ace unos días recibí un WhatsApp de mi querido Javier Corcobado diciendo que le iba a decir a su editorial que me enviaran su último libro, “La música prohibida” (2023), sus memorias de baladas, boleros y rock’n’roll. El caso es que pasan los días y aquí no he recibido nada. Menos mal que sé más de la vida (a tiempo real) de Corcobado que él mismo. Total, que el otro día hablando con el thereminista Javier Díez Ena, tras un microshow en el Café La Palma de Madrid, donde nos trataron fatal, me asaltó a la memoria un episodio vivido en una de esas noches eternas de finales del siglo pasado.
Los protagonistas son un trío de ínclitos del underground: mi primer y único marido, Javier Colis (Vamos a Morir, Demonios Tus Ojos, Mil Dolores Pequeños), Guillermo Piccolini (Toreros Muertos, Pachuco Cadáver) y el propio Corcobado. Corría 1900 y pico –a finales, calculo– y habían quedado en el local de ensayo para trabajar y para jugar a la Velvet.
Jugar a la Velvet consistía en hacer música con poesía, drogas y nocturnidad. Esta expresión la inventamos una de esas noches Andy Chango y yo.
El caso es que estuvieron tocando hasta las tantísimas y hasta que decidieron ir a mi casa (y la de Colis), donde yo ya dormía, pero, claro, tenía la curiosidad despierta y muchas ganas de saber lo que habían estado haciendo. Sabía que pensaban grabar la sesión y me moría por escucharlo.
Estábamos en el salón hablando y comentando y Corcobado se ausentó, no más de diez minutos, y de repente apareció con su cara de cabroncete y un plato de porcelana indestructible (que tenía el escudo de la Guardia Civil y que aún conservo) con las cintas de la grabación fritas encima. El tío había ido a la cocina y había hecho una fritura en una sartén con lo que habían estado grabando toda la tarde. Toda la sesión churruscada con aceite de oliva.
Nos quedamos atónitos de entrada y luego ya nos dio mucha risa, así que pusimos un poco de sal y pimienta y nos las zampamos con unas cervecitas tan ricamente. De segundo, Corcobado sugirió un bocadillo de folio.
PD: ¡¡Me acaba de llegar el libro!! ∎