Hay músicos incapacitados para hacer malas canciones y que, a pesar de su inquebrantable talento, nunca salen del ángulo muerto, que diría José Ignacio Lapido. En esta categoría se sitúa Greg Mendez, prácticamente un desconocido para el radar general hasta hace tres años, cuando su álbum homónimo –aupado por piezas como “Maria”– se ganó la bendición de la crítica indie en Estados Unidos. Sin embargo, detrás había más de tres lustros de actividad desde el más puro hazlo tú mismo entre Filadelfia y Nueva York, con trabajos autoeditados tan brillantes como “¯ \ _ ( ツ ) _ / ¯” (2017).
Greg Mendez surgió de aquella generación MySpace. Y nunca dejó de componer, a pesar de vivir momentos duros por el camino, como la adicción o curros ingratos en el andamio. Ahora, en cambio, el viento sopla a su favor. El sello Dead Oceans lanzará el 29 de mayo su nuevo disco, “Beauty Land”, del que se han avanzado en las últimas semanas maravillas como “I Wanna Feel Pretty” o “Gentle Love / Frog”. Serán catorce títulos. Y solo seis de ellos superarán los dos minutos de duración, lo que dice mucho de su capacidad para condensar su brutal honestidad mediante la regla del menos es más.
Desde el pasado martes se puede escuchar otro adelanto, “No Evil”, que subraya su maestría en el campo del lo-fi introspectivo, de letras crudas y melodías agridulces. La senda que antes cruzaron cantautores referenciales como Elliott Smith o Damien Jurado, y que siguieron coetáneos como su vecino Alex G. “No Evil” viene acompañada de un vídeo surrealista e inquietante, dirigido por su colaborador habitual Douglas Dulgarian (They Are Gutting A Body Of Water), entre maniquíes de RCP y señales de estacionamiento de Filadelfia.
“Muchas veces me siento atrapado en mi propia cabeza, o tal vez dentro de todas estas pantallas. Ya no sé si puedo distinguir la diferencia”, explica Mendez. “Esta canción no trata de eso, al menos no en el sentido literal. No intenta explicar ni mostrar eso en particular; es más bien una coincidencia. Como un paisaje que puede mostrar el cielo sin tratar sobre él. Simplemente está ahí”, detalla. Moderación y simplicidad. Verdades simples y cortantes. El equilibrio entre el cinismo y la fe. Preciosismo urgente. Personajes abollados en un mundo caricaturesco. Como las mejores fragancias: en frascos pequeños. ∎