“American Graffiti” retrata una época y el paso de la adolescencia a la vida adulta. “Catalan Graffiti” parece jugar con esa misma idea. ¿Qué papel tienen el cine y la cultura pop en vuestra música?
Marc: Es muy importante que preguntes por el cine, porque no suele aparecer en las entrevistas y para nosotros es fundamental. A Jes lo conocimos cuando éramos muy jóvenes. Axel y yo teníamos la banda, yo era un adolescente normal, iba al Institut Joan Boscà y teníamos nuestra culturilla, nos gustaba el cine pero de una forma bastante intuitiva. Axel aún no había pegado el estirón cuando llegó Jes. Él venía de otro mundo. Formaba parte de una tribu urbana, los mods, y se movía por locales como Barbara Ann, La Concha, el Màgic... Nosotros también salíamos por los mismos locales, pero no pertenecíamos a ninguna tribu. Él sí, y eso marcó una diferencia importante. Jes venía de un barrio obrero de Barcelona, de Sant Andreu concretamente, mientras que Axel y yo veníamos de barrios más acomodados. Tenía un bagaje cultural muy potente, sobre todo cinematográfico, y lo compartió con nosotros desde el primer momento. El cine formaba parte esencial de su manera de entender la vida. Recuerdo cuando nos habló de la película “American Graffiti”. Yo no tenía ni idea de que George Lucas hubiera hecho una película así. De repente entiendes la tipografía, la estética, el espíritu… Todo encaja. El cine es cultura pop, igual que la música o la pintura. Y es clave a la hora de decidir una portada, un concepto y la atmósfera. “Catalan Graffiti” nace directamente de ahí, de “American Graffiti” y de todo lo que representa: el paso de la adolescencia a la madurez, la memoria, la libertad.
El disco parece también un retrato generacional. ¿Crees que la música puede servir como puente entre generaciones?
Marc: Sí. “American Graffiti” lo hace y este disco también. Es el retrato de una generación, pero al mismo tiempo conecta con otras edades. Habla de cuando éramos niños, adolescentes, del momento en que dejas atrás una etapa y entras en otra.
¿Qué significa la libertad para vosotros?
Axel: Para nosotros, como artistas, la libertad es esencial. Es la base de todas las decisiones que tomamos disco a disco. Libertad es hacer lo que sientes sin pensar demasiado en las consecuencias. Si nos hubiéramos dejado llevar por lo que se esperaba de nosotros, probablemente seguiríamos cantando en inglés, que era lo que el público pedía en su momento. Con “El incendio” (Columbia-Sony, 2009), que fue el disco de mayor éxito comercial, lo fácil habría sido repetir la fórmula. Pero no lo hicimos. Siempre hemos elegido otro camino: hacer lo que sentimos, sin presiones. Y gracias a esa libertad creativa decidimos hacer el disco en catalán.
Jes: Mi libertad empieza el día que conocí a Marc y Axel. Antes no tenía una vida libre: tenía que buscar trabajo, seguir el camino marcado… Con ellos empezó mi libertad creativa, musical, sexual, filosófica y vital… Con “El incendio” pasó algo parecido. Ese disco marcó un antes y un después. Y con “Catalan Graffiti” ocurre lo mismo: es una consecuencia natural de esa libertad.
¿Sentisteis presión al hacerlo en catalán?
Marc: No hay muchos ejemplos de grupos que hayan hecho este recorrido: pasar del inglés al castellano y al catalán después de tantos años. Pero eso demuestra las ganas de seguir descubriendo, de arriesgar. Hay grupos que llevan veinte años haciendo el mismo disco. Nosotros no queríamos eso.
¿Habéis tenido miedo con este trabajo?
Marc: El miedo ha llegado después, no durante el proceso. Mientras lo hacíamos la ilusión era tan grande que no había espacio para el miedo. David Bowie decía: “Estás en el lugar donde está realmente tu potencial. Ve un poco más allá de lo que crees capaz, un poco donde tus pies ya no tocan el fondo, ahí es donde puedes crear algo emocionante”.
¿Qué le diríais al público que todavía piensa que Sidonie debería volver a cantar en inglés?
Axel: Les diríamos que lo escuchen sin prejuicios. Que no se queden solo en el idioma. Porque si alguien es fan de Sidonie, en “Catalan Graffiti” va a encontrar algunas de las mejores melodías que hemos hecho en muchos años.
En este álbum vuelve a aparecer el guitarrista Jordi Bastida. Siempre decís que es como el cuarto miembro del grupo. ¿Qué tiene de especial?
Marc: Es fundamental para nosotros. Tiene una sensibilidad muy especial. No es solo su manera de tocar, sino cómo entiende las canciones. Nunca busca lucirse ni colocarse por encima del grupo; al contrario, su virtud es saber sumar, aportar y elevar el conjunto. Desde el primer momento hubo una conexión muy clara. La primera noche que coincidimos nos pasamos horas hablando de música, especialmente de los sesenta, de The Velvet Underground, de ese tipo de canciones que no necesitan artificio para decirlo todo. Fue una conversación muy reveladora, Hay músicos que quieren destacar por encima de todo. Jordi hace justo lo contrario: escucha, entiende lo que la canción necesita y se pone a su servicio. Por eso siempre decimos que es el cuarto Sidonie.
Siguiendo con la referencia a The Velvet Underground, ¿ese plátano icónico pintado por Andy Warhol no os recuerda a vuestra berenjena, que en la portada del disco también se va pelando y pasa del amarillo al rosa?
Marc: Es verdad, el famoso plátano. Podríamos haber hecho que la berenjena se pelara también. Hay un doble homenaje muy claro. Por un lado está el plátano de Andy Warhol y The Velvet Underground, todo ese imaginario pop tan icónico. Y por otro, el humor de La Trinca, que siempre jugó mucho con ese tipo de imágenes, con la ironía, con el doble sentido. De hecho, hay un guiño muy directo al disco “Trempera matinera” de La Trinca. Sidonie siempre ha sido mezclar referencias, jugar con los códigos, combinar elegancia y sentido del humor, cultura pop y gamberrismo.
Si las canciones fueran ingredientes, ¿cuáles serían los gustos que definen este trabajo?
Marc: Cuando empezamos a trabajar, le dijimos al productor Sergi Pérez García: “Queremos que el disco tenga sabor a batido de fresa y hamburguesa”. Algo que, en principio, parece imposible de mezclar, pero que juntos funciona. Por un lado está esa parte más dulce, más melódica, que tiene que ver con el idioma, con el tono, con las canciones más luminosas. Pero al mismo tiempo queríamos que hubiera acidez. Y ese punto ácido viene directamente de nuestra tradición psicodélica. Eso no lo vamos a perder nunca, forma parte de nuestra identidad. Y luego está el picante, que es la energía, el nervio, el ritmo, lo que hace que el disco avance. Al final queríamos que “Catalan Graffiti” fuera un álbum que se pudiera saborear, no solo escuchar. Que tuviera capas, contrastes, texturas. Como una buena receta que te deja diferentes sensaciones según el momento.
¿Ha cambiado vuestra forma de componer con los años? ¿Cantar en catalán os ha planteado más retos a la hora de componer?
Jes: Muchísimo. Antes hacíamos canciones muy complejas, con muchos acordes, muchas ideas. Ahora buscamos la sencillez. Si una canción no funciona, la tiramos. No pasa nada. Preferimos una idea clara y honesta que una canción complicada sin alma.
Marc: Lo estamos viviendo ahora mismo, pero a nivel creativo ha sido muy positivo. Cuando las canciones ya estaban escritas y empezamos a cantarlas, nos dimos cuenta de que la voz sonaba natural, cómoda. El catalán funcionaba muy bien. Al final todo vuelve a lo mismo: libertad, honestidad y ganas de hacer las cosas sin miedo al qué dirán.
La literatura parece tener un papel muy claro en vuestras letras. Habéis citado a Sylvia Plath, pero también aparece Terenci Moix, por ejemplo. ¿Cómo influyen estos referentes en vuestra manera de escribir canciones?
Marc: La literatura siempre ha estado muy presente, aunque a veces no se note de forma directa. Cuando hablamos del catalán, por ejemplo, yo siempre recuerdo a Maria Mercè Marçal, que fue profesora mía en el instituto. En aquel momento no éramos conscientes de lo que teníamos delante, ni de la importancia de su poesía, pero con el tiempo te das cuenta de que todo eso se queda dentro. La poesía catalana es impresionante: Joan Vinyoli, Salvador Espriu, J.V. Foix… Yo de pequeño recuerdo que me decían que el poeta J.V. Foix era el hijo del de la pastelería Foix de Sarrià que había frente a la óptica de mi padre. El famoso poeta, figura clave de la vanguardia catalana, muy vinculada al surrealismo y al imaginario poético del siglo XX, con una conexión muy fuerte con Cadaqués y todo ese universo creativo que hemos usado como referente también en discos anteriores.
Muy pronto, el 5 y 6 de febrero, haréis doblete en Madrid, y el 26 y 27 de febrero volveréis a subir al escenario de Apolo. ¿Qué se siente al regresar a esta sala de Barcelona?
Axel: El Apolo es un lugar precioso, pero también es donde vivimos una de las noches más duras de nuestra carrera. Una noche que podría haber sido el final del grupo y que, sin embargo, acabó siendo justo lo contrario. Tocamos allí siendo teloneros de Macaco. La escena de la fusión estaba en pleno auge en Barcelona y Macaco era un grupo enorme. La sala estaba llena, pero no era nuestro público. Nosotros veníamos de una etapa muy bonita en la que la psicodelia tenía su espacio en la ciudad, y de repente nos encontramos con que el contexto había cambiado. Salimos a tocar y el público quería que acabáramos cuanto antes para que saliera Macaco. Hubo silbidos, gritos, nos lanzaron botellas. Fue una situación muy dura. Recuerdo que pensábamos “igual aquí se acaba todo”. Al día siguiente tuvimos una conversación muy seria. Nos planteamos incluso dejarlo. Pero esa charla fue clave porque pasó justo lo contrario: entendimos que si queríamos seguir haciendo lo que hacíamos, teníamos que asumir que habría críticas, noches malas y gente que no lo entendería. Decidimos creer en nosotros. Volver a tocar allí después de todo lo vivido es muy emocionante. Lo sentimos como una especie de cierre de círculo. Un lugar que nos vio caer y que ahora nos vuelve a recibir en un momento muy bonito de nuestra carrera.
Si pudierais hablar con vuestro yo de 10 o 15 años, ¿qué le diríais?
Marc: Que no tenga prisa, que disfrute, que no tenga miedo y que confíe. Porque la vida, aunque a veces cueste, acaba sorprendiéndote. Que la vida no va de tener respuestas, sino de dejarse sorprender.
Axel: Quizá le diríamos que no tenga miedo de ser quien es, que no pasa nada por no encajar del todo y que algún día entenderá que la música, las canciones y las personas que conocerá le darán mucho más de lo que ahora puede imaginar. Y que, al final, lo importante no será el idioma en que cante ni el lugar al que llegue, sino la verdad con que cuente las cosas. Tranquilo. Todo va a ir bien. Incluso mejor de lo que imaginas.
Jes: Que con el tiempo la vida nos ha sorprendido mucho más de lo que imaginábamos. Que nos ha llevado por caminos inesperados, que nos ha regalado encuentros decisivos y que, sin saber muy bien cómo, un día acabaríamos haciendo un disco llamado “Catalan Graffiti”.
Marc: Que cuando vives con curiosidad y honestidad la vida acaba siendo mucho más generosa de lo que parece. Y que seguir sorprendiéndote, incluso después de tantos años, es la mejor señal de que todo sigue teniendo sentido. ∎