Gerry Conway nació en 1952 en Brooklyn, Nueva York, en el seno de una familia humilde de inmigrantes irlandeses. Desde su niñez, albergó el sueño de convertirse en guionista de cómics. Lo que no podía saber es que se cumpliría tan solo ocho años más tarde: con solo 16 años, Conway escribió sus primeras historias breves para cabeceras de DC Comics como ‘House Of Secrets’ o ‘The Phantom Stranger’.
Fue de la mano de Roy Thomas como el joven Conway empezó a colaborar con Marvel en un momento lleno de oportunidades para nuevos escritores. En sus primeros años, Conway escribió los guiones de “Daredevil” (1971-1973), “Thor” (1971-1975) o “Los 4 Fantásticos” (1971-1974). Pero brilló, sobre todo, en su excelente etapa al frente de la cabecera Marvel más vendida a esas alturas, “The Amazing Spider-Man” (1972-1975), que empezó a escribir con solo 19 años, con aportaciones de los dibujantes Gil Kane (1926-2000) y John Romita (1930-2023) y, más tarde, con Ross Andru (1927-1993) como penciller fijo. En dicha serie, Conway desarrolló un serial dramático dirigido a jóvenes adultos universitarios como él, con una mayor profundidad psicológica de sus personajes, en historias que sublimaban cuestiones universales a través del código del género fantástico de los superhéroes. La traición entre amigos, el duelo por la pérdida del amor adolescente, la entrada en la vida adulta o las dudas sobre la propia identidad.
En las páginas de “The Amazing Spider-Man” Conway ideó al Castigador, el primer antihéroe de Marvel, y escribió arcos tan importantes como “La saga del clon” (1975), con el que cerró su etapa. Aunque su historia más recordada fue “La noche en la que Gwen Stacy murió” (1973), en la que el archienemigo de Spider-Man, el Duende Verde, acababa con la vida de su novia. En tan solo 22 páginas de ritmo perfecto e intensidad creciente, Conway, Kane y Romita concibieron un clásico, uno de los tebeos más importantes de la editorial, que marcó a toda una generación de lectores, para la que la imagen de Gwen Stacy cayendo desde el puente de George Washington quedó grabada en su memoria para siempre. En particular, por un detalle, una onomatopeya, que introducía la posibilidad de que fuera la brusquedad del propio Spider-Man al intentar salvarla la que acabara con su vida. Conway volvería al personaje años después, escribiendo el guion para “The Spectacular Spider-Man” (1988-1991) y “Web Of Spider-Man” (1988-1990), en una notoria etapa en la que recuperaría el ambiente urbano con historias de guerras de bandas y cierto tono social.
A partir de mediados de los ochenta, Conway dejó su labor como guionista de cómics en un segundo plano y se centró en la escritura para el audiovisual. Junto con Thomas, firmó el guion de dos clásicos de la espada y brujería ochentera: “Hielo y Fuego” (Ralph Bakshi, 1983) y “Conan el Destructor” (Richard Fleischer, 1984); en este último caso, contaron con el guion técnico de Stanley Mann. Pero fue en televisión donde desarrolló la mayor parte de su carrera posterior, con innumerables capítulos de series procedimentales como “Diagnóstico: Asesinato” (Joyce Burditt, 1993-2001), “Los misterios del padre Dowling” (Ralph NcInerny, 1987-1991), “Matlock” (Jennie Snyder Urman, 1986-1995) o “Ley y orden” (Dick Wold, 1990-), entre otras.
Gerry Conway ha sido un escritor todoterreno y talentoso, cuyo decisivo aporte marcó el devenir del género de los superhéroes, marcando la senda de su madurez, que luego seguirían autores como Chris Claremont o Frank Miller, este último uno de los que mejor le entendió. Como tantos otros guionistas, tuvo que alejarse de los comic books para poder ganarse la vida con mayores garantías económicas, pero su huella se rastrea hasta la actualidad. Con él, desaparece uno de los últimos vestigios de la etapa dorada de Marvel y DC. ∎