ay varias marcas de guitarras que venden unidades falsamente envejecidas, como pasa con los pantalones vaqueros, por ejemplo. Tienes que pagar el precio de la guitarra nueva más un extra por el trabajo que cuesta desgastarla en la fábrica. Las arrastran, las golpean, las lijan, mil perrerías les harán. Puedes elegir el grado de desgaste. A mí me gustan más nuevas, pero es tranquilizante saber que si a una guitarra desgastada le das un golpe después de comprarla tampoco se va a notar mucho.
Mi capacidad de destrucción no está lejos de la de los maestros americanos. Solía sufrir horrores cuando hacía las primeras muescas a las guitarras que compré nuevas en el pasado, lo mismo que cuando arañas el coche recién estrenado; se hacen una idea, suele ocurrir a los pocos días de sacarlos del concesionario, no falla. Con las guitarras no hacemos ningún seguro de responsabilidad civil ni nada parecido, aunque se hagan locuras en los escenarios como se hacen en las carreteras. Cuando el baterista tira el pie del plato y el crash cae sobre tu guitarra como hacha de aizkolari te pide perdón y ya, como cuando el bajista tropieza con tu cable y te tira de plano la Stratocaster contra las tablas. Las sinceras disculpas de los compañeros son mucho más reconfortantes que la ausencia total de noticias del idiota que te deja marcado el coche con la puerta del suyo, ese que paga una cuota para enriquecer a la aseguradora sin más preocupaciones que las propias de su estupidez.
A veces los lutieres desgastan las guitarras para que se parezcan a la de tal o cual guitarrista famoso: estas son las más caras. La mayoría de las estrellas de las seis cuerdas tocan con una misma guitarra toda su vida, ensayan tanto que las consideran prolongaciones de su cuerpo –apostaría por una de las prolongaciones en concreto–. Sin embargo con su propia apariencia, con su persona misma, son muchos los que recurren a los retoques del bótox y demás carnicerías. Nadie compraría el coche desgastado de, yo qué sé, Mark Knopfler, porque seguramente tenga uno nuevo, acaso tenga una novia joven, puede que hasta los dos en esa hipotética pareja tengan la cara operada por hábiles sacamantecas. Que me perdone Mark, no tengo ni idea de su vida privada, solo sabemos ya sobre Rosalía, esto lo sabe hasta él. Quiero decir que ojalá viéramos el valor que tiene llegar al momento en el que estamos, en el escenario, en la carretera, en el espejo, aceptando las marcas que nos va dejando la vida, sin compararnos con nadie, ni siquiera con nuestros pasados. En cuanto a los vaqueros rotos no, gracias. Cuando quiero que me entre fresquito me los quito y en paz. ∎