidense de Young Thug o Future, en la contundente “Alo”. Debajo de su fachada seria y hierática, también asoma un tipo que puede acoger un lado más sensible. Lo demostró en algún tema, pero especialmente con sus agradecimientos finales hacia los que acudimos a su encuentro. No fue una maratón, sino una carrera veloz en la que terminó situado en prometedoras posiciones. Marc Muñoz

RALY, creciéndose en la intimidad. Foto: Marina Tomàs
RALY, creciéndose en la intimidad. Foto: Marina Tomàs

Ravyn Lenae

El neosoul de Chicago llegó entre la lluvia al escenario Estrella Damm de la mano de Ravyn Lenae. Abrió con “Genius”, con un elegante vestido negro y plateado que realzaba su cabellera rojiza, y desplegó todo su magnetismo en una estructura metálica que remitía a los puentes y esqueletos de acero tan característicos de Chicago. Representante de la fértil escena neosoul de aquella ciudad y miembro del colectivo Zero Fatigue junto a Smino y Monte Booker, Lenae demostró la madurez artística que ya había mostrado en “HYPNOS” (2022). Sus canciones exploran los claroscuros de las relaciones: la atracción, la duda y la vulnerabilidad convertidas en delicadas piezas de neosoul. Su público, queer y entregado, tarareó cada canción. El momento de mayor euforia llegó con “Love Me Not”, recibida como un auténtico himno. También interpretó “Handle”, adelanto de “Blue Island”, su tercer álbum, que verá la luz el 7 de agosto. Bajo la lluvia, Lenae proyectó un extraño equilibrio entre fragilidad e intensidad y una presencia escénica hipnótica. Laia Marsal

El neosoul con enjundia de Ravyn Leane. Foto: Óscar Giralt
El neosoul con enjundia de Ravyn Leane. Foto: Óscar Giralt

Renaldo & Clara

En medio de una tarde que ya amenazaba con ser muy desapacible, el concierto de Renaldo & Clara en el Schwarzkop supo a gloria bendita. Y sin apreturas. Con una Clara Viñals que es la viva estampa de la serenidad –en formato cuarteto: batería, bajo, teclados y programaciones–, los catalanes nos regalaron un set elegante y límpido como el cielo azul que no teníamos, demostrando que son (entre otras cosas) una de las pocas bandas que podría homenajear a Prefab Sprout sin invitar al sonrojo. Los materiales que moldean son siempre nobles: sophisti pop, tradición indie pop, algo de eurodisco… Y trabaron una dinámica en crescendo para cerrar con la irresistible “S’està millor al carrer”, reivindicando una fórmula que (creo) siempre ha merecido mayor eco mediático y popular. Carlos Pérez de Ziriza

Clara Viñals: las delicias de Renaldo & Clara. Foto: Rosario López
Clara Viñals: las delicias de Renaldo & Clara. Foto: Rosario López

The New Eves

El cielo está encapotado y nadie lo desencapotará, y ya es puta mala suerte que caiga el diluvio universal el primer día del Primavera Sound después de dos semanas viviendo en las calderas de Pedro Botero. Me voy a ver a las británicas The New Eves. Fascinantes ellas, parecían salidas de un culto pagano. Miembros de uno de esos colectivos que celebran el solsticio de verano bailando alrededor de los megalitos de Stonehenge. Y seguramente lo hagan. Sobre el escenario Port, el ritual de The New Eves consistió en elevarnos a un estado de tránsito con las canciones de su álbum de debut, “The New Eve Is Rising” (2025). Punk pastoral y folk indómito. Guitarras distorsionadas, bajos reiterativos, baterías de una simplicidad casi naíf al estilo Moe Tucker trasteando con flautas, violines y violonchelos. Entre The Velvet Underground con Nico y The Fall con parada en el krautrock. Deslavazadas, destartaladas, pero con un extraño magnetismo de aquelarre. “Vamos a tocar una nueva, a ver cómo nos sale”, dicen. Pues les salió bien, sonando todo lo pop que las nuevas evas, que se han comido todas las manzanas que les ha dado la gana y han escupido a la serpiente, pueden sonar. Pero para entonces ya todo el mundo marchó en desbandada hacia Geese. Sus dioses paganos nos castigaron y entonces, justo entonces, empezó a llover. Oriol Rodríguez

The New Eves: la arruga es bella. Foto: Rosario López
The New Eves: la arruga es bella. Foto: Rosario López
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